LA RECONSTRUCCIÓN DEL ESTADO: Una Agenda Tentativa

 

Alvaro Ruiz Moreno

 

 

En las décadas recientes el concepto de Reforma del Estado fue sinónimo casi excluyente de ajuste estructural. Bajo esa concepción y debido a la profunda crisis económica de los años 80, se privilegió la adopción de medidas tendientes a la reducción del aparato estatal, la delegación de facultades y la descentralización con el fin de restablecer el equilibrio fiscal. El proceso fue complementado con otro tipo de medidas como las privatizaciones, la reforma administrativa, apertura comercial y desregulación. El modelo del estado mínimo y casi ausente tuvo cierto grado de universalidad en tanto constituyó una respuesta a la crisis del Estado de Bienestar.

 

Actualmente como consecuencia de la globalización económica y la revolución tecnológica surgen nuevos problemas y oportunidades que requieren un rol innovador del Estado para dar respuesta a esos desafíos. No se trata de la ruptura de un modelo sino de una evolución superadora que resulte funcional a las nuevas realidades y que reconcilie la economía y la sociedad.

 

El Estado Argentino se encuentra hoy en la bisagra de la transición de un modelo a otro. Diez años después de iniciado el proceso de ajuste, el equilibrio fiscal no se ha alcanzado. Tampoco está listo para dar respuesta a los retos que plantea el siglo XXI: competitividad internacional y crecimiento económico con equidad social. En definitiva, la etapa del ajuste estatal no ha concluido pero es necesario comenzar a transitar su transformación.

 

Grandes disparidades regionales, crisis de los estados provinciales, desigual distribución de la riqueza, resabios del clientelismo político, falta de competitividad, son algunos de los problemas estructurales que persisten en la Argentina al inicio del nuevo siglo. Para afrontarlos, más que desmantelar el Estado hay que reconstruirlo.

 

Los momentos de cambio y de transición resultan apropiados para el debate de ideas. Quizás sea la oportunidad de ensayar la definición de una agenda para la reconstrucción del Estado:

 

Consolidar la descentralización. Es un proceso incompleto ya que si bien se han realizado importantes avances en la delegación de facultades a las jurisdicciones subnacionales (provincia y municipios), hay un largo camino por recorrer en el establecimiento de mecanismos de cooperación entre éstos últimos y el Estado Nacional. Es necesario promover el fortalecimiento de las instituciones provinciales y municipales pero a su vez debe haber un incremento en el compromiso de los distintos niveles de gobierno en pos de un sistema federal responsable. El Estado es también Provincias y Municipios.

Promover la responsabilidad. La gestión pública en todos sus niveles debe dar preeminencia al vínculo que lo une con la sociedad, asumiendo los compromisos que le competen

Transparencia. Ajustar los mecanismos para que los ciudadanos tengan disponible la información sobre las acciones del Estado y hacer posible los debates públicos sobre los asuntos considerados prioritarios para la elaboración de las políticas públicas. Es necesario implementar mecanismos de rendición de cuentas y de control social. Se trata de quebrar el abismo existente entre la burocracia estatal y la sociedad.

Alentar la equidad social. El Estado debe ganar en efectividad en la promoción de la educación, la salud, y las disparidades sociales. Debe realizarse un profundo análisis de los recursos asignados, evaluar sus resultados e impacto, evitando las superposiciones y superando las barreras de la estructura estatal. Asimismo, es necesario la participación del tercer sector en la complementación de las acciones para el desarrollo social.

Mayor participación de una sociedad. En el nuevo Estado los ciudadanos deben asumir un papel mucho más activo sin que la participación se vea acotada al acto eleccionario. Esta participación promueve la legitimidad de las decisiones en un contexto complejo.

Mejorar las prestaciones. El Estado debe recuperar su función reguladora y normativa. Está pendiente la tarea de construir la capacidad de control y sanción de los agentes privados que prestan servicios. También una mayor participación de los usuarios en los organismos de control, tal como lo establece la Constitución Nacional, promoverá una mejor prestación de los servicios.

Facilitar la competitividad y el empleo. La economía globalizada impone un Estado y una sociedad en condiciones de participar por la competencia del capital y del empleo. Para ello es necesario que el Estado acompañe al sector productivo para asistirlo en la promoción de la investigación y desarrollo, la innovación tecnológica y el acceso al crédito del sector PyME. En la medida que el sector productivo se vuelva competitivo, se generarán las condiciones para incrementar el empleo.

 

La reconstrucción del Estado no implica volver al esquema estado céntrico, en el cual la sociedad se subordina al estado. Por el contrario, la complejidad de la trama social, de actores y de marcos institucionales que se superponen exige la apertura de canales institucionales a otros sectores del Estado y una capacidad adicional para poder aglutinar las diferentes lógicas. Se trata del Estado Red (tal como lo definió Manuel Castells) capaz de devolver legitimidad a las instituciones a partir de un esquema de cooperación.

 

Desde luego que la transformación del Estado no se agota en las ideas presentadas. El Estado como articulador de las relaciones sociales en una Red exige también un compromiso de los otros actores. Si la sociedad argentina comprende el desafío, el Estado argentino reconstruido, lejos de ser un mero sujeto del ajuste, podrá constituirse en una herramienta del desarrollo económico, de la equidad social y de la consolidación de las instituciones.

 

 

FEDERALISMO, RESPONSABILIDAD Y GOBERNABILIDAD

 

La Argentina es un país federal. No está de más recordarlo y así lo define nuestra Constitución Nacional. No es esta la oportunidad de ensayar definiciones del federalismo pero en un intento simplificador, podría decirse que es un esquema de distribución territorial del poder entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales.

 

A pesar de nuestra tradición federal, la historia argentina indica cierta tendencia centralista. El proceso de descentralización que comenzó en la Argentina a fines de los años 80, significó de alguna manera una corrección del centralismo histórico y contribuyó a incrementar y consolidar la autonomía de las provincias; aún cuando los disparadores para implementar esas medidas hayan tenido una motivación fiscalista. Descentralización y federalismo aunque no son sinónimos son complementarios.

 

En la Argentina el federalismo en su dimensión política está plenamente vigente. Sin embargo, y a partir del análisis de algunos datos que se han hecho públicos en los últimos meses respecto de la relación Nación-Provincias, el federalismo desde el punto de vista económico y fiscal merece algunas consideraciones.

 

El sistema fiscal federal de la argentina necesita ser repensado y fortalecido y éste será sin lugar a dudas un proceso complejo. Para ello, basta recordar a modo de ejemplo la asignatura pendiente respecto de una nueva ley de coparticipación federal como marco general de distribución de recursos entre la Nación y las Provincias.

 

El debate del federalismo fiscal y de las consecuencias macroeconómicas de la descentralización ha surgido como un asunto de relevancia, no sólo en la Argentina, sino en el mundo entero especialmente a partir de la experiencia de algunas economías emergentes en las cuales los efectos de estas medidas no fueron los esperados. En el ámbito económico, existe un profundo debate académico acerca de cuáles han sido los resultados fiscales del federalismo y la performance de los gobiernos regionales, y del gobierno central en un esquema federal. Como lo señalan algunos estudios, la excesiva dependencia de esos gobiernos de las transferencias nacionales es un fenómeno que se da en toda América Latina, ya que se financia más de la mitad de los gastos locales con recursos de origen nacional contra un tercio en los países de la OCDE. También se ha detectado una ausencia en el control del endeudamiento territorial y la falta de incentivos en la generación de recursos propios en la medida de que éstos sean transferidos desde el gobierno central.

 

La Argentina no escapa a este diagnóstico y en estos tiempos, a raíz de la delicada situación de algunas provincias, la trascendencia que ha adquirido la problemática fiscal regional es inédita. Algunos datos pueden ilustrar la realidad. El promedio de las 24 jurisdicciones de la relación entre deuda e ingresos es del 55,5%, alcanzando en algunos casos, más del 100%. La coparticipación comprometida supera en algunos casos el 60% llegando en algunos casos al 97% y la participación de los ingresos tributarios propios en relación a los ingresos totales, salvo en el caso de la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, no superan el 35% con casos extremos con una relación menor al 10%.

 

No seríamos originales al plantear que la Argentina es un país con grandes desequilibrios y disparidades socioeconómicas, productivas y fiscales. Pero no es ocioso recordar que tras los indicadores fiscales hay también altas tasas de desocupación, un empleo fuertemente dependiente del sector público (el promedio para todo el país es de 57,9%); preocupantes tasas de mortalidad infantil; crecientes niveles de pobreza; falta de competitividad y altas tasas de interés. Como podrá deducirse los efectos no afectan sólo a las provincias involucradas en situaciones críticas sino a la Nación toda. No sólo compromete la estabilidad macroeconómica sino también la gobernabilidad. El caso de la Provincia de Corrientes es un ejemplo y una alarma.

 

Sin embargo, sería absurdo plantear esta situación en términos de un enfrentamiento entre la Nación y las Provincias. No se trata de buscar culpables. Tampoco es un problema de posición política ni mucho menos ideológica. El desafío es mejorar nuestras instituciones y encontrar los mecanismos de interacción entre los distintos niveles de gobierno, incluyendo a los municipios, para poder garantizar crecimiento económico con equidad.

Las provincias argentinas tienen hoy un grado de autonomía superior respecto a 10 años atrás. Las condiciones de la globalización han impuesto nuevas reglas en las cuales las economías regionales y los gobiernos subnacionales compiten por capital, tecnología y empleo sin necesidad de intermediación por parte del gobierno central. En este sentido la responsabilidad es mayor.

 

Como dice Sergio Boisier, un estado moderno es inteligente y entiende la relación entre sus partes como un sistema en el cual una parte interactúa con el todo y con los demás; tal como una red. Para que los nodos de una red estén en condiciones de participar en ella es necesario equilibrar su capacidad institucional. La necesidad de establecer mecanismos de coordinación entre los niveles proviene de la complejidad de las relaciones de la esfera pública. Implementar mecanismos de cooperación y coordinación horizontal y vertical pueden resultar en un gobierno más efectivo y con mayor gobernabilidad.

 

En un esquema como el señalado a cada una de las jurisdicciones y de los niveles de gobierno le son reconocidos ámbitos de autonomía y atribuciones y en consecuencia responsabilidades e imputabilidades. No hay federalismo sin autonomía y no hay autonomía sin responsabilidad.

 

Un esquema federal responsable debe garantizar la gobernabilidad. Esta implica también disciplina fiscal y una democracia consolidada y en este sentido, puede ser una herramienta para que se alcancen los objetivos nacionales; que la acción tenga un criterio devolutivo a los ciudadanos y que incremente los niveles de participación de la sociedad.

 

Alinear las políticas entre el gobierno central y los subnacionales en cuestiones como la estrategia fiscal es fundamental para otorgar coherencia, eficiencia y capacidad de respuesta para la esfera pública en su conjunto. En esta línea, el Gobierno Nacional ha promovido recientemente un nuevo acuerdo federal transitorio entre la Nación y las Provincias para poder superar la crítica situación en alguno de los estados provinciales.

 

El denominado Compromiso Federal que fuera aprobado por Ley, estableció entre otras cosas, un marco de discusión y una serie de compromisos entre ambas partes con el objetivo de otorgar coherencia, transparencia y mecanismos de coordinación de las finanzas públicas. Incluso se ha planteado en ese marco que el tema de la deuda provincial se abarcará globalmente teniendo en cuenta el saneamiento de las finanzas públicas provinciales y municipales.

Sería esta una inmejorable oportunidad para rescatar las instituciones del federalismo. En la Argentina las denominadas reformas de segunda generación están pendientes y la relación nación-provincias están comprendidas en ello. Si se emprende un camino conjunto para una gestión pública ordenada, eficiente, transparente y que nos permita crecer, el esfuerzo debe ser conjunto entre el gobierno central, las provincias y los municipios.

 

El federalismo no es una entelequia discursiva, es un imperativo institucional y una garantía de la gobernabilidad.

 

 

RESPONSABILIDAD PROVINCIAL Y DESARROLLO ECONÓMICO

 

 

 

El gobierno nacional ha asumido la responsabilidad de lograr el equilibrio fiscal. Esta tarea se lleva a cabo con el convencimiento de que es una condición previa para que la Argentina se convierta en un país  confiable, competitivo; como requisito para bajar el riesgo país y acceder a mejores condiciones de financiamiento, tasas de interés más bajas, en definitiva un paso previo para la reactivación económica. Este esfuerzo involucra también a los estados provinciales y a los municipales.

 

La meta del equilibrio fiscal implica la realización de un proceso de ajuste en el sector público. En algunas provincias el ajuste será particularmente profundo en virtud del sobredimensionamiento dicho sector. Aquellas provincias en las que la proporción del empleo público sobre la población ocupada es mayor al 50% esto significa un riesgo social. En un contexto recesivo, de economías regionales en crisis, al desempleo existente habrá que sumarle nuevas perdidas de fuentes de trabajo. De esta manera, el proceso de ajuste adquiere otro tenor.

 

Como contraparte  y a modo de paliativo para los posibles efectos negativos de un proceso de ajuste fiscal en as provincias, el gobierno nacional anuncia una serie de medidas para reforzar  los sectores productivos y mejorar las economías regionales. Se apuesta a las PyMES a través de medidas tales como  mejorar los canales de información sobre créditos; financiamiento; capacitación y nuevas tecnologías; mejores condiciones crediticias para los pequeños productores; centros regionales etc. La apuesta de las PyMES es correcta en tanto son las grandes generadoras de empleo. En el logro de este objetivo, el gobierno nacional tiene gran parte de responsabilidad. Pero ¿y los gobiernos provinciales y municipales?.

 

Tal como fueron anunciadas las medidas no se detecta la asignación de un rol fundamental a los gobiernos locales. Las noticias dicen, por ejemplo: “La Subsecretaría de PyMES creará agencias regionales”; “El Secretario de Ciencia y Tecnología abrirá una página en Internet con información para PyMES”;  “El Presidente del Banco Nación inaugurará el primer Centro de Desarrollo Regional desde allí se proporcionará información sobre los distintos programas que existen en el Estado”, etc.

 

Sin embargo, hoy el desarrollo de aun país es visto como la suma de performances locales más que  producto de un resultado global  Es bien conocido que en las actuales condiciones de la economía mundial los caos más exitosos de  reconversión y desarrollo local se han hecho con una participación insustituible d  los gobiernos locales (Italia, España, Canadá, Reino Unido, para citar algunos).  En la Argentina muchos gobiernos locales siguen esperando la salvación de la Nación. Hasta tanto no sean ellos mismos los agentes dinámicos del cambio el gobierno nacional será el único factor de éxito, o de fracaso.

 

Este aspecto debe adquirir un lugar preponderante en el discurso oficial y en la agenda de gobierno. La mención de los gobiernos provinciales o municipales se limita a su papel en  el proceso de ajuste. ¿No será la oportunidad de otorgarles un papel en la generación  de condiciones para el desarrollo económico?.

 

Las ventajas competitivas que conducen a la creación de empleo son elaboradas y sostenidas por procesos altamente localizados. Al respecto dice la Organización para la Cooperación  y el desarrollo Económico (OCDE)  “Históricamente las agencias locales tendían a concentrarse en la provisión de un  menú standard de servicios elaborado en el gobierno central (por ejemplo: créditos, asistencia de marketing, contable, etc.). Pero las lecciones de la descentralización dicen que el gobierno nacional debe buscar estimular programas locales, que sean definidos por los actores locales y cuya performance sea controlada localmente”.

 

En la Argentina se han gastado ciento de millones de dólares en programas de fortalecimiento local y provincial y sin embargo, los gobiernos subnacionales, con excepciones, no son capaces de genera las condiciones para el desarrollo regional. Es una oportunidad que un gobierno nuevo replantee el sentido de la asistencia de los gobiernos provinciales y locales generando verdaderas capacidades para la reconversión y el crecimiento ayudando a convertirse  en agentes del desarrollo.

 

A modo de ejemplo, ¿Porqué los productores locales y las entidades empresarias del Chaco plantean al presidente de la Nación en su visita las falta de condiciones para poder crecer?. Cuales es el rol del gobierno provincial? Que hizo el gobierno del Chaco (ni hablar de los municipios), para generar condiciones favorables para el desarrollo económico, reconvertir su economía y la creación de fuentes de empleo?. El gobierno central puede ayudar a la economía chaqueña pero el salto y la decisión de reconversión debe provenir del Chaco

 

En actual dinámica productiva y de globalización económica, el Estado nacional es irremplazable para establecer su visión  a largo plazo, sus prioridades y asegurar el cumplimiento de los objetivos y estrategias para alcanzarlos. El gobierno nacional debe asegurarse que esta visión sea reconocida y entendida pero son los gobiernos regionales y locales quines mejor pueden llevarlo a cabo.

 

La verdadera lucha contra el desempleo es la generación genuina de fuentes de trabajo y de desarrollo económico. En las actuales condiciones económicas, el gobierno nacional es un socio del desarrollo local. En este sentido, ayudar a crear las capacidades locales es una responsabilidad indelegable. Pero los gobiernos locales no deben esperar del gobierno central que les solucionen todos los problemas.

 

Un esfuerzo de cooperación y coordinación debe darse en dos sentidos: vertical  horizontal. La coordinación horizontal implica acuerdos interministeriales sobre las políticas públicas; la vertical, una coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

 

UNA PROPUESTA

 

Es necesario generar un foro liderado por el gobierno nacional en el que participen los gobernadores y los intendentes. Algo así como una Alianza para el Desarrollo, en cuyo ámbito participen especialistas y se discuta y promueva el papel que les cabe a cada uno de la creación de condiciones para el desarrollo económico y social y la generación de empleo.

 

Así como hace diez años, el tema convocante fue la descentralización, hoy es el desarrollo económico regional. Existen organismos internacionales muy especializados en esta temática y podría convocárselos para el debate o bien para la asistencia es estas cuestiones.

 

Es buenos recordar que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) tiene un programa que se denomina LEED (Desarrollo Local y Empleo). Su objetivo es fortalecer a los gobiernos locales en su papel de generadores de empleo. Este programa funciona a través de socios locales, públicos o privados, que generan una especie de consorcio par fomentar iniciativas dirigidas al desarrollo local. Ya es tiempo que en la Argentina aprovechemos este tipo de programas tal como se hace en los países desarrollados.

 

HERRAMIENTA PARA LA REFORMA ADMINISTRATIVA

 

Frente al problema de cómo reformar el Estado no puede adoptarse una actitud dogmática.

 

Hay quienes pretenden contar con un modelo aplicable a cualquier realidad. De esta manera el problema de cómo reformar el Estado queda reducido a la aplicación de un conjunto de recetas válidas para cualquier momento y lugar. Pero la experiencia enseña que estas recetas suelen ser el camino más corto hacia el fracaso. Una estrategia de transformación de una realidad tan compleja como el Estado, para ser exitosa debe ajustarse a un sinnúmero de variables, desde las económicas hasta las culturales y psicológicas.

 

Lo cierto es que no existen "recetas" válidas para reformar el Estado. Existen sí, herramientas de cambios que bien utilizadas producen efectos deseables. Mencionaré‚ algunas. La Descentralización, que significa simplemente aproximar las tomas de decisiones del Estado, al lugar físico donde la persona plantea la demanda. Aquí, la posibilidad de acción funciona cuando se acuerda y financia en forma previa. Con este esquema la decisión pasa del Gobierno Central al Poder Municipal posibilitando un más eficaz control de gestión por parte de la comunidad. Es sabido que el Intendente, sobretodo en localidades medianas y pequeñas, rinde cuenta de sus actos ante los vecinos cada vez que traspone el umbral de su despacho. Este modelo de control que se asienta en el voto del ciudadano es mucho más eficaz que el viejo modelo centralizado del planeamiento tradicional. Pongamos un ejemplo, en el sistema centralista, para reparar el techo de un aula de una escuela provincial, el Director, por su vía jerárquica correspondiente solicita la asistencia de la Dirección Provincial de Arquitectura. Esta, también a través de sus propios canales burocráticos, envía una inspección; esta produce informe técnico, el informe motiva una decisión política institucional, que se repare el techo. La cuadrilla viaja a la localidad y soluciona el problema. Con suerte han pasado dos meses desde que se detectó el problema en el techo, la reparación resultó más cara que si se hubiera contratado en la localidad; y la mano de obra fue de la ciudad Capital.

En el mismo ejemplo, con el modelo descentralizado que está implementando la Administración. El Director del Colegio informa al Intendente que ya recibió de antemano los fondos para el mantenimiento del edificio por un convenio que firmó con la Provincia, dispone de inmediato la refacción, da mano de obra en su propia comunidad, hace un trabajo más eficiente y con menos costo económico.

 

Otra herramienta para modernizar el Estado es la Informatización. Hoy en día cuesta más o menos lo mismo una buena máquina de escribir con procesador de texto, que una computadora pequeña y compatible y susceptible de ser articulada con otras en red. Ha comenzado una guerra lenta y silenciosa contra las máquinas de escribir en la Administración para reemplazarlas gradualmente por equipos electrónicos que actúan en lo que se denomina redes informáticas gubernamentales. Huelga explicar los beneficios de la herramienta en orden a la celeridad de los trámites administrativos.

 

La tercera herramienta útil es la capacitación de los empleados en la organización, y no detallaré‚ aquí las ventajas de la educación en la mejora en la calidad de los servicios que el Estado presta a la gente.

 

Un capítulo particular y remarcable lo constituye el fortalecimiento de los gobiernos municipales. El proceso de autonomía real que quedará definitivamente consolidado con las futuras Cartas Orgánicas Municipales, es en sí el verdadero reaseguro de la continuidad institucional democrática. Se concibe al municipio como la instancia de Gobierno con suficiente capacidad para canalizar las demandas de su entorno en materias de su competencia, como son la administración de los servicios públicos, fundamentalmente los que determinan la calidad de vida en tanto constituye la base de la estructura urbana.

 

Básicamente, la actuación del gobierno local corresponde a la implementación de la política social, teniendo a su favor que, por el ámbito espacial que comprende, la escala de los servicios es pequeña, constituyéndose en una ventaja no solamente para la determinación de las necesidades reales de la población, sino para el control de gestión, la atención al público, la participación de la comunidad, y la adopción de soluciones adaptadas a las aspiraciones específicas locales.

 

La autogestión local permite desenvolver la comprensión práctica de las responsabilidades públicas y privadas en forma más efectiva, donde la mayor proximidad entre gobernantes y gobernados en la resolución de asuntos cotidianos, estimula la participación en el nivel micro como base insuperable de la democracia, en cuanto sistema macropolítico. Es en este plano, el proceso que se viene de elaboración de Cartas Orgánicas Municipales, debe ser entendido como un paso importante en el proceso de consolidación democrática, y en este sentido, la descentralización prepara el camino para el ejercicio pleno de la autonomía Municipal.

 

ESTADÍSTICAS E INFORMACIÓN EN LA ADMINISTRACIÓN

 

El estado actual debiera ser una herramienta idónea para la ejecución de las decisiones políticas que satisfagan eficientemente las necesidades de la población, pero en la tupida selva administrativa no siempre es fácil visualizar los objetivos, cuando se trata de la correcta utilización y del mejor aprovechamiento de la información.

 

Las estructuras administrativas operan dentro de compartimientos estancos en los que cada sector y nivel se dedica a cumplir sus funciones según cada uno lo considera más eficiente, con escasa comunicación horizontal y con una comunicación vertical que se limita a remitir las informaciones y tramitaciones que se requieren a los niveles centrales y superiores de conducción, y esperar que se les comuniquen las respectivas decisiones, para aplicarlas generalmente con una actitud conformista y pasiva.

 

Para revertir esta situación, se ha generalizado en las administraciones modernas una tendencia descentralizadora que procura eficiencia y economicidad en el acto de gobernar con el objeto de lograr en definitiva, el mejoramiento de la calidad de vida de los administrados, y que entre otras cosas significará desterrar el flagelo del burocratismo que evidentemente lesiona los derechos ciudadanos. Pero desde luego, no puede concebirse el proceso de descentralización como herramienta del progreso, sin la necesaria centralización de datos que posibilite el proceso lógico para mejorar la realidad evitando además el desgaste de esfuerzo. El desarrollo tecnológico actual en materia informática, posibilita la centralización de la información auxiliar de las decisiones y su aplicación. Por lo tanto es comprensible que debe priorizarse, en cualquier administración, el manejo de la información correcta, confiable, oportuna y adecuada, y para ello es imprescindible el auxilio informático, que operado por hombres inteligentes, evite la falta de datos, o la sobreabundancia de datos inútiles. Es obvio señalar que sin el aporte informático, el sólo hecho de la centralización de la información no ayuda a la mejor decisión, pues hoy, en medio de la revolución tecnológica no es válido el lento acceso a la información buscada en archivos, bibliotecas, centros de documentación o sistemas integrados de información. En cambio, una administración que aspire a ser moderna, debe, en primer lugar, priorizar los mecanismos de obtención de referencias de la realidad; estadísticas, censos, encuestas, registros, datos, información y conocimientos almacenados en toda clase de soportes, y que se refieran al objeto de sus políticas; además debe priorizar también la maquinaria informática, las telecomunicaciones, la telecopia, etc., que posibilitarán las más rápidas y mejores decisiones y acciones de corto, mediano o largo plazo. Pues es claro que cualquier estudio sectorial que procure la definición de proyectos y políticas de desarrollo y modernización, requiere de buena información por otro lado debe estar debidamente sistematizada de tal manera que facilite el acceso al conocimiento a los efectos de planificar correctamente las decisiones y la acción, efectuando además, su correcto seguimiento y evaluación.

 

El Estado es una institución permanente, encargada fundamentalmente de defender los intereses de la comunidad y no podemos concebir un Estado moderno si no se basan sus acciones en la idea de la continuidad. Por ello es importante que la información de los administradores sea de fácil acceso. Pensemos por ejemplo en el volumen de información que produce un solo censo de población que permite análisis de estadísticas que hacen a la índole de la información pública. Sin la noción de permanencia del Estado, y el fácil acceso a la información, evidentemente el gasto y el esfuerzo son vanos. Afortunadamente, se está produciendo un profundo cambio por la influencia de las nuevas tecnologías, la informática, las telecomunicaciones, técnicas de reprografías, microcopía, etc., ellas posibilitan rápidas decisiones de los poderes públicos frente a situaciones que requieren acciones inmediatas. Nadie adquiere información por mero gusto de almacenarla.

 

Veamos el problema desde la óptica de los decisores. El administrador que consigue mejores resultados, es el que obtiene la información adecuada que posibilite la decisión adecuada. Por ello, es frecuente en la administración pública que el responsable de las decisiones esté rodeado de asesores "el que sabe", y esto no siempre da buenos resultados porque en realidad el modo más eficaz de acceder rápidamente a la información es el contacto directo del jerarca, con los encargados de remitirla (técnicos). Es frecuente en cualquier administración pública escuchar el lamento de los decisores porque la información útil no circula o circula mal, y esto ocurre por varias razones, primero porque las tácticas desconcentradoras o de descentralización no se planifican debidamente ya que deben ir acompañadas de la formación y reubicación del personal capacitado para interpretar correctamente a la información; segundo, por la existencia de la división horizontal debido a la especialización, que se puede superar a través del análisis interdisciplinario de la información; y tercero, por las estructuras jerárquicas pétreas, lo cual el hombre de Estado puede superar fomentando circuitos de circulación de la información por canales informales que derroten a las barreras jerárquicas.

 

Debemos profundizar un concepto, cuando decimos que es necesario centralizar la información para acompañar un proceso de descentralización de las decisiones para regionalizar la administración de las políticas, esto no significa acumulación de información, sino coordinación, integración y clasificación de la información, para que esta sea un válido auxiliar de las decisiones políticas. La mera acumulación es irrelevante pues la información envejece. Es muy necesario generar bases de datos dinámicos que se puedan utilizar para la gestión cotidiana y para la planificación a corto, mediano o largo plazo.

 

En realidad, todo debe ser un proceso integrado, donde los responsables de las decisiones obtengan la información necesaria de los órganos administrativos encargados de la obtención y/o análisis, para luego, a partir de la diagramación de las políticas, transmitir las decisiones a los órganos de aplicación, tanto las decisiones originales como aquellas que son fruto de la evaluación y el seguimiento. Todo ello en forma coherente y planificada.

 

LA CAPACITACION EN LA REFORMA DEL ESTADO

 

En la Administración Pública, se considera que el camino hacia el desarrollo de las organizaciones se sustenta en la calidad de colaboración de su gente, y la calidad se logra sólo con capacitación adecuada.

Uno de los pilares fundamentales de las Reformas Administrativas que comienzan a generalizarse en América Latina son los Programas de Capacitación del personal, y tienen implicancia variada: significan por un lado, la creación de mejores condiciones operativas para la consecución del fin de la organización, esto es, procurar el bien común en el caso del Estado; significan también la obtención de eficacia y economicidad en el acto administrativo; pero también implican mejoramiento de la calidad de vida laboral de sus integrantes.

 

El gran problema que afrontan los capacitadores es la necesidad del cambio de la cultura organizacional, principalmente la adaptación y el conocimiento de las innovaciones permanentes de las nuevas técnicas de gestión que demanda la gerencia eficiente. Objetivos y directivas claras, recursos humanos, tecnologías y políticas presupuestarias adecuadas, son la base instrumental del cambio en la efectividad de la organización. El desafío actual implica la necesaria planificación que, en materia de recursos humanos estratégicos, comprende el proceso gerencial de identificación de las necesidades organizacionales y el consiguiente desarrollo de políticas, programas, sistemas y actividades que satisfagan esas necesidades, a corto, mediano y largo plazo, teniendo en cuenta asegurar el cumplimiento de los objetivos de la institución y de su continuidad bajo condiciones de cambio.

 

La administración se encuentra hoy en crisis. Los decisores importan tecnologías de gestión que consideran exitosas, pero generalmente estas copias derivan en fracasos, pues es improbable que la transpolación de experiencias produzca resultados esperados cuando conceptualmente difiere la identificación de las necesidades y objetivos de la organización. Las capacidades y habilidades esperadas deben definirse operacionalmente atendiendo a las características propias de la institución y su entorno, para luego priorizar el desarrollo creativo de tecnologías propias de gestión y sólo excepcionalmente complementarlo con experiencias ajenas.

 

Uno de los problemas centrales en materia de capacitación gira en torno de la búsqueda de mayores y mejores niveles de calidad y ésta, nunca debe estar disociada del principio de la equidad en la distribución de los beneficios que en materia de eficacia y eficiencia personal produce la capacitación desde el punto de vista de su implicancia en el mejoramiento de la calidad de vida laboral del propio involucrado.

 

Debe comenzar a analizarse en las estructuras administrativas, principalmente públicas, la incorporación de metodologías de procesos de calidad total, venciendo no sólo el retraso tecnológico y de información adecuada, sino desarrollando una nueva cultura global coherente de la estructura y de su gente. Esto seguramente permitirá en corto tiempo detectar los estilos de comportamiento de conducción, analizar actitudes para su corrección, predecir comportamientos de acción futura y en definitiva concretar un plan de transformación a través de la acción de capacitación que asiente duros y mortales golpes a la cultura del burocratismo. Acciones éstas, que habrá que dirigir en primer lugar a los decisores o funcionarios para que el personal directivo de la institución obtenga una sólida base de conocimientos sobre la gestión, estratégicamente considerada, pues es obvio que recién después de comprender cabalmente la dinámica del proceso de gestión puede iniciarse el proceso de toma de decisiones, que sobre buenas bases de información determinan los correctos actos administrativos, máxime en un ambiente cambiante y altamente complejo como el que afrontamos en esta década que demanda claridad de propósitos y objetivos, agilidad de respuesta y buen manejo de situaciones límite.

 

El cambio de la cultura organizacional sólo puede darse en el marco del concepto de capacitación permanente como proceso continuo determinado fundamentalmente por la finalidad primordial de mejorar la calidad de vida, porque una sociedad como la nuestra, inmersa en una situación de crisis, está perdida si no genera innovaciones en sus modelos de gestión, y en sus pautas de comportamiento administrativo concretando formulaciones programáticas para resolver problemas. Es una tarea difícil renovar nuestro estilo de gerencia pública porque nosotros mismos somos parte de la dificultad.

 

En la administración provincial han comenzado a producirse cambios estructurales: la descentralización administrativa, la coordinación de los sistemas de información y documentación, y sobre todo, la paulatina incorporación de las herramientas tecnológicas adecuadas, principalmente de naturaleza informática, así lo demuestran. Pero todo el gasto y el esfuerzo será vano si este proceso de cambio y modernización no se asienta en una sólida base de gerenciamiento, que sólo puede lograr la capacitación adecuada porque el conocimiento, la habilidad y la actitud sólo se logran a partir de ella.

 

El rol más importante de la capacitación en la organización es estar presente ante cualquier decisión que implique cambios, pues se logra a través de ella que los protagonistas, de todos los niveles, manejen y acepten las innovaciones con actitud positiva y armónica. De esta manera estamos mejor preparados para obtener los resultados satisfactorios para la organización y para la gente. Así se vence el temor al riesgo, se logran cambios actitudinales, se comprenden mejores situaciones y perspectivas, se aceptan los cambios y las innovaciones y, desde luego, se desarrollan mejores conocimientos, técnicas y potencialidades, optimizando la gestión y aprovechando correctamente los recursos.

 

Una forma de encarar nuevas bases de capacitación es entender, desde los decisores, que aquella no se da en un ambiente neutro y que no puede ser analizada como un factor libre de contexto, sino que, interdisciplinariamente, debe brindarse integrando los contenidos formalmente aceptados por la organización con los nuevos que se pretenden introducir para producir cambios deseables. Para capacitar adultos, y cambiar una realidad administrativa, los capacitadores deberán practicar métodos cada vez más creativos e innovadores, fundamentalmente a través de dinámica de grupos y modalidad a distancia, cuando las circunstancias lo demandan.

 

El desarrollo de nuevas técnicas imaginativas y expresivas permiten utilizar experiencias de aprendizajes que proveen oportunidades para incentivar habilidades latentes, tanto en los capacitadores como en los alumnos.

 

Es real que los formadores están familiarizados con el aprendizaje experimental usando principalmente dinámica de grupos como actividad central, pero también es real, principalmente en el sector público, que no hay total predisposición a practicar métodos más creativos e innovadores de trabajo en grupo. Métodos más activos como el "Role Playing" por ejemplo, requieren mayor decisión y compromiso por parte de los docentes. Obviamente esta necesidad de arriesgar comportamientos nuevos por parte de los cuadros de formación se vincula íntimamente con la mejor conciencia gerencial que debe desarrollarse en los jerarcas, decisores, gerentes y funcionarios. Y lograr esto, para la Administración Pública es el gran desafío de la década. Comienza a considerarse a las personas en la estructura administrativa como recursos estratégicos. Este concepto nuevo, cuando se lo analiza en el marco de crisis económicas como la que vivimos nos obliga a desarrollar la Administración Participativa, que fomenta en las personas actitudes de búsqueda de la calidad de vida laboral con pleno cumplimiento de las misiones y funciones de la estructura. Y esto sólo se logra, con creatividad e innovación, desde la capacitación permanente.

 

Otro aspecto de la problemática de la capacitación es el trauma resultante para las organizaciones de los cambios de personas que se operan en las cúpulas en períodos de transición. Generalmente los involucrados en las tareas técnicas y operativas de la acción de capacitación se resignan pasivamente hasta esperar instrucciones de los nuevos directivos. Esta discontinuidad programática resiente seriamente el fenómeno educacional. En este punto, la experiencia internacional de las organizaciones modernas enseña que lo esencial es garantizar, desde la arquitectura normativa, la continuidad de los planes de capacitación de tal manera que resulten de cumplimiento ineludible para los flamantes gerentes o funcionarios, máxime cuando provienen de fuera de la propia organización. El cómo lograrlo es también un desafío abierto. El punto de partida es indudablemente artesanal y librada a la incipiente conciencia de los responsables, de todos los niveles, de la capacitación; pero será imprescindible en esta década contar con una ley federal de capacitación que regule la actividad.

 

Ya existen anteproyectos que se analizan en diversos círculos, incluso se analizan modelos avanzados como el chileno que dan buena respuesta a ésta problemática de la continuidad. Otro aspecto es la capacitación y concientización "ab initio" de los decisores que permite una rápida internalización de la cuestión que se traduce generalmente en prontas decisiones de continuidad de programas. Pero lo central es la consolidación de los equipos permanentes conformados por los cuadros medios de las organizaciones. Al respecto, es aconsejable dar prioridad a la formación de monitores y a la gestión de la capacitación, en definitiva a la capacitación de los capacitadores. Solamente un decisor necio y ciego abortará planes y programas de beneficios obvios.

 

El capital humano y la información son la clave para la productividad organizacional. El líder debe ser consciente que las habilidades se adquieren o potencian con conocimientos, y éstos marcan la diferencia entre los jefes efectivos y no efectivos. En orden a los procesos de reforma administrativa, los líderes comienzan a comprender que el conocimiento es un recurso indispensable; que la horizontalización de funciones en algunas áreas es mejor que la estructuración jerárquica rígida; que la innovación y la capacitación emprendedora son claves para la organización y, que las habilidades gerenciales deben ser mejoradas para afrontar los períodos de crisis.

 

A menudo se incurre en el error de considerar que la capacitación es sinónimo de cursos, talleres y seminarios, y este error bastardea el concepto de capacitación permanente. Búsqueda de certificados inútiles y desprovistos de contenido, cursos obligatorios que condicionan ascensos, aburridas recetas extrapoladas de otras realidades a veces ni siquiera afines; y otras, lisa y llanamente la falta de conciencia sobre la importancia de la capacitación, son los principales enemigos de los modernos modelos de gerencia eficiente. No hay recetas válidas, pero sin duda la clave del éxito de la capacitación permanente no formal de adultos está en partir de la formación de formadores en todos los niveles de la organización, decisores, cuadros medios y personal de ejecución.

 

Las condiciones están dadas para producir resultados deseables. La calidad de vida laboral se ha convertido en un objetivo por derecho propio, la tecnología de información permite hoy que los conocimientos estén disponibles, los vertiginosos cambios socio económicos y políticos impulsan al desarrollo de la creatividad y la imaginación, y la conciencia de la capacitación comienza a internalizarse en las organizaciones, en forma progresiva, lenta y gradual. Y en esto, el sector público tiene mucho que aprender de las empresas privadas. A este respecto los programas de capacitación deberán tener presente la enorme experiencia adquirida por los capacitadores enfrentando contratiempos y solucionando situaciones.

 

En síntesis, la capacitación permanente es una indispensable e ineludible herramienta de gestión que garantiza resultados tangibles en calidad organizacional e individual desde el punto de vista laboral. Es impensable la Reforma Organizacional, como dinámica de cambio permanente.

 

 

MUNICIPIOS SALUDABLES

 

En general los funcionarios municipales tienen un rol importante en la dinámica social pues deben garantizar un equilibrio entre el excesivo control central y el irresistible riesgo de atomización que plantean los procesos de desconcentración y descentralización. Para controlar armónicamente el proceso de delegación de funciones hay que crear un ámbito cultural propicio que posibilite la innovación, creando sistemas de organización, estructuras y estrategias que alienten y posibiliten los cambios. Sólo la imaginación pone límites a la creatividad en el desarrollo del poder local como verdadero garante directo de la calidad de vida de los ciudadanos.

 

Rousseau escribió que el gobierno local es el ámbito de capacitación para el desarrollo democrático.

 

Hoy, en América Latina está más vigente que nunca aquella expresión visionaria pues los procesos de democratización en la región han repercutido directamente en los municipios. La descentralización y las transferencias de servicios son prueba de ello. Pero esto ha generado nuevos problemas a resolver. El más grave de todos es la falta de previsión en materia de financiamiento. Los organismos donantes internacionales como el BID o el Banco Mundial ya avizoraron estas dificultades y sólo financian actividades que contribuyan a crear gobiernos locales más abiertos, eficaces, que respondan mejor a las necesidades de la gente, y que realicen la participación ciudadana con base comunitaria. Esto ha ocurrido porque ha comenzado a abordarse la problemática local desde una perspectiva global o mundial.

 

En los sistemas excesivamente centralistas no hay disposición a asumir los riesgos para introducir innovaciones con medidas concretas que den respuesta a las necesidades de bienestar de la población.

 

La descentralización es el instrumento más idóneo para asegurar una mejor democracia, pero la democracia en sí es una utopía sin participación de la comunidad.

 

Los municipios deben entender que los gastos pueden ser inversiones para lograr un futuro más próspero cuando se hacen en educación, salud, nutrición, planificación familiar y lucha contra el flagelo de la pobreza. Para promover el cambio de actitud en la realización de los proyectos debe ser muy amplia la gama de protagonistas, políticos, empresarios, gremios, asociaciones intermedias, etc.

 

En la actualidad los nuevos sistemas de información y la orientación hacia el mercado han permitido que muchos municipios se estén adaptando rápidamente a las cambiantes necesidades; y el desarrollo humano sostenible se alcanza eficazmente a través de la descentralización política. No obstante, en estos procesos hay que prever los riesgos potenciales, como por ejemplo el abuso de autoridad, la corrupción y la incorrecta distribución de la riqueza.

 

Para evitar estos problemas, nada mejor que facilitar la participación, promover la flexibilidad del gobierno frente a los cambios y las demandas de los vecinos, asegurar el pluralismo, y aumentar la obligación de las autoridades de rendir cuenta a los ciudadanos.

 

En los últimos años están ocurriendo cambios extraordinarios en el mundo latinoamericano. Primero, una considerable transición hacia la democratización política y una mayor obligación gubernamental de rendir cuentas. Crecientes demandas ciudadanas y movilización de organizaciones vecinales, van perfeccionando las calidades de los gobiernos locales. En segundo lugar, se analizan y buscan soluciones a los problemas económicos por conducto del mercado libre, desregulaciones, privatizaciones, reducción de barreras arancelarias, etc. Y el tercero de los grandes cambios es el interés creciente en la descentralización de las administraciones, y una ampliación y fortalecimiento de la capacidad local para la gestión pública. La descentralización en este contexto es un importante factor democratizador pues los regímenes centralizados con frecuencia fueron dictatoriales, y todos sabemos que la máxima de Lord Acton es absolutamente válida: “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Actualmente desde el norte al sur de América hay un interés creciente en fortalecer la gobernabilidad local, alentar la descentralización de las funciones públicas, estimular la participación cívica, y aumentar la diafanidad del gobierno y su obligación de rendir cuentas.

 

Uno de los canales fundamentales por donde circulan los intereses de la sociedad civil son los partidos políticos y las asociaciones intermedias de la comunidad, tales como Centros Vecinales, Sociedades de Fomento, Clubes de Jubilados, Cooperativas, Cooperadoras, etc.

 

Su importancia es resultado de que estén organizados para influir sobre el medio en el cual actúan. Por ejemplo, cuando los vecinos se organizan para afrontar problemas de seguridad, entablar una forma de cooperación que influye sobre la vida de la comunidad y, por ende, pasan a ser parte de la sociedad civil.

 

Resulta obvio afirmar que la relación entre la sociedad civil y el gobierno municipal es beneficiosa para ambas partes que se retroalimentan y fortalecen.

 

El gobierno municipal descentralizado puede ser un elemento importante para facilitar una sociedad civil activa y plena de energía. Cuando más descentralizado sea un gobierno y cuanto más fuerte sea la capacidad para la gobernabilidad local, tantas más y mejores oportunidades existirán para el surgimiento de la sociedad civil organizada. En este sentido, la legislación local, la política del gobierno, y la práctica administrativa pueden tener efectos profundos en la llamada “comunidad organizada” para desempeñar roles activos en la función pública. Este surgimiento de las instituciones intermedias en la sociedad civil crea un verdadero pluralismo, factor vital del desarrollo democrático.

 

Por otro lado, la obligación de rendir cuentas debe permitir a la gente común la verificación sobre el comportamiento de los líderes políticos y los funcionarios gubernamentales asegurando de este modo mayor transparencia.

 

Las experiencias más modernas indican que es necesario abordar toda la gama de las deficiencias burocráticas reformando y “aggiornando” la gestión pública; reorganizando los sistemas de prestación de servicios públicos.

 

Pero, para ello es menester propender a un cambio de actitudes y comportamientos y actuar con absoluta transparencia desde el poder político.

 

La transparencia es sinónimo de integridad, es gobernar sin tener nada que ocultar, es estar dispuesto a someterse a controles.

 

Es necesario asumir la responsabilidad pública, rendir cuentas, informar y formar al ciudadano, y mejorar la calidad de la gestión pública desde gobiernos locales hialinos.

 

LA PARTICIPACIÓN COMO CLAVE ESTRUCTURAL DE LA GESTIÓN MUNICIPAL

 

 

La participación es un proceso a través del cual un grupo de ciudadanos interactúa relacionado con el poder local y coparticipando  las tomas de decisiones. Los vecinos deben aunar esfuerzos para contribuir en la resolución de los problemas básicos de la comunidad y el Gobierno Municipal debe coadyuvar a ese esfuerzo. Para que esta articulación ocurra, debe existir voluntad política de los gobiernos municipales, pero además debe haber también iniciativas concretas de la comunidad organizada, fundamentalmente a través de los Centros Vecinales.

 

El líder político de la Administración debe dar para facilitar la participación, y la comunidad también debe dar par que se produzca la articulación necesaria para que acontezca la real participación en un emprendimiento conjunto ente pueblo y gobierno. Ello implica redefinir roles y funciones de ambos lados El impacto que se logra en las experiencias positivas de participación se traduce en desarrollo económico, social o cultural, y en todo caso, en mejor calidad de vida para el vecino y mayor eficacia en la gestión pública.

 

Para que este importante fenómeno de consolidación democrática y fortalecimiento del poder local se de efectivamente, contribuyen entre otros los siguientes componentes.  Decisión política de hacerlo, un marco legal adecuado para el desarrollo de la experiencia concreta, la capacitación de los actores involucrados. La previsión  presupuestaria y financiera, la garantía de continuidad asegurada desde el decisor, el respeto estricto por la particularidades regionales, la concentración previa entre las partes, la participación real y efectiva de los vecinos, y el seguimiento o monitoreo de la experiencia en desarrollo. Entre los obstáculos  principales, que deben vencerse, destaco los siguientes, entre otros. La incomprensión por parte de los dirigentes del gobierno o de la propia comunidad, la falta de flexibilidad de muchas normas, la fuerte tradición centralista y las barreras culturales, la imprevisión presupuestaria, los liderazgos negativos y meramente clientelista, y la utilización autocrática de las herramientas participativas.

 

Es importante crear las condiciones para que suceda la convergencia democrática y difusión.  Con estos elementos puede comenzar una experiencia de participación comunitaria con el Municipio o la comuna.

 

La participación comunitaria se transforma en estructural cuando se incorpora a la planificación o micro planificación municipal y adquiere visos de permanencia.

 

Es necesario comenzar a plantear los conceptos de post descentralización y estas ideas nuevas deben generarse en el propio seno de los gobiernos locales. Me atrevo a plantear la noción de recentralización. Los Municipios, con participación de las organizaciones comunitarias, tienen que comenzar a definir nuevos centros de atención de las necesidades vecinales por fuera de los muros de los propios municipios en orden a la real desconcentración de funciones. En las ciudades grandes y medianas deberán conformarse verdaderos “mini Municipios” que, dependiendo de las unidades centrales presten servicios más directos a la sociedad. Para que ello se dé, debe delegarse suficiente capacidad de gestión y de decisión a aquellas unidades desconcentradas que deberán ubicarse estratégicamente en las ciudades, fortaleciendo la propia identidad barrial, favoreciendo el desarrollo y el progreso. Para lograr esto debe redefinirse el rol del Gobierno Municipal y la mejor oportunidad para hacerlo es el proceso que se está iniciando de elaboración y dictado de las Cartas Orgánicas Municipales, verdaderas Constituciones del poder local. Hay que generar una nueva institucionalidad, más moderna y más participativa. Hay que definir con claridad la escala de lo local para de esta forma acotar el ámbito del Municipio y de la participación comunitaria. Por ejemplo, tarde o temprano se va a municipalizar la Educación, este proceso sólo podrá realizarse con éxito si de antemano se garantiza la participación comunitaria. Sólo así, calar hondo en la sociedad y ser verdaderamente democratizante e irreversible. El Estado actor social de Francisco Delich debe involucrar también, al Gobierno Municipal. Esta base conceptual le permitirá al poder local interactuar en el desarrollo social y hasta económico, a escala regional, provincial o incluso nacional.

 

A partir de la autonomía cesar gradualmente el paternalismo de los Gobiernos Regionales sobre los Municipios. En este proceso el rol principal les cabe a los partidos políticos que deberán tener una dinámica clara en los ámbitos locales. El dirigente político aporta a la organización social una visión estratégica que debe desarrollarse más en función del rol municipal.

 

La crisis de representatividad de los partidos políticos en el ámbito local es compartida tanto por la Comunidad y los Departamentos Ejecutivos, como por los Concejales, y es un reflejo directo de un laberinto donde todos los actores se pierden. La democratización del poder local, objetivo mayor de la estrategia de Reforma del Estado, devolver competencias y responsabilidades al Ejecutivo, el Legislativo y al ciudadano, pero no se resolverá sin revertir aquella crisis de gobernabilidad a la que hago referencia. Accesibilidad, transparencia, efectividad y responsabilidad son los temas prioritarios de una práctica pública transformadora para la cual el cambio de este cuadro histórico proveerá el punto de partida. Es necesario crear un nuevo formato organizacional comprensible, donde la población tenga acceso a informaciones, procedimientos y actos de gobierno, como los que se difunden a través del Banco de Experiencias Municipales cuyas bases metodológicas fueron provistas por IULA y su Capítulo Latinoamericano. Esto permite que la participación popular se dé en forma efectiva en la gestión urbana, donde los servicios municipales garantizan la mejor atención de los derechos del ciudadano y donde se establece la real posibilidad de la gobernabilidad en su plenitud democrática, reivindicando en esto el rol de los partidos políticos en la esencia misma de la arquitectura democrática de la sociedad.

 

Descentralización, accesibilidad, transparencia, efectividad y responsabilidad, determinarán la lógica de la nueva matriz y posibilitarán saber a dónde ir para obtener, discutir, influenciar y comentar sobre informaciones y servicios. Transparencia para saber quién hace, quien planifica y quién decide, Efectividad, para medir los resultados reales de las acciones públicas y su impacto en la vida social. Responsabilidad, para poder exigir de los agentes públicos que rindan cuentas de sus acciones, identificar las fallas y aplaudir los logros. Para todo ello es necesario que en el marco municipal desconcentrado se creen centros claros de decisión y responsabilidad cuya función pueda ser rápidamente comprendida por la población y cuya actuación pueda ser avalada por los mecanismos de representación democrática.

 

Obviamente la implementación del modelo desconcentrado requiere de la elaboración de toda una estrategia que debe considerar no sólo los problemas estructurales sino también las variadas tecnologías administrativas creando un amplio programa de desarrollo y progreso, que atienda fundamentalmente las demandas sociales de la población y en particular de la comunidad organizada.

 

La ciudad no es sólo la morada de sus habitantes. Es el centro de las actividades económicas, políticas, culturales, etc., donde convergen intensas contradictorias configurando su identidad local o regional. Es un escenario de confrontaciones cotidianas, de lucha por el sustento, de las conquistas sociales, y de preservación del medio ambiente, al mismo tiempo es un centro generador de avances y de cambios dinámicos.

 

Le cabe al Gobierno local administrar esa complejidad, heterogeneidad y turbulencia de la vida urbana en toda su dimensión, imprimiéndole al mismo tiempo una direccionalidad política que se expresa en el plano de la acción de gobierno, en sus directrices y metas, en la forma como define sus prioridades y administra los recursos, medios y esfuerzos.

 

En el modelo tradicional y aún vigente en nuestras ciudades no hay suficiente participación popular. La maquinaria administrativa está organizada de una manera altamente centralizada, con funciones de órganos diferentes que se superponen, tornando las responsabilidades difusas y complejas. Por ello las administraciones no tienen todavía la necesaria transparencia para que la población pueda acceder al conocimiento y ejercer sus derechos cumpliendo sus obligaciones. Por otro lado, al estar el poder de decisión sólo en los órganos centrales y más altos de la estructura, difícilmente el ciudadano medio resiste la larga peregrinación burocrática para llegar a los centros del poder. El antídoto es la descentralización y también la desconcentración.

 

El nuevo camino para superar este anacronismo se está transitando de a poco. Aún no existe bibliografía suficiente donde estudiar este fenómeno, que es el resultado de conquistas democráticas en casi toda América Latina. En mi opinión debe observarse con detenimiento el proceso de post descentralización que se realiza en la Municipalidad de la ciudad de Córdoba.

 

Aquí, el gobierno Provincial (regional) está descentralizado concertadamente con el poder local y éste está creando centros distritales que son verdaderos “mini-municipios” en lugares estratégicos, donde la comunidad recibirá atención directa. Esto, a más de eficiencia y economicidad, permite mejorar el control de gestión que el ciudadano puede y debe ejercer sobre los actos del funcionamiento municipal en tanto este actúa en servicio de aquel en el manejo de la cosa pública.

 

Es importante destacar que esta desconcentración que se hace en Córdoba no significa dividir la ciudad en partes autónomas, sino respetar las cuestiones regionales y barriales por su especificidad, produciendo mayor interacción entre la población y el gobierno local, buscando respuestas más rápidas de la maquinaria administrativa, y la mayor transparencia y fiscalización de sus actos. Esta desconcentración presupone delegación de poder decisorio para la coordinación de los recursos materiales, humanos, financieros y tecnológicos, preservando los principios y directrices del Gobierno Municipal, garantizando el cumplimiento de sus planes, programas y metas.