La violencia en la gestión de personal de la función pública

 

Diana Scialpi  [1]

                             

Resumen

 

La urgente responsabilidad de promover y contribuir a la configuración de un gobierno más efectivo y menos costoso, requiere la tarea ineludible de reflexionar en torno a la cultura del lugar de trabajo en la función pública.

En el mismo contexto temporal los organismos internacionales de salud pública, reconocen a la violencia como un problema de salud pública y un obstáculo para el desarrollo de las naciones. La conceptualización, medición y análisis de las conductas violentas en diferentes contextos y la comprensión de sus causas y factores asociados, han sido establecidas como tareas urgentes encaminadas a orientar las acciones de salud pública en lo referente a la prevención de la violencia y la atención a las víctimas y agresores. En este sentido, el abordaje del fenómeno de la violencia en el trabajo, convoca la atención de los expertos de Europa y Estados Unidos, desde hace menos de una década.

El estudio exploratorio “Violencias en la Administración Pública: Casos y Miradas para pensar la Administración Pública Nacional como ámbito laboral” (1999) verificó que la conducta violenta es perpetrada, en democracia y en las instituciones estatales, por quienes tienen la responsabilidad de proteger a todos los ciudadanos. La transformación del protector en violento, produce efectos mucho más devastadores  por cuanto se convierte en modelo autorizado además de resultar condición necesaria para el nacimiento y la realimentación permanente de la corrupción.

Existe una íntima relación entre violencia político-burocrática, sufrimiento personal (impacto en la salud física y psíquica de los agentes públicos) desarrollo de la corrupción, resultados de la gestión pública y  resquebrajamiento del sistema democrático y el Estado de Derecho.

La presente ponencia aspira a propiciar la visibilización del fenómeno y la reflexión colectiva para revertir situaciones concretas.

                                                                                             

Sumario

 

1.Introducción. 2. El problema a abordar. 3. Modificaciones del perfil. 4. Vacío estadístico. 5. Falta de acuerdo conceptual 6. Conceptos de reciente generación. 7. El “acoso moral” visibilizado en el servicio público de Francia. 8. La violencia laboral en la Administración Pública Central Argentina. 9. La “violencia político-burocrática”, una violencia laboral específica 10. Los métodos de la violencia político-burocrática 11. La violencia laboral en el Convenio Colectivo de Trabajo 12. Verificación de la violencia en el empleo público nacional 13. Violencias legales e ilegales. 14. Violencia laboral y Salud. 15. Proyectos legislativos argentinos, legislación y jurisprudencia extranjera.  / Referencias Bibliográficas.

 

1.      Introducción

 

En 1996, llevaba diez años como profesional de planta permanente de la Administración Pública Central Argentina, en la que desempeñé funciones de coordinación y de asesoramiento en políticas sociales. Bajo esas circunstancias, mi incorporación al equipo docente del Instituto Universitario de la Fundación ISALUD,  me llevó a re-enfocar diversos problemas sociales – la violencia entre ellos - desde la perspectiva de los organismos  internacionales de salud pública.

Aunque la violencia ha sido objeto de numerosos estudios desde el punto de vista de diversas disciplinas, su abordaje como problema de salud pública es relativamente reciente.

La violencia nos interesa por su efecto deletéreo en las condiciones generales de salud y bienestar de las poblaciones. Sería inútil aspirar a enfrentar un problema de tal complejidad si careciéramos  de las nuevas herramientas brindadas por los avances de la teoría y la práctica de la salud pública. Por ende, se impone distinguir la diferencia entre tratar la violencia como un problema de salud pública y aplicar el enfoque de la salud pública al problema de la violencia. Los que proponen la última opción suelen identificar al enfoque de la salud pública con el enfoque de riesgo, según el cual los factores determinantes de carácter sociocultural suelen analizarse a partir de unas pocas variables tratadas como si fueran atributos de individuos y no de grupos. (Pellegrini Filho, 1999)

Los problemas de la salud pública deben abordarse desde la perspectiva de la sociedad. Ello exige diseñar políticas que tomen en cuenta los factores que determinan la salud en este nivel y que reconozcan el carácter esencialmente político y social de los problemas de salud de las colectividades. (Pellegrini Filho, 1999)

Desde esa perspectiva creí oportuno realizar un estudio de campo en un territorio poco explorado, a mi juicio, desde el análisis de las conductas violentas :  la Administración Pública Nacional, entendida como ámbito laboral. Trabajé dos años, sin apoyo económico o institucional alguno, sobre la base de una muestra intencional de casos, propia de los estudios exploratorios, con expedientes de reclamos administrativos presentados,  a algunos de cuyos protagonistas entrevisté. [2] (Scialpi, 1999)

 Cuando el empleo de la fuerza y la voluntad de doblegar al otro, es perpetrado, en democracia y en las instituciones estatales, precisamente “por quienes tienen la responsabilidad social y legal de cuidar a los ciudadanos, de mantener el orden en su mundo, de preservar la estabilidad y predictibilidad de sus vidas (el Estado a través de sus agentes), la violencia tiene un efecto doblemente devastador y de largo alcance.” (Sluzky, 1994)

En ello debe hallarse,  a mi juicio, su máxima peligrosidad. Su funcionalidad es clara: este tipo de violencia, que denominé “violencia político-burocrática”,  asoma como condición  necesaria para el desarrollo de la corrupción, fenómeno éste que comienzan a combatir los propios organismos multilaterales de crédito y las grandes corporaciones multinacionales que reclaman más respeto a las mejores reglas y prácticas internacionales.

 

2. El problema a abordar

El sector público ha experimentado durante la década de los años noventa, importantes transformaciones que remiten a procesos más amplios de cambio en las funciones y en las estructuras de los Estados. La República Argentina, “es posiblemente, el país en el que se han producido durante los años 90’, las transformaciones más radicales en la configuración, tamaño y papel del estado nacional. El caso argentino ha despertado un lógico interés de parte de los organismos multilaterales de crédito por difundir esta experiencia y señalarla como un modelo a imitar por otros países embarcados en procesos de reforma y modernización estatal, aún cuando no existe hasta la fecha una comprobación fáctica que permita efectuar afirmaciones comparativas”. Ignoramos  “si el modelo que emerge es el que marcará el destino de otros estados nacionales o es un simple modelo sui generis, transición hacia alguna otra forma de estado nacional apropiado para una época de globalización y, simultáneamente de subnacionalización, como la que estamos atravesando.” (Oszlak, 2000).

En ese contexto y más allá del interrogante planteado, la declarada responsabilidad de promover y contribuir a la configuración de un gobierno más efectivo y menos costoso, requiere, a mi juicio, como punto de partida, encarar la tarea ineludible de reflexionar en torno a la cultura de trabajo en la función pública.

A tal efecto, corresponde, a mi juicio, estudiar prácticas de violencia laboral en el empleo público nacional argentino, examinar su impacto sobre la salud de los agentes públicos y distinguir otros efectos y consecuencias sobre los resultados de la gestión gubernamental y sobre el sistema democrático.

Esta correspondencia obedece a un singular reconocimiento que realizan, actualmente, los organismos internacionales de salud, en el mismo contexto temporal de ajuste y transformaciones estructurales.

Los organismos internacionales de salud reconocen a la violencia como prioridad de salud pública. En sus diferentes manifestaciones, la violencia es considerada una  amenaza para la salud pública y un obstáculo para el desarrollo de las naciones.

            En informes especializados destacan que la violencia ha dejado de enfocarse indirectamente y de esconderse tras apelativos como “cuestiones de salud pública controvertida” y “hecho inevitable de la vida” para reconocerse como una epidemia soslayada que pronto superará a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo.

Tanto la Organización Mundial de la Salud, como el Banco Mundial, han estimado que los actos de violencia contribuyen al 15% de la carga mundial de enfermedad, pero destacan que no existen indicadores adecuados para medir su impacto total.  Las tasas de mortalidad por homicidio y suicidio, que son fáciles de obtener y sirven para hacer ciertas comparaciones entre países, no incluyen las muertes no registradas relacionadas con la violencia.

Para cubrir este vacío de conocimiento, la conceptualización, medición y análisis de las conductas violentas en diferentes contextos y la comprensión de sus causas y factores asociados, fueron establecidas como tareas urgentes encaminadas a orientar las acciones de salud pública en los referente a la prevención de la violencia y la atención a las víctimas y agresores.

Todos los organismos internacionales de salud subrayan la necesidad de profundizar en el conocimiento y la comprensión de la compleja trama de factores políticos, socioeconómicos, psicosociales y culturales que se asocian con la violencia y resaltan la importancia de fundamentar un enfoque integrado de prevención. Para ello consideran  prioritario la promoción y realización de investigaciones y el mejoramiento de los sistemas de información y registro.

            En América Latina, este impulso de los organismos internacionales, de estudiar las conductas violentas en diferentes contextos, se orienta primero al análisis de la violencia familiar – violencia en la pareja, hacia los niños, hacia personas ajenas a la familia -  y hacia aspectos de la violencia urbana. El Estudio Multicéntrico sobre Actitudes y Normas Culturales frente a la Violencia - proyecto ACTIVA- iniciativa interamericana de cooperación entre la Organización Panamericana de la Salud y centros de investigación de siete países,  es un claro ejemplo de ello. (Orpinas y de los Ríos, 1999 ) [3]

            Por otra parte, en Europa y EEUU la violencia en el lugar de trabajo, convoca la atención de los expertos desde hace sólo una década. Los conceptos de violencia laboral, mobbing, acoso moral y psicoterror, como fenómenos de patología laboral, comienzan a identificarse a partir de 1996.

Como es fácil advertir, si el estudio de las conductas violentas en diferentes contextos, es tarea urgente, más urgente aún resulta vizilibilizar, conceptualizar, medir y analizar  la violencia en las instituciones estatales donde construye modelo autorizado. Instalado en ese contexto, el fenómeno remite a la violación del padre en el contexto familiar. Se trata de no abandonar lo micro y lo cotidiano, como propone O’Donnell ,  de realizar una antropología de la democracia. Se impone advertir las consecuencias doblemente devastadoras de esta violencia, en este territorio.

Y también se trata de orientar las acciones de salud pública referidas a la prevención de la violencia y la atención a las víctimas y agresores. Se trata de garantizar la construcción de un estado más saludable, más racional, más democrático, más transparente, más justo, más humano.  

 

3. Modificaciones del perfil

La conceptualización de fenómenos de violencia en ámbitos laborales refiere a una problemática que comprende fenómenos y conductas violentas recurrentes, no-episódicos ni únicos. No obstante, no han sido este tipo de fenómenos repetidos y prácticamente naturalizados, los que han trascendido como ejemplos de violencia en el trabajo, sino determinadas tragedias únicas y singulares. Más aún el Primer Informe de la OIT sobre este problema “Violence at work”, de Chappell y Di Martino, (1998) afirma que  fueron dos tragedias ocurridas tan sólo hace cinco años, las que han estimulado la atención internacional prestada a la violencia en el lugar de trabajo  y las que han impulsado su abordaje como tema de estudio, investigación y debate. [4]

Los autores manifiestan que el aprendizaje ha sido en extremo doloroso por cuanto no podemos soslayar que ambas fatalidades han dejado una lección  a incluir en los antecedentes de toda reflexión y formulación de políticas de prevención de la violencia en el trabajo.

          En los EEUU, el homicidio se ha convertido en la segunda causa del total de muertes ocupacionales, y la primera causa con relación a la mujer. Las cifras del Reino Unido, de Alemania y Japón no son menos llamativas y muestran que el tema trasciende las fronteras de un país determinado. Ningún país puede considerarse ajeno al fenómeno, aunque ciertamente, algunas ocupaciones parecen más expuestas y algunos países más afectados. (Chappell y Di Martino, 1998)

La Revista de Administración Pública, de los EEUU define a la violencia ocupacional o violencia en el lugar de trabajo como “un daño intencional, violación u homicidio durante el curso del empleo” y afirma que las estadísticas disponibles revelan que este tipo de violencia resulta un riesgo significativo para muchos trabajadores cuyas consecuencias podrían ser más graves de lo que los datos sugieren. Las causas psicológico sociales están siendo exploradas pero, hasta el momento, no se ha realizado ningún esfuerzo sistemático para identificar factores de riesgo que pudieran ser particularmente relevantes para los empleados públicos. (Nigro, Waugh Jr., 1996)

La misma fuente sostiene que hay razones para creer que el sector público (norteamericano) está siendo cada día más amenazado por la violencia antigubernamental - clientes frustrados, grupos terroristas con motivos políticos, individuos que confrontan con la burocracia. El empleo público representa un 18% de la fuerza laboral de EEUU, los trabajadores públicos son las víctimas del 30% de los casos de violencia en el trabajo durante los años 1987-1992.

La revisión del estado del arte del conocimiento en materia de violencia ocupacional  en los Estados Unidos, advierte que la guía que ofrece a los empleadores públicos es limitada. Como conclusión, se admite que los requerimientos de investigación habituales, requieren la conformación de una base de datos nacional  sobre OVC (Occupational Violent Crime) que incluya información sobre variables psicológicas, sociales, organizacionales y otras. Y por último resaltan que los empleadores públicos deberían asumir el liderazgo en el esfuerzo de prevenir la OVC y enfrentar sus consecuencias. (Nigro, Waugh Jr., 1996)

Por último, cabe destacar dos cuestiones importantes 1) la mayor parte de los empleadores – públicos o privados  se resisten a la idea de trata la Violencia Ocupacional como un problema organizacional. 2) Los estudios empíricos sobre violencia ocupacional en los EEUU son limitados. Una tercera cuestión es la identificación de profesiones peligrosas. Paradójicamente los trabajadores de la salud, parecen llevar la delantera en materia de ataques y violencias en el lugar de trabajo. (Nuevas Regulaciones sobre Daños, Enfermedades y Peligros, del año 1995. “Riddor”) (Labour Research, 1998) 

Según el Primer Informe de la OIT  – “Violence at Work” - la variedad de conductas que pueden ser comprendidas dentro del concepto de violencia laboral es tan extensa, la línea fronteriza que separa las conductas aceptables de las que no lo son, es tan vaga y la percepción en diferentes contextos y culturas de lo que constituye violencia, es tan diversa, que resulta un verdadero desafío tanto describir como definir el fenómeno que enfrentamos. (Chappell y Di Martino, 1998)

          Para los expertos autores del Informe  “Violence at Work”,  la violencia en el lugar de trabajo incluye una amplia gama de conductas que comprende  29 ítems: 

 

Ejemplos de Conductas Violentas en el Trabajo  [5]

 

1.       Homicidio                                            

2.       Rapto /violación

3.       Robo

4.       Heridas

5.       Golpes

6.       Ataques físicos

7.       Patadas

8.       Mordiscos

9.       Cortes/puñetazos

10.    Escupidas

11.    Rasguños

12.    Apretujones/pellizcones

13.    Acoso, incluido el abuso sexual y racial

14.    Bullying (matoneos/

15.    Mobbing (

16.    Victimizaciones

17.    Intimidaciones

18.    Amenazas

19.    Ostracismo

20.    Mensajes ofensivos

21.    Posturas agresivas

22.    Gestos rudos

23.    Interferencias en la tarea o equipos

24.    Conductas hostiles

25.    Blasfemias

26.    Gritos

27.    Nominaciones

28.    Insinuaciones / Indirectas

29.    Silencios deliberados

 

         De lo expuesto advertimos que, hasta la fecha, existe una zona ambigua, de confusión cuando hablamos de violencia en el lugar de trabajo y/o violencia laboral..¿Debemos entender que la injuria, el daño intencional o el peligro, es perpetrado por terceros  ajenos al empleo en cuestión? (clientes, beneficiarios, público o usuarios en general, individuos ) y/ o distinguir la violencia propia de la organización laboral en la que participan empleados y empleador, (problema organizacional/estructural). Las tragedias mencionadas, de Escocia y Tasmania, se verificaron en un “lugar de trabajo”, pero corresponde - y hasta la fecha esta  compleja distinción no se ha realizado - definir si, y/o cuándo, los riesgos son inherentes al empleo/ocupación.

        Por añadidura, comienza a visibilizarse un fenómeno que agrega mayor complejidad al desafío conceptual planteado. Chappell y Di Martino sostienen que en los últimos años, denuncias provenientes de países como Australia, Austria, Dinamarca, Alemania, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, dan cuenta de una nueva forma colectiva y sistemática de violencia. Esta consiste en tomar a una persona de “blanco” de hostigamiento y acoso  psicológico persistente, que conllevan críticas, aislamiento, chismes, injurias y ridiculizaciones.   El impacto de este tipo de conductas es devastador.

 

 4. Vacío estadístico

                Hasta la fecha,  no existen estadísticas confiables sobre violencia en el trabajo. Este vacío es explicable, en parte, (porque debe agregase a la falta de acuerdo conceptual ) a la ausencia de responsables específicos en la mayoría de los países. (Chappell y Di Martino) [6]

            En la actualidad, una de las más importantes fuentes de información oficial sobre violencia en el trabajo es la que proviene de la Encuesta Internacional del Crimen “IC (V) S” , un estudio multinacional comparativo que comprende, hasta ahora, a más de cincuenta países. La encuesta es coordinada por un equipo de trabajo internacional, compuesto por representantes del Ministerio de Justicia de Holanda, el Instituto Nacional Interregional de Investigaciones Criminales y Judiciales (UNICRI) y la Home Office del Reino Unido.

            En un cuadro de resultados, a  tres columnas (1) asaltos a varones en los lugares de trabajo, 2) asaltos a mujeres en los lugares de trabajo y 3) incidentes sexuales y presenta datos de más de treinta países y regiones ) Argentina ostenta el tercer lugar, con relación a asaltos padecidos por varones en el lugar de trabajo;  el primer lugar de la columna de asaltos a mujeres y el segundo lugar en la columna relativa a incidentes sexuales.  En ésta última Francia ocupa el primer lugar. (Chappell y Di Martino, 1998)

 

5. Falta de acuerdo conceptual

            El desafío actual y la mayor dificultad para realizar cualquier análisis y construir una base de datos estadísticos  sobre este tema,  provienen de la falta de acuerdo en las definiciones de violencia, de trabajo y de lugar de trabajo.

El término violencia y el término agresión, se usan  indistintamente,  siendo el primero más común en el área de la justicia criminal y el segundo más habitual en el campo de la salud.  En un intento realizado por comprender y prevenir la violencia, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos definió la violencia o la conducta agresiva, como “ la conducta llevada a cabo por individuos con la intención de amenazar, atentar o infligir daño físico en otras personas o a sí mismo”.  Esta definición excluye la violencia dirigida contra la propiedad (que representa un ítem significativo en el lugar de trabajo) y excluye la violencia de naturaleza psicológica, que comprende el abuso emocional, y la inflicción de ansiedad y miedo. La misma definición excluye  el delito del trabajo en sentido amplio, concepto que comprende delitos no-violentos como robo, fraude, desfalco o peculado. 

              El Informe de la Oficina Internacional del Trabajo de Chappel y Di Martino, al que hago referencia, destaca la importancia de atender este problema y llama a 1) repudiar la violencia en el trabajo 2) hacerla visible; 3) instalarla como cuestión pública; 4) discutir estrategias concretas de acción para atenderla y 5) convocar a la acción internacional.

 

6.  Conceptos de  reciente generación

Mobbing:  El término mobbing, ( proveniente de la lengua inglesa, del verbo “to mob” ( atacar, asaltar)  y de la etología, en tanto refiere al comportamiento de algunos animales que, generalmente, acosan minuciosamente a un miembro del grupo para alejarlo)  agrupa una diversidad de comportamientos que tiene entre ellos un fondo común: la modalidad agresiva y vejatoria tendiente a la eliminación de un trabajador de la empresa. Una suerte de terror psicológico ejercido en el lugar de trabajo. [7]

Las formas en la que suele presentarse son variadas y de las más sutiles: el aislamiento físico del trabajador, la marginación a través de la hostilidad y la falta de comunicación; la difusión de conceptos peyorativos; la asignación de tareas humillantes, descalificadoras o de muy difícil concreción; el menoscabo de la imagine del empleado frente a sus colegas, clientes o superiores, los cambios continuos, etcétera.

Todas estas modalidades de acoso a la identidad e integridad psíquica del trabajador, obviamente no constituyen, por sí mismas, ninguna novedad. Probablemente, lo que ha concitado la atención de los juristas europeos – y en definitiva la conceptualización misma del “mobbing” – ha sido el análisis del problema sobre la base de la repetición de estos hechos – muchas veces difusos – en un lapso suficientemente prolongado.

La importancia del concepto  “mobbing”, consiste en haber encontrado un nombre y una definición bajo los cuales es posible agrupar – en una categoría unificante – una serie de comportamientos basados sobre la violencia moral y la persecución psicológica que tienden a desacreditar, discriminar o dañar al trabajador.

En Italia, hasta la fecha se han presentado cinco proyectos de ley sobre el problema del “mobbing” y hay jurisprudencia sobre la materia, que referencio al final de esta nota. 

 

Psicoterror . En Suecia, el psicólogo del trabajo Heinz Leymann, investigador de procesos como los que venimos describiendo, utiliza el concepto de “psicoterror”. Un estudio de Leymann, de 1990,  citado en un Informe de la OIT,  establece que en este país, el hostigamiento psicológico en el trabajo origina entre el 10% y el 15% de los suicidios registrados. (Chappell y Di Martino, 1998)

 

7. El “acoso moral” visibilizado en el servicio público de Francia

          En Francia, se advierten los efectos negativos de la violencia  laboral sobre la salud de las personas y se admite un costo económico que, no obstante,  no se ha evaluado con exactitud. La especialista Marie France Hirigoyen  acuñó el concepto “acoso moral” para describir un proceso de maltrato psicológico mediante el cual  “un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro y el ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero asesinato psíquico”.  Según ella, “por acoso en el lugar de trabajo hay  que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo." (Hirigoyen, 1999)

También sostiene que "cuando el proceso de acoso en la empresa se instaura, la víctima es estigmatizada: se dice que el trato con ella es difícil, que tiene mal carácter o que está loca. Se considera que su personalidad es la responsable de las consecuencias del conflicto y la gente se olvida de cómo era antes o de cómo es en otro contexto.”  Más aún, “las víctimas, al principio y contrariamente a lo que los agresores pretenden hacer creer, no son personas afectadas de alguna patología o particularmente débiles. Al contrario, el acoso empieza cuando una víctima reacciona contra el autoritarismo de un superior y no se deja avasallar. Su capacidad de resistir a la autoridad a pesar de las presiones es lo que la señala como blanco”. 

En su más reciente trabajo “Malaise dans le travail . Harcèlement Moral. Démêler le vrai du faux”, la experta da cuenta de las características que asume el acoso moral en el servicio pública de Francia.  (Hirigoyen, 2001) [8][9]

 

8. La violencia laboral en la Administración Pública Central Argentina

 “La transformación del carácter protector en carácter violento ocurre en un contexto y en un discurso que destruye o falsea los significados y deniega esta transformación." (Sluzky, 1994)

En la Administración Pública Argentina, esta transformación se verifica.  La  violencia es ejercida por quien tiene la obligación de proteger. Situación análoga a la que ocurre en el contexto familiar, cuando el padre (que tiene la obligación legal y moral de proteger a sus hijos) viola a su hijo/a.

La definición de violencia política de Sluzky, que subraya la transformación de la fuente de protección en fuente de terror en un contexto engañoso, lejos de ser específica de la violencia política, borra, según afirma Sluzky, buena parte de la distinción entre la (macro) violencia política y la (micro) violencia familiar y permite abarcar un amplio espectro de situaciones, dentro del cual  ubiqué la  “violencia político-burocrática”. (Scialpi, 1999) 

"La calidad siniestra y el efecto traumático devastador de la violencia familiar y política son generados por la transformación del victimario de protector en violento, en un contexto que mistifica o deniega las claves interpersonales mediante las cuales la víctima reconoce o asigna significados a los comportamientos violentos y reconoce su capacidad de consentir o disentir.” (Sluzky, 1994)

En la Administración Pública Argentina, el procedimiento de la re-rotulación es tan habitual, que termina normalizado y naturalizado . Esto significa re-significar las conductas y hacer de esta re-significación,  algo normales y natural. La resignificación es un modo de justificar lo injustificable. En este contexto, se llega a calificar de "persona equilibrada" o "persona que sabe adaptarse a las circunstancias " (entendido como elogio) a la persona que no cuestiona las abiertas violaciones a las normativas vigentes, ni mucho menos las arbitrariedades, algunas de ellas incluidas (avaladas y consolidadas) en las  mismas normativas vigentes.[10]

La violencia adquiere características devastadoras cuando el acto de violencia es re-rotulado:  ej: “Esto es organización y capacitación para la eficiencia y la eficacia ” y su efecto, sea dolor físico, o emocional, es negado o mistificado. El corolario de valores es redefinido: ej: “ De esta manera estamos modernizando el Estado." La re-rotulación corre por cuenta del violento, quien atribuye a su conducta un significado diferente del que realmente tiene.

El modelo general de Sluzky resultó, a mi juicio, un instrumento preciso y oportuno para mi estudio del territorio de la Administración Pública, entendido como ámbito laboral. Ese modelo me permitió verificar la existencia de diversas modalidades de conductas violentas a las que, genéricamente y previa reformulación de la definición, denominé  violencia político-burocrática, en atención a que es perpetrada en una burocracia dirigida por políticos. 

 

9. La “violencia político- burocrática” , una violencia laboral específica   

 

Entiendo por violencia político-burocrática a un tipo específico (variante)  de violencia política, perpetrada (sobre los agentes del sector público), por funcionarios políticos de la Administración Pública y por agentes de alto rango (Personal Jerárquico y/o con funciones ejecutivas/con personal a cargo) que tienen la responsabilidad social, legal y (en este caso) administrativa de cuidar a los trabajadores del Estado y de cumplir y hacer cumplir las normas administrativas vigentes. Este tipo de violencia político-burocrática es fortalecida y perpetuada además por el apoyo de no-decisores que convalidan dichas prácticas.

En cualquiera de sus muchas variantes, esta violencia política-burocrática tiene un efecto devastador y de largo alcance en quienes han sido y son sus víctimas. Este efecto se deriva de la coexistencia de dos factores a saber  a) Que la violencia político-burocrática es perpetrada, precisamente por los funcionarios políticos y aún por Personal Jerárquico (de planta) y administrativos de carrera de alto rango de la Administración Pública, quienes tienen la responsabilidad de respetar y hacer respetar las normas administrativas vigentes. b) Que la transformación del carácter protector en carácter violento ocurre en un ámbito laboral y en un discurso que destruye o falsea los significados y deniega esta transformación.

            El aprendizaje social le impone al agente respetar a su superior, lo que conlleva la ideología (creencia) de que tiene la obligación de complacerlo, subordinándose a todo capricho o impulso del superior. Implícita e históricamente muchos agentes ( ¿la mayoría?) han incorporado este "deber de complacer" . Esto significa no discutir en situaciones de trabajo y aceptar las re-rotulaciones (resignificaciones) de las conductas que realizan los jefes. La población afectada desempeña sus tareas en el desamparo aprendido. (Scialpi, 1999)

 Ese desamparo encubre y perpetúa “la existencia y el funcionamiento de las relaciones violentas más frecuentes y cotidianas de nuestra sociedad, donde no se ve el ejercicio de la fuerza material y por ello han sido naturalizadas, normalizadas.”(Izaguirre, 1998)

Esta violencia no-accidental requiere de un contexto en el cual algunos miembros del sistema tienen el poder de decidir - poner en acto - qué es lo que va a ser validado como "real" para todos los miembros del sistema administrativo público. Por lo mismo, la persona (se trate de profesionales, científicos, técnicos, empleados administrativos o personal de maestranza) es negada o invalidada en tanto "sujeto social" y es tratada como "objeto social". Cuando ocurre esto, cuando las instituciones que deben proteger, causan daño, lo hacen de una manera tal que, la violencia y el daño quedan mistificados y justificados, llegando incluso a desfigurar el Estado de Derecho.

 

10.     Los métodos de la violencia político-burocrática 

Estas son algunas de las modalidades de violencia político-burocrática que padecen los agentes de la Administración Pública Central Argentina. Salvo el último ítem, todas fueron identificadas e incluidas en la investigación publicada en 1999.

 

·         Abierta violación de normas vigentes.

·         Criterios irracionales de selección de personal.

·         Concursos espurios.[11]

·         Asignación clientelar, corporativa o amiguista de los cargos de dirección en el aparato estatal y de los gastos reservados.

·         Coexistencia de 64 escalafones o sistemas de empleo  vigentes [12].

·         Escandalosas desigualdades salariales aún para agentes que deben ser graduados universitarios y desarrollan funciones similares de organización, planeamiento y control pero pertenecen a plantas permanentes y escalafones distintos. [13]/ [14]

·         Existencia de regímenes de privilegio y de onerosas consultorías financiadas por organismos internacionales que contribuyen a aumentar la deuda externa.

·         Sistema de capacitación con "clientela cautiva".

·         Desaliento a la excelencia profesional mediante criterios perversos de equivalencias para la capacitación externa al Instituto Nacional de la Administración Pública.

·         Becas de estudio - incluidas maestrías costosas - no difundidas y reservadas sólo para los amigos/as de los jefes de turno.

·         Evaluaciones de desempeño del personal  con "cupos".

·         Unidades retributivas (sobresueldo) distribuidas a criterio del jefe político.

·         Sumarios injustificados.

·         Desprecio y destrucción de la producción elaborada por los agentes.

·         Infrautilización de capacidades individuales

·         Hacinamiento laboral y Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo degradantes. .[15]

·         Inadecuación del mobiliario, y  falta de lugares destinados para el almuerzo de los trabajadores que comen sobre el escritorio, atendiendo, a veces, simultáneamente al público.

·         Techo de cristal para las mujeres.

·         Desprotección a la maternidad. [16]

·         Acoso sexual como salvoconducto para conseguir o mantener puestos de trabajo.

·        Ausencia del obligado  pronunciamiento administrativo frente a los reclamos (administrativos) presentados por los agentes.

·        Amenazas de toda índole (incluida la de asesinar a la víctima )[17]

 

 

11. La violencia laboral en el Convenio Colectivo  de Trabajo

A la luz de lo expuesto hasta aquí, me parece oportuno reiterar, que,  a mi juicio, reservar el término violencia laboral para tipificar sólo al acoso sexual contra las mujeres,  como lo hace el artículo 137 del Primer Convenio Colectivo de Trabajo General para la Administración Pública Nacional Argentina (artículo 137) con vigencia a partir del 1ro. de enero de 1999,   empobrece mucho el análisis y constituye una reducción inadmisible en la práctica laboral. [18] 

 

12. Verificación de la violencia en el empleo público nacional

Una diferencia interesante entre acoso moral (Hirigoyen, 1999) y violencia político-burocrática, (Scialpi, 1999)  denominación que utilicé para caracterizar a la violencia laboral (específica de ) perpetrada hacia los agentes de la Administración Pública Argentina, resulta complementaria y en tal carácter, doblemente útil.  Veamos:

No obstante haber visibilizado el fenómeno que denominó “acoso moral”  (“harcèlement moral” ) Hirigoyen descubre su mayor obstáculo en la dificultad que existe para hallar y organizar “pruebas flagrantes”. [19]  Más aún,  reconoce que  es probable que el acoso moral comience precisamente como consecuencia de la denuncia  efectuada y del trámite administrativo y/o judicial interpuesto por el agente público. Es su calidad de “resistente” la que induce a un superior o a un compañero, a tomar a una persona, como objeto o como “blanco” de  acoso moral.  (M.F. Hirigoyen, 1999) [20]

En nuestro medio, las dificultades e interrogantes que plantea la “traducción de la violencia en observables”, fueron consideradas y debatidas por Izaguirre.  (Izaguirre, 1998)

Mi conclusión : Resulta fácil advertir que para el fenómeno que denomino “violencia político-burocrática” existen “pruebas flagrantes”. Hay evidencias escritas - informaciones oficiales, normativas vigentes, expedientes, documentos, acordadas de la Corte Suprema, páginas oficiales de información en Internet – que ofrecen testimonios elocuentes de lo que ocurre. Más aún, muchas arbitrariedades manifiestas son legales.

Finalmente, tambíen los fenómenos de violencia político-burocrática de verificación probada, se presentan acompañados, en la mayoría de los casos, por conductas de acoso moral y mobbing, hostigamientos de orden psicológico más sutiles que resulta más difícil probar como ya se ha señalado.  

 

13. Violencias legales e ilegales

Corresponde entonces señalar esta otra distinción: entre violencias ilegales y legales. En tal sentido, el término violencias político-burocráticas incluye las arbitrariedades contenidas en normas administrativas vigentes – legales - además de a las ilegales, ya que por el hecho de estar contenidas en las leyes, no dejan de ser “violencias” .   [21]/ [22]

 

14. Violencia laboral y Salud : población potencialmente afectada 

La relación Trabajo-Salud y el impacto directo que tienen la violencia político-burocrática, sobre la salud de los agentes públicos, no ha sido estudiada. Cabe consignar que no existen, en la Argentina al menos, estudios específicos del impacto que el trabajo en la Administración Pública tiene sobre la salud del personal. 

Por otra parte, es importante aclarar que, actualmente, la forma de abordar la generación de conocimiento sobre la relación trabajo-salud, es problemática. Ello obedece, a que “una parte importante de la generación de conocimiento sobre la relación trabajo-salud y de la investigación epidemiológica sobre esta relación se restringe al estudio de los agentes nocivos aislados y las enfermedades específicas, mientras que la corriente que parte de una concepción social del proceso salud-enfermedad tiene problemas metodológicos en el diseño de sus estudios por la complejidad de las relaciones de determinación que esta concepción implica.” (Testa, Mario, 1991) [23]

Mi trabajo sobre las “Violencias en la Administración Pública”, entendida como ámbito de trabajo, me llevó a indagar y realizar una descripción pormenorizada de los efectos psicológicos de la violencia, efectos que organicé y presenté  en términos de escenarios teóricos posibles: a) discrepancia cognitiva b) procesos de ataque o fuga c) enseñanza–aprendizaje d)  lavado de cerebro e)  Síndrome de Estocolmo)  adaptando el modelo general de Sluzky que pone énfasis en dos variables mutuamente independientes: las consecuencias atribuidas a la violencia y su naturaleza aislada o repetitiva.  [24]

No existen datos que permitan evaluar debidamente el impacto que esta violencia causa en la salud física y psíquica de los agentes públicos. Algunos hallazgos surgidos de las entrevistas confirmaron ciertos "hallazgos anómalos" de investigaciones científicas recientes, de otros países, que muestran el significativo impacto que tienen sobre la salud de los agentes del sector público,  tanto la infrautilización de habilidades y capacidades individuales como el nivel que ocupan en el escalafón y la cada vez más desigual distribución de los ingresos.

            A mi juicio, los casos que estudié - sobre la base de expedientes administrativos  y entrevistas - remiten directamente  a los estudios realizados en otros países, que sugieren, por un lado, la existencia de un proceso causal subyacente correlacionado con la jerarquía per se del agente en el escalafón y por el otro, las graves consecuencias del estrés por la subutilización de capacidades potenciales que se expresa a través de distintas enfermedades. Las enfermedades concretas que enferman a los agentes son vías o mecanismos alternativos en lugar de causas. El factor causal subyacente es "la falta de autorrealización y autoestima que difiere bastante desde la cúpula a la base del escalafón y es mucho más compleja de medir que el "ausentismo", el "hambre" o la "inadecuación de la vivienda."

            Esto significa que esta verificación e identificación de modalidades de violencia político-burocrática conlleva, en cierto modo, una muy provisoria evaluación de impacto (los efectos)  de la violencia político-burocrática, sobre la salud de los servidores públicos. Así lo sugieren, las consignas provenientes de diversos ámbitos cuya orientación seguimos:

            1) "Las condiciones y Medio Ambiente de trabajo no actúan de forma independiente. El medio ambiente de trabajo, la organización, el contenido de trabajo, la higiene y seguridad, interactúan incrementando o disminuyendo los riesgos, las enfermedades y/o accidentes" y

            2) "Las alteraciones de la salud mental generadas por los distintos factores de estrés laboral influyen no solamente en el ambiente de trabajo sino también en el medio familiar y social."  (Rodríguez, 1990)

            No fue posible constatar - dentro del ámbito de la Administración Pública Central - la realización de estudios sobre la carga mental y la fatiga de trabajo, el estrés ocupacional o controles psicológicos como aconseja la bibliografía internacional con relación a estos ítems. En caso de comprobarse fehacientemente dicha falta de estudios, cabe preguntarse ¿será dicha falta el factor principal que está determinando la falta de conciencia de que la organización del trabajo, en la Administración Pública, constituye un "factor de riesgo" sobre el cual es posible actuar desde el propio trabajador para preservar la salud? [25]

            Uno de los efectos más graves ocasionados a las víctimas de violencia laboral recurrente y estructural,  de la Administración Pública, es el denominado síndrome de desamparo o de indefensión aprendida. [26]

Conviene admitir  que la sola existencia de ciertas condiciones sociales objetivas, por graves que sean, no es condición necesaria y suficiente para su reconocimiento como problema social. Es preciso, además, que esa condición “afecte a un número importante de personas de un modo considerado inconveniente y que la gente crea que puede y debe hacer algo para corregirla, mediante la acción social colectiva, en virtud de que es considerada socialmente indeseable.” (Horton, 1987)

Esta condición afecta a un número importante de individuos. El estado nacional argentino empleaba en 1998 a 291.235 agentes (1,8% de la PEA del país) (Oszlak, 2000). Y la población potencialmente afectada, son los empleados públicos de todo el país ( 1.813.381) un conjunto de asalariados que representan el 14,4 % de la PEA ocupada (asalariada) del país. [27]

Las condiciones sociales objetivas existen y también los antecedentes alentadores. En el tema de la violencia, como en otros fenómenos sociales, hay un largo camino que va desde el momento en que se identifica (y se visibiliza) una modalidad de violencia  como problema social  hasta que se elaboran marcos teóricos comprensivos y se toman decisiones para su atención y tratamiento.[28]

De forma análoga a la visibilización de la violencia familiar, la violencia en el trbajo, ha comenzado a hacerse visible. Por encima de las particularidades observables en cada sector de actividad, la conducta violenta en ámbitos laborales es verificable, aunque ocultada y no denunciada, como ocurrió con la violencia familiar.

Menos denunciada aún es esta violencia en la Administración Pública entendida como ámbito laboral, de la que hablo: donde es perpetrada, en democracia,  por quienes tienen el deber social y legal de proteger a todos los ciudadanos. La detección y la denuncia, adquieren carácter de emergencia social. Su tratamiento y corrección también. [29]

Creo firmemente que eludir esta parte sustancial de la conflictiva humana, subestimarla o minimizarla es una forma de justificación. Más aún no exponerla equivaldría a incurrir – a mi entender – en una “doble victimización” [30]. En tal caso estaríamos favoreciendo conscientemente el desarrollo y la perpetuación de estas formas de violencia que son, en rigor, formas de antidemocracia.  En igual sentido corresponde buscar y encontrar, de inmediato, cauces adecuados para prevenirla y corregirla. 

Las víctimas de esta violencia laboral en la función pública, no encuentran un cauce apropiado para sus reclamos. No existe una Oficina específica receptora de denuncias y carecemos de un plan integral para detectar, atender y prevenir este tipo de situaciones.  Mi investigación y la difusión de esta problemática apunta a lograr la atención de tan importante y urgente cuestión. [31]

 

15. Proyectos argentinos, legislación y jurisprudencia extranjera

El Senado de la Nación Argentina, cuenta con un proyecto de ley  cuyo objeto es “la protección de los derechos laborales de los denunciantes o testigos de delitos e irregularidades cometidos contra la Administración Nacional, que al tiempo de efectuar la denuncia, o de ser ofrecidos como testigos o de comunicárseles su inmediato ofrecimiento como testigos, revistaran como agentes permanente, transitorios o contratados, de cualquier categoría, en la Administración Nacional.” (Berhongaray, 1998)  

En los  fundamentos del proyecto se deja constancia que aún en tiempos como los presentes, en los cuales la corrupción administrativa parece campear en las administraciones públicas de muy diversos países – entre ellos, conforme la Organización No Gubernamental Transparency International, el nuestro – existen funcionarios públicos que en aras de la ética arriesgan su tranquilidad, su puesto, su honor y a veces su vida, para denunciar irregularidades y delitos que advierten en el ejercicio de sus funciones. Se trata – dice el proyecto – de los “whistleblowers” (según The Oxford Spanish Dictionary, Oxford University Press, 1994, “whistleblower” es la persona que denuncia la existencia de prácticas ilegales, corruptas, etcétera, dentro de su organización

En EEUU la Ley (Acta de Protección al Informante) sancionada en 1989,  protege a empleados que revelan información sobre “ilegalidades, abuso de autoridad, mala administración, desperdicio grosero o claros peligros a la salud o la seguridad del público. Un informante es alguien que hace una revelación legítima y legal de ese tipo de información”.[32]

El proyecto argentino afirma: “Existe en la Argentina,  un verdadero culto del silencio.  No, ciertamente del silencio que nace de la discreción, sino del silencio propio de la “omertá”. Quien presencia un delito o una irregularidad, debe callar, hablar es inadecuado, peligroso y hasta lesivo de las ‘buenas costumbres’.  El funcionario público que denuncia un acto de corrupción, sabe positivamente que no le espera una vida sencilla”. (Berhongaray, 1998)  

En Italia, hasta el 2000, ya han sido presentados cinco proyectos de ley sobre el problema del “mobbing” . También en ese país hay jurisprudencia de 1997 sobre la materia donde el damnificado recibió una suma en concepto de reparación. (M.F.D., 2000)         

Bajo la gestión gubernamental argentina actual, en 2000, un acuerdo de cooperación recíproca entre la Jefatura de Gabinete de Ministros y la SIGEN, firmado el 5 de junio, preveía el desarrollo de un Sistema de Información de Indicadores de Gestión, de acuerdo con lo previsto por los artículos 100, inciso 10 y 101, respectivamente de la Constitución Nacional. El Sistema incluía indicadores de gestión arbitraria de personal . Esta iniciativa quedó en suspenso tras el cambio de autoridades en la Jefatura de Gabinete,  ese año.  [33]

             A la fecha, julio de 2001,  ya está redactado el Proyecto de Ley contra la Violencia Laboral en el Sector Público,  del Senado de la Provincia de Buenos Aires.

Por último, al momento de escribir estas líneas asistimos a nuevos recortes en los salarios estatales. Ante tanto justificativo sobre la base del índice de “riesgo país” cabe preguntarse ¿cómo se mide el “dolor país” ? ¿Cómo se mide el sufrimiento a que somos condenados cotidianamente por la insolvencia no ya económica del país sino moral de sus clases dirigentes? ” (Bleichmar, 2001)

Es obvio que una Administración Pública edificada sobre la irracionalidad, la inequidad y la violencia, no puede distribuir otra cosa más que inequidad y violencia. Confiemos en que nuestros estudios, nuestras reflexiones y estos encuentros nacionales sobre Administración Pública, nos impulsen a obrar en consecuencia, ya que de nada nos servirá analizar para predicar aquello que no somos capaces de practicar.


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[1] Diana Scialpi. INAP. INAP Tel. (54-11)  4343-9001 interno 224/225  E-mail  dscialpi@sfp.gov.ar/ E-mail dscialpi@ciudad.com.ar    

 

[2] Incluí con nombre y apellido sólo el caso de la Dra. Susana Torrado. Su denuncia pública y debate periodístico de septiembre de 1993, con el entonces Secretario de Programación Económica, Lic. Llach,  aparece transcripta en la publicación de mi trabajo. 

[3] El Proyecto ACTIVA no abordó la violencia en las escuelas o lugares de trabajo ni violencia institucional.

[4] Los dos sucesos son: 1) La tragedia de la Escuela Primaria de Dunblance, Escocia, en marzo 1996. El asesinato de unos veinte niños, llevó al gobierno del Reino Unido a reformular las leyes de tenencia de armas de fuego y a rediseñar estrategias de seguridad en las escuelas. 2) La masacre en el Parque Nacional de la Isla de Tasmania, Australia, en abril 1996, donde fueron asesinadas treinta y cinco personas, entre ellas muchos empleados del Parque. Ejemplos raros y extremos, de intrusión de violencia en el lugar de trabajo que indujeron la redefinición de estrategias de prevención y de investigación.

[5] Traducción  propia, literal, del listado presentado por Chappell y Di Martino.

[6] No hay registros. Los datos compilados refieren por un lado, a Higiene y Seguridad en el Trabajo y  por otro a informaciones sobre crímenes provenientes de la justicia penal asociados a violencia.

 

[7] El trabajo de Donna R. Kemp:  “Mental Health in the Workplace”  da cuenta del incremento de los problemas psicológicos en el ámbito laboral. Por su parte, las conclusiones del XVII Congreso Argentino de Psiquiatría realizado en abril en Mar del Plata, subrayan  la preocupación que provoca la influencia del contexto socioeconómico sobre la salud mental de los trabajadores y de la población en general  (La Nación, Ciencia y Salud, 2/5/2001) 

[8] Aún no hay traducción al español.

[9] Por razones de espacio no transcribo dichas características.

[10] Las arbitrariedades pueden ser ilegales o aún legales como expondré más adelante.

[11] Sobre los efectos de los concursos espurios a nivel personal y social,  véase Puget y otros,  1993.

[12]  Oszlak  (1994)  sostiene que la Argentina es el único país latinoamericano donde coexisten al menos cuatro formas diferentes a través de las cuales los gobiernos de la región han intentado introducir cambios para mejorar la calidad de sus administraciones públicas. De esta manera, hemos llegado – según la DINEI, INAP, 1995 - a  la coexistencia de más de treinta regímenes escalafonarios para la Administración Central y más de sesenta en el ámbito de la Administración Pública Nacional. 

[13] Sobre este particular, véase “Cuánto ganan los empleados públicos” (Redondo-Scialpi, 2000)  y  “La violencia en la gestión de personal de la Administración Pública como condición necesaria para la corrupción” (Scialpi, 2001)

[14] También existen, en el empleo público nacional y provincial, amplias variaciones en los valores pagados a funcionarios de nivel equivalente, según trabajen para el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial Son incomprensibles los tratamientos diferenciales entre personal permanente y contratado y también graves otras distorsiones salariales resultantes del “nepotismo político”.  (Oszlak, 2000)  

[15] Denuncia del Juez Niño y otros. En el lugar de trabajo carecen de instalaciones sanitarias (baño)  y de  agua corriente. Carta Abierta, firmada, a la Revista Tres Puntos, del 27 de abril de 2001

[16] Véase el caso de una empleada judicial quien no obtuvo licencia por maternidad por haber dado a luz un hijo muerto. La acordada de la Corte Suprema de la Nación,  “no contempla el nacimiento sin vida”  (Mercado, Matilde, 2000) 

[17] Los abogados del titular de la Sindicatura General de la Nación realizaron denuncia pública de la intención de asesinar al Sindico General de la Nación, alertados por un fax anónimo enviado a la SIGEN, que daba cuenta de las  características que adoptaría el “operativo”. Revista Tres Puntos, 17/5/ 2001.

[18] Decreto 66/99. Boletín Oficial 26/2/99.

[19] De todas maneras su libro incluye consejos prácticos para la empresa, que contemplan cómo resistir psicológicamente y cómo hacer que intervenga la justicia. 

[20] El Informe de OIT, señala que en  Suecia , el hostigamiento psicológico en el trabajo origina entre el 10% y el 15% de los suicidios registrados. Leymann construyó un Inventario de Terrorismo Psicológico, con 45 ítems operativos. Utilizando dicho parámetro, algunos estudios obtienen cifras que varían entre un 3% y un 7%. Si se considera la definición de acoso moral construida por Hirigoyen, las cifras obtenidas alcanzan entre 9% y 10% . Los resultados difieren conforme la metodología que se use.

[21] Un ejemplo de violencia político-burocrática legal da cuenta de cómo el propio Estado  propicia actitudes discriminatorias. La interpretación del decreto 92/95, de aplicación general, colocó a  seis mujeres embarazadas, contratadas bajo ese régimen, ante la férrea opción de abortar o perder el trabajo. Tal como surge de la nota elevada por el Instituto Nacional contra la Discriminación, al Jefe de Gabinete de Ministros sería absurdo que el decreto 92/95 dispusiese que  “queda prohibido injuriar a maltratar a los contratados o cometer delitos contra ellos mismos o que dispusiese excepciones referidas a la protección de la vida y de la maternidad, que están impuestas por normas constitucionales. La negación de la Corte Suprema de la Nación, a otorgar la licencia especial por parto a una empleada del Poder Judicial de la Nación que dio a luz en término a un hijo nacido muerto, es otro ejemplo de violencia legal. (Mercado, Matilde,  2000 )

[22] La Procuración del Tesoro ofrece en su página de Internet, un amplísimo listado de beneficiarios de jubilaciones de privilegio, (violencias legales) Hay quienes perciben al mismo tiempo, otros ingresos como activos. Web: www.ptn.gov.ar 

[23] La indagación del Dr. Mario Testa sobre el trabajo como determinante de la enfermedad, en el estudio de los trabajadores siderúrgicos de México, resulta muy ilustrativa. El Dr. Testa trabajó con una versión modificada de la metodología participativa conocida como el Modelo Obrero, y se enfocó a generar un conocimiento integral sobre los procesos y cargas laborales y los daños a la salud presentes en la fábrica en estudio. Las características de los procesos laborales desarrollados en la empresa se traducen la presencia simultánea de los cuatro tipos de cargas laborales – físicas, químicas, fisiológicas y psíquicas. El trabajo incluye la descripción de “indicadores sintéticos” que permiten aproximarse con una medida sintética al impacto en la salud de un proceso de trabajo completo. Un tipo de “indicador sintético” es la “antigüedad en la fábrica” lo que permite distinguir grupos en función del tiempo que han estado inmersos en un determinado proceso de trabajo, lo que significa estar sujeto a su lógica global y expuesto a una combinación particular de riesgos específicos.

[24] No es posible incluir aquí la descripción detallada de los escenarios teóricos enumerados en mi trabajo.

[25] Los valiosos Seminarios Nacionales Tripartitos sobre Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo, realizados en la Argentina, entre 1984 y1988 no incluyen al Sector Público. Los sectores de actividad estudiados fueron  Agricultura / Construcción y Grandes Obras de Infraestructura / Pequeñas y Medianas Empresas de la Industria Manufacturera / Minería / Pesca / Industria de la Madera (Aserraderos) /Fundición del Hierro y el Acero / Industria de Curtiembres y otros. Ver  Rodríguez, Carlos A. 1990.

[26] La denominación pertenece a Martín Seligman. Las conclusiones de sus experimentos con animales fueron aplicables al estudio del instinto de fuga ( y de defensa)  de los seres humanos. Lenore Walker utilizó el mismo principio para explicar el síndrome de la mujer golpeada/maltratada.   

[27] Encuesta SIEMPRO-INDEC, 1997. Cuadro 5. Mercado Laboral.

[28] En la Argentina, el fenómeno de la Violencia Familiar comenzó a hacerse visible en 1984. Hasta esa fecha el fenómeno existía pero nadie hablaba de él. Hoy, la sociedad cuenta con una serie de estrategias y acciones colectivas que incluyen intervenciones de diversas disciplinas - jurídicas, médicas, psicológicas, sociales, culturales - destinadas a prevenir, atender y reparar situaciones de violencia familiar.  La Universidad de Buenos Aires, cuenta con una Carrera de Posgrado de Especialización en Violencia Familiar. Se han creado Comisarías de la Mujer para receptar denuncias específicas. Se han sancionado nuevas leyes de amparo y contamos hoy con espacios terapéuticos y rehabilitadores donde funcionan “talleres” para mujeres golpeadas y “talleres” para hombres violentos. ¿Por qué no podemos generar, del mismo modo, estrategias y prácticas reparadoras para la violencia en diferentes ámbitos laborales y en particular para la violencia en las instituciones estatales, que se constituyen en modelo autorizado ? 

[29] La Jornada Pública de Violencia en el Trabajo, llevada a cabo en el Paseo La Plaza de la Ciudad de Buenos Aires, el 1/11/2000,organizada por la UCES, se constituyó en foro público de denuncias de denuncia con testimonios del Dr. Nelson Castro, el Dr. Germán Bidart Campos, el Dr. Fernando Ulloa, el Dr. Carlos Aníbal Rodríguez, la Lic. Inés Izaguirre, y de participantes extranjeros.

[30] “Doble victimización” se denomina al maltrato ejercido por personas allegadas o no a la víctima, profesionales y aún instituciones a quienes la víctima recurrió en busca de ayuda, los cuales validan el maltrato denunciado por la víctima. Es muy frecuente en el caso de las mujeres golpeadas. (Corsi, 1994)

[31] En la búsqueda de caminos de salida alternativos, diseñé y presenté un Proyecto de Programa Nacional de detección, prevención y corrección de la violencia, el acoso moral y el hostigamiento laboral, proyecto que cuenta con el apoyo de la Adjuntía de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, y que está a la espera de recursos para su implementación y puesta en marcha.

[32] La Ley de EEUU sólo protege a empleados del Ejecutivo y no de los poderes Judicial y Legislativo.

[33] Al momento de escribir estas líneas ya está redactado el Proyecto de Ley contra la Violencia Laboral en el Sector Público, que será presentado en el Senado de la Provincia de Buenos Aires.