BASES PARA LA CALIDAD DEL SERVICIO PÚBLICO
Prof. Cr. Gustavo E. Wierna - Prof. Nélida María Maero de Ceriani *
El gobierno:
¹ El juez sabio adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está regulada
² Según el juez del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes, ³ El Rey sin instrucción arruina a su pueblo. La ciudad se edifica sobre la prudencia de sus dirigentes.
Eclesiástico 10
La Organización de la Administración Pública:
El sujeto:
No cabe duda que el fin para lo cual existe la Administración Pública es para organizar la satisfacción las necesidades que el hombre por si solo no podría satisfacer, sin la ayuda de sus prójimos utilizando las formas de organización, los medios y la acción conjunta y ordenada de la Sociedad.
Don Alberto Arévalo, con la claridad conceptual que lo distinguía, nos decía, que si bien existen distintas doctrinas para caracterizar la Administración Pública, al final la misma puede sintetizarse diciendo que es organización administrativa que asume el Estado para satisfacer las necesidades del pueblo, aplicando con justicia y eficiencia los bienes que detrajo de la Comunidad.
Pero lo que muchas veces marginamos, por considerarlo incluido, como el componente básico en el término pueblo: es al hombre, y sin el hombre no existirá, el pueblo, ni el Estado y menos la Administración Pública.
Sin entrar a considerar su origen, por no hacer a la materia de este trabajo. Partamos de la realidad que nos muestra que el hombre existe, y que por ser «el hacedor de las cosas», es el factor necesario el avance de las ciencias, las artes y las técnicas, por cuanto es el componente primario de sociedad humana.
El Diccionario de la Real Academia Española define al hombre como "ser animado racional". Bajo esta primera acepción se encuentra comprendido todo el género humano. Al considerarlo "animado" nos dice que está "dotado de alma", y llegar a la conclusión que "racional" nos recuerda que somos integrantes del reino animal pero dotados de razón, entendimiento y libertad. El hombre posee capacidad para el asombro, para amar y para odiar. Hasta la fecha, y de acuerdo a lo hasta ahora es conocido, como el único animal sobre esta tierra que posee la facultad de comunicarse, con el presente por, su lengua, sus hechos y sus escritos, con el pasado por el legado histórico que nos dejaron, y con el futuro, por sus obras.
Podemos decir, sin margen de error, que el hombre es el ser racional dotado de alma y cuerpo, con capacidad de asombro, lo que le permite avanzar en el conocimiento de las ciencias, las técnicas y las artes. Mediante el dominio de éstas llega a modificar la naturaleza que lo rodea. Su capacidad de amar y de odiar lo convierte en un ser social, que solamente puede llegar a su plena realización en sociedad con la ayuda de sus semejantes. Basta para comprobarlo pensar que es uno de los integrantes del reino animal que nace más indefenso; al instante de su nacimiento, si no cuenta con la ayuda de otro ser, inevitablemente muere.
Una de las condiciones que distingue al hombre del resto de los animales, es su capacidad natural para aprender, imitando a quienes le rodean y enseñando lo aprendido a los demás. Por eso podemos decir que el derecho de aprender y la obligación de enseñar son atributos propios de la naturaleza del hombre.
Su condición de ser social y su capacidad para el aprendizaje lo constituyen en la "causa eficiente de la prospectiva"(1) puesto que, sin la existencia del hombre, el progreso hubiera sido imposible. Su libertad y capacidad para obrar conforme a los dictados de su conciencia lo constituyen en sujeto responsable, tanto de la vida en comunidad como de la conservación de las especies y del medio ambiente.
Debemos considerar al hombre siempre como una unidad, una totalidad de alma y cuerpo, que vive en sociedad. Inclusive el anacoreta, que se aísla en un lugar solitario, entregado enteramente a la contemplación o a la penitencia, encuentra en esa forma de vida la manera de ser parte de la sociedad.
Dentro del hombre existe una lucha permanente, un enfrentamiento donde aparecen en pugna dos bandos contrarios. Por un lado, en nuestra Conciencia, acompañada por la Sindéresis, encontramos las virtudes y los valores infundidos en nuestra alma por la Ley Natural y por las normas sociales dictadas por nuestros semejantes. Por el otro, los vicios que son propios de la naturaleza humana y de la convivencia social, que conspiran para que el hombre no consiga su felicidad, por cuanto al ser el sujeto de la Sociedad transmite a las instituciones sus virtudes y sus defectos.
EL ESTADO
“Una extraña manía del hombre es la de crearse dificultades para tener el placer de resolverlas. No le bastan los misterios que por todas partes lo rodean; rechaza también las ideas claras y todo lo torna problemático, no sé qué astucia del orgullo, es aquella que le hace considerar como indigno de creer lo que todos creen y el hombre aislado no es, en absoluto el hombre de la naturaleza ni es la especie humana” (2).
Según las Sagradas Escrituras, Dios creó al hombre para que sea feliz, crezca y domine la Tierra.. Pero para poder vivir en sociedad los hombres tuvieron la necesidad de crear las instituciones que les permitieran: convivir y mantener su libertad como individuos y como integrantes de una sociedad, que le sirva de ayuda en la búsqueda del bien común para gozar de la Paz Social. Para ello tuvieron, tienen y tendrán que asumir obligaciones personales y sociales, ejerciéndolas en forma tal que le permitan el logro de un estado de felicidad que los conduzca a realizarse como personas humanas, aptas para vivir en sociedad.
Así nació primero la organización familiar, la Tribu, el Clan y finalmente los Estados. Buscando la finalidad concreta de posibilitar la vida organizada de los hombres, en el espacio de la existencia real donde transcurre toda su vida terrena sin perder de vista el destino trascendente del ser humano.
El hombre en su calidad de sujeto de la creación tuvo que recurrir a lo único que conocía: a su propia naturaleza, infundida por el «soplo vital» con el cual el Creador de las cosas lo dotó de inteligencia para conocer el bien y diferenciarlo del mal, la libertad de poner en movimiento la voluntad y la conciencia necesaria para asumir sus propias responsabilidades.
Al encontrase el hombre frente a la misión impuesta de: crecer, multiplicarse y dominar la Tierra. Su condición de “ser social” le enseñó que él sólo, sin la ayuda permanente y perdurable en el tiempo de sus semejantes, no podría cumplir el mandato Divino, y creo, con la única experiencia que poseía: su imagen y semejanza el Estado, dotándolo de una personalidad propia colectiva, distinta de las de cada ser físico, para que obre en nombre de todos los hombres.
Partiendo de la familia, pasando por la tribu y el clan fueron naciendo las ideas de las distintas formas de estructurar esa creación social, (que puede estudiarse a través de la historia). Se consideró como un gran avance que los pueblos optaran por un Estado, donde el ejercicio del Poder se asiente en tres órganos, uno que dicte las leyes y que sea distinto de quién las ejecute y un tercero que tenga potestad para juzgarlas y entre ellos controlarse mutuamente para establecer un equilibrio justo.
El hombre asignó a esa persona ideal que creó la denominación Estado, y la dotó de una hacienda, que pertenece a todo el pueblo y con la cual deben satisfacerse las necesidades colectivas que el hombre por sí solo no podría satisfacer.
Sin embargo, para que la estructura creada pueda funcionar, es imprescindible el trabajo de la persona física que posea la capacidad de distinguir el bien del mal, y la libertad para obrar dentro de un marco ético y jurídico establecido.
El Estado, al igual que todas las personas de existencia ideal, necesita como una ‘necesidad de medio’ (3) el auxilio de las personas físicas y el de las organizaciones que para ello ha creado. Sin esa presencia, su existencia es solamente una ficción. Ahora bien, sin una organización social ¿podría el hombre vivir y realizarse como tal? La Historia de la Humanidad, nos demostró que no, que el hombre por naturaleza es un ser social, que necesita y no puede prescindir de sus prójimos para realizarse como hombre.
“En el Estado un elemento material que se evidencia: es la pluralidad de las personas, el pueblo. Que no se requiere, de suyo, una homogeneidad de origen, de cultura o de lengua, porque el Estado no se identifica necesariamente con la Patria ni con la Nación. El elemento formal es la convergencia de las voluntades de los ciudadanos hacia un mismo fin (el bien común). Es la unidad moral de todos los miembros que conciben con inteligencia y persiguen con la voluntad, en obediencia a la autoridad, el bien común, Se trata de un vínculo moral estable, espiritual, racional, libre y por ende digno del hombre. Al Estado le corresponde autoridad moral, poder material y cierta autonomía, en su finalismo hacia el bien común, buscado y querido para todos sus componentes, se sitúa así en los valores ‘éticos’, en el significado que toda sus actitud han de conformarse a las normas morales que caben deducir de su finalidad de promotor del bien común.” (4)
Para que el Estado, pueda cumplir sus funciones, es imprescindible el trabajo de la persona física que posea la capacidad de distinguir el bien del mal, y la libertad para obrar dentro de un marco ético y jurídico establecido.
Tenemos así empleados del pueblo que deben dictar las leyes, que deben guiar conductas y otros que deben aplicarlas cumpliendo los objetivos para los cuales fueron dictadas. Nace así el agente público, el ser humano que se constituye en el ‘hacedor del bien común’, para que el pueblo pueda lograrlo y gozar de la paz social, como resultado de la acción de su Administración Pública.
A los fines únicamente didácticos que puede tener el presente trabajo, vamos a considerar el Estado, como la organización básica de la sociedad formada por los hombres para conseguir dentro de ella el conjunto de bienes, inmateriales y materiales que le permiten ser felices y gozar del bienestar general.
Joaquín V González, en su Manual de la Constitución Argentina (libro editado 1897 como texto de Instrucción Cívica. para los establecimientos secundarios), nos dice que la Constitución es la Carta de Ciudadanía de un Pueblo libre, su partida de nacimiento y la fuente de los derechos y obligaciones.
Como una forma de ejemplificación, recurrir a comparar el “Macro Sistema Estado”, con los sistemas que en forma de apoyos, nos brindan las ciencias biológicas.
Consideremos que el esqueleto de los vertebrados está constituido por el conjunto de los huesos. Que son el armazón del cuerpo que protege los diferentes órganos, contribuye a la sustentación del cuerpo, permite el movimiento gracias a las articulaciones y a los músculos que están unidos a él.
Es la estructura sólida, estable y móvil que permite la acción de los músculos que se insertan en los huesos, encontrando los puntos de apoyo y las palancas eficaces para acción dispuesta por los órganos que correspondan.
La Constitución y las leyes que para su cumplimiento dicte el Congreso, constituyen el “Esqueleto el Estado”es la estructura rígida, que junto con los valores y las virtudes sociales que le aportan los hombres que obran por él, forman el “núcleo duro”, que confiere a los Estados en las identidades propias que los distinguen
La Administración Pública
Conforme a las Escuelas o a los enfoques en los cuales la sustentemos; la Administración Pública ha sido definida poniendo el acento en los distintos matices que la componen. A los fines del presente trabajo, partimos del concepto genérico que nos brinda el Diccionario de la Real Academia Lengua Española, que nos dice: ” |1. Acción del gobierno al dictar y aplicar las disposiciones necesarias para el cumplimiento de las leyes y para la conservación y fomento de los intereses públicos y al resolver las reclamaciones a que de lugar lo mandado | 2. Conjunto de organismos encargados de cumplir esta función”
Lógicamente está referida a la administración de los intereses del pueblo, por un ente de existencia ideal, que ha sido instituido por los hombres, es por ello que en su estudio no podemos dejar de relacionarlo con el hombre, que decide y hace por él., porque es ya una máxima de vida universalmente aceptada por los pueblos libres que: “El Estado está al servicio del hombre y no viceversa”.
La Calidad del Servicio Publico
Como si se tratara de un descubrimiento, juntamente con el concepto de la Calidad de los Servicios aparece en escena el tema de la trasparencia, (como si alguna vez en el tiempo pudiesen haber estado separados), ocupando ahora un lugar en el centro del comportamiento social de los hombres, tanto en su accionar íntimo, como en las relaciones con sus semejantes y con las instituciones creadas por ellos.
Entendemos por calidad la propiedad o conjunto de propiedades de una cosa que le permiten ser mejor que las otras de una misma especie.
Tanto la Política como la Técnica muchas veces pretenden ignorar que el único que puede ser transparente y dar calidad al servicio que presta es aquel, que por tener la naturaleza de libre, puede optar entre el bien y el mal, y hasta obrar en contradicción de juicio: «diferenciar lo bueno de lo malo, y optar por este último». Ese ser es el hombre que obra por la Administración, pero que como ser humano vive el estado de “guerra interna entre sus virtudes y valores contra los vicios propios y sociales”-
La calidad del servicio público no se encuentra en las obras que hace la Administración Pública por medio de sus hombres, sino que es una “cualidad propia del hombre”, que debe transmitirse a las obras que emprende por medio de la Administración para cubrir los requerimientos del pueblo. Es en suma brindar su servicio con oportunidad, eficiencia, prolijidad, al menor costo posible y a la totalidad de la población, que puede abreviarse en pocas palabras “brindar humanidad a todo el accionar del gobierno”.
El pueblo aporta sus bienes al Poder para que los administre, usándolos para lograr el bien común. El administrador debe cumplir su cometido con eficiencia, eficacia y economía, pero sin apartarse de la justicia distributiva. Al respecto, es ilustrativo el siguiente consejo que nos brinda Antonio Machado en una copla, que dice:
Moneda que está en la mano
quizá se pueda guardar;
la moneda del alma
se pierde si no se da.
Con una frecuencia mayor que la deseada en la Administración Pública, esta copla hace realidad, cuando se emplean los medios recaudados para satisfacer las necesidades del pueblo para atesorarlos, optando por un equilibrio financiero, dejando sin atender las necesidades, o los servicios a medio cumplir, generando ineficiencias y faltas de transparencia, que ahora hemos bautizado con el nombre de “prolijidades” y que ocultan injusticias, que pueden llegar a dar lugar a acciones judiciales contra los propios agentes públicos. “Cortándose siempre el hilo por lo más delgado”.
Francisco Quevedo y Villegas refiriéndose al exactor dice: “duro oficio el del recaudador de impuestos porque a nadie le gusta que les ‘saquen los tuétanos de las faltriqueras’, pero al igual que el del verdugo del Rey, ambos empleos políticos son necesarios para la salud del pueblo.”
Cuándo reflexiono y a veces me amargo, cuando en muchos de nuestros vecinos y colegas (que hicieron fama y dinero), nos “miran de soslayo” como con desconfianza o lástima, a quienes nos dedicamos a decidir, administrar o a enseñar el ¿cómo? y el ¿por qué? de los tributos que el pueblo entrega a las Arcas Fiscales para hacer una sociedad más solidaria digna del hombre Termino por perdonarlos y compadecerlos, porque a pesar de sus estudios no entendieron la misión de la distribución que encierra el impuesto, ni la lealtad industrial, comercial o profesional. Ni lo delicado de la misión que cumplen.
No recuerdan o ignoran que en el Evangelio (Mateo 9, 9) se dice: “Cuando salía de allí, al pasar, vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: `Sígueme`. Él se levantó, le siguió”, y fue uno de los doce apóstoles. Quienes hemos dedicado nuestros esfuerzos y tiempos al servicio al Pueblo desde la función pública, debemos sentimos como debe haberse sentido Mateo, elegidos por el dedo de Dios. para cumplir una misión de servicio a nuestros prójimos, es un ‘talento’ que se nos ha confiado, que debemos hacer fructificar y del cual se nos pedirá cuentas.
Nosotros estamos aquí reunidos, unos poco por voluntad propia y mucho porque quienes rigen nuestros destinos así los dispusieron. Hoy nos hemos reunido como vecinos, para hablar de un tema común, y en ese sentido entablaremos un diálogo sobre una temática que nos une: el cumplimiento de nuestros deberes como hombres que escogimos el camino del servicio público. Creí conveniente incluir con un “esbozo a mano alzada”, el trazado de un camino que nos pueda conducir a alcanzar la Calidad de nuestro servicio.
Un Camino para legar a la Calidad del Servicio Público
Aspiramos poder mostrar a quienes, que como hombres libres asumieron el compromiso de ser “hacedores del bien común” y responsables frente a sus conciencias y a sus prójimos del uso de los poderes y medios que aportaron, un camino que si se sigue permanentemente, conduce al objetivo de lograr un servicio público de calidad.: Este Camino que descansa en un trípode integrado por:
ñ La conducta ética, y la capacidad que le sirve de sostén;
ñ La rendición de cuentas que debe mostrar la transparencia, del servicio y
ñ El control que debe impedir los errores, las desviaciones y sin el cual es
imposible la Transparencia y la Calidad en el manejo de la cosa pública
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La Calidad en la administración Pública
La calidad del servicio público siempre se la plantea como Meta propuesta en todos los Planes de Gobierno y el “caballito de batalla” en las campañas electores. Pero concretamente ¿Qué es obrar con calidad? Es partir el pan y repartirlo con justicia; es decir, cuando cada uno recibe lo que le corresponde conforme sus merecimientos, en suma es el obrar con justicia. El responsable repartir el pan es la obligación que tiene el hombre que, por ocupar un lugar en la administración de los medios, se constituye en el factor (5) indispensable que el Estado posee para lograr el bien común del pueblo que gobierna y administra ejerciendo el Poder conferido por el pueblo.
El pan son los bienes inmateriales que debe preservar y acrecentar y los materiales que el pueblo puso a disposición del Estado para que sean usados satisfaciendo los intereses generales, brindando sus servicios públicos con la mayor eficiencia, eficacia y economía. El no hacerlo así, o hacerlo sin guardar en su ejecución los principios de la justicia distributiva, es una injusticia del administrador con el pueblo que le confió la misión de gobernarlo, administrarlo y rendirle cuentas, y no la de esclavizarlo o explotarlo para sus intereses particulares.
La calidad del servicio público es la humanidad que debe imperar en la prestación del servicio público. El hombre es el único ser sobre esta tierra, que puede prestar un servicio de calidad. Los medios que le brindan las técnicas son solamente medios materiales e inmateriales. Pero la calidad, es el patrimonio del hombre adquirido mediante su comportamiento diario.
Si no se insiste en la formación integral de hombre, en los aspectos éticos, científicos y técnicos, la transparencia seguirá siendo un objetivo a lograr, porque el problema no se resuelve únicamente con aplicación de técnicas y modernización de los medios, sino con la formación ética del agente público, para que, desempeñe el mandato de ser; «hacedor del bien común», y pueda generar la calidad al servicio público.
ñ La conducta ética y la Capacidad que le sirve de sosten
La Constitución de la Nación Argentina, como las de las Provincias que la integran, disponen como requisitos básicos para la vida en sociedad que todos los hombres son iguales frente las leyes y que la Idoneidad es el único requisito para el ingreso a la función pública. Idoneidad, como cualidad de idóneo, conforme el Diccionario de la Lengua Española es adecuado y apropiado para un fin, La Constitución de esta forma garantiza al Pueblo que los agentes que conducirán sus destinos serán idóneos, que serán hombres probos. Y el hombre será “probo” cuando sus valores y sus virtudes, son capaces de superar los vicios, cuando posee la formación humana y profesional requerida para ocupar la función.
Más arriba expresamos que: El sujeto de la ética: el hombre porque es el único animal que temiendo libertad y discernimiento puede obrar el mal, con conocimiento de ese mal, y optar por favorecer intereses particulares sobre los sociales. Por lo tanto es el único que tiene capacidad para cometer actos de corrupción.
Sabemos que en el hombre existe siempre una lucha interna entre sus virtudes y sus vicios. Por un lado, en nuestra conciencia, guiada por la sindéresis, encontramos a las virtudes y los valores infundidos en el alma por la Ley Natural y las normas sociales dictadas por nuestros semejantes; y por el lado de los vicios, los propios de la naturaleza humana y los que nacen de la convivencia social. El ser humano, por su naturaleza de «ser libre», traslada esa lucha a las instituciones por él creadas, entre ellas a los Estados, generando siempre la lucha entre los intereses sociales y los particulares. Por eso es que no podemos dejar de lado el hecho de que para dar calidad en el servicio y transparencia en la acción, es necesaria la existencia de un adecuado Control, con capacidad suficiente para sanear situaciones y determinar responsabilidades, como lo expresaran, entre otros, Mariano Moreno y Simón Bolívar: «el control no solamente debe inducir al hombre a obrar el bien, sino que debe impedirle obrar mal».
En año 1901 el escritor uruguayo Prof. Carlos Martínez Gil, afirmó que las cantidades destinadas al sostenimiento de la educación son aquellas que ganan mayores intereses en el futuro. En las cuestiones escolares tendiente a la formación de los hombres, todo lo que se ahorra se pierde, mientras que todo lo que se gasta se aprovecha. Diferencia lo que es la educación apuntando que ella tiende a la formación integral de la persona, de lo que instrucción, a la que considera nada más que una información de hechos. Pasó un siglo en el cual se destinaron millones a la información de ciencias y técnicas, pero muy poco a la formación del hombre. Los resultados que abonan lo expresado sin necesidad de un profundo análisis se encuentran a la vista.
El hombre busca necesariamente su felicidad, porque necesita la perfección en su realización como ser humano. “En esto es oportuno distinguir dos aspectos del mismo fin último: el aspecto subjetivo, que consiste en la felicidad en general; y el aspecto objetivo, que consiste en el bien concreto, en cuya posesión el hombre puede encontrar la felicidad a que aspira. El hombre no puede renunciar a la felicidad, de la misma forma que no puede renunciar a su ser. La felicidad es pues, el último fin subjetivo, el aspecto bajo el cual se contempla y se desea todo el bien, tomado como un fin.” (6)
El Pueblo, solamente se disfruta la felicidad cuando la sociedad alcanza el bien común. Y para lograrlo es necesario que se sustente sobre virtudes y valores.
Cuando pensamos y obramos conforme a las normas de urbanidad y dentro de la ley, nos sentimos anímicamente bien, porque nuestra conciencia no encuentra qué reprocharnos, porque, por sobre todas las cosas, la felicidad es un estado del espíritu que no proviene de la acumulación de riquezas materiales. Por ello es muy importante cumplir nuestra primera vocación: para lograr el bien común, que no puede ser otra que “querer ser felices”, realizándonos como hombres comprometidos con la Sociedad.
Dios nos creó para que seamos felices, y puso en nosotros los medios necesarios para lograrlo. El primero de ellos es la vocación. Entendemos como vocación el deseo vehemente de querer un bien que, naciendo de nuestro interior, reclama una repuesta coherente de nuestra parte, poniendo en juego toda nuestra capacidad para obtener ese logro, y partiendo de la realidad que nos toca vivir
ñ La Rendición de Cuentas
El artículo XIV de la Declaración de Derechos Humanos dice “Todos los ciudadanos tienen el derecho de constatar por sí mismos o por sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de seguir su empleo y reparto y determinar su disponibilidad, su recaudación y duración”
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La Rendición de Cuentas del mandato de hacer que surge del Presupuesto es parte de la esencia de una forma republicana y representativa de gobierno. Es fundamental conocer cómo, cuánto, por qué y quién gastó los dineros que el pueblo, en su carácter de titular de la Hacienda, aportó al Estado para que éste lo conduzca a lograr el bien común y gozar de la paz social.
Juan XXIII en “La Mater et Magistra (15-5-1961) define el bien común “El conjunto de las condiciones sociales que permitan y faciliten a los seres humanos el integral desarrollo de su persona”. Messner en su libro Ética Social y Política resume el objetivo del bien común como “mejorar el tenor de vida de las generaciones presentes y preparar mejores alternativas para las futuras”.
No se encuentra en discusión la obligatoriedad de Rendir Cuentas de la gestión pública. El problema encuentra planteado en cual es la «mejor forma de rendir cuentas», partiendo de los objetivos para los cuales el pueblo aportó los medios, y buscando un «¿cómo?» que permita la información y el juzgamiento, teniendo presentes que los medios que nos brindan los avances de las ciencias y las técnicas nos obligarán a una actualización permanente de las normas de proce-dimientos, sin perder de vista los valores en los cuales descansan las obligaciones del mandante y del mandatario.
De las versiones taquigráficas, que se encuentran en el archivo de la Biblioteca Provincial, correspondientes a la Convención General Constituyente que reformó la Constitución de la Provincia de Salta el año 1.998, puede llegarse a la conclusión que existió una confusión entre el Control por las Cuentas, con el Control de las Cuentas, y entre las funciones del Órgano de Control destinado a juzgar la legitimidad y racionabilidad (*) de los gastos públicos, con el expediente formado por los comprobantes aportados por el administrador, para justificar los gastos.
“No puede quedar duda respecto de que la Contabilidad Pública no debe reducirse a los tradicionales objetivos de preparar rendiciones de cuentas y suministrar datos para el control de legalidad. El equívoco aquí consiste en suponer que aquellos objetivos pueden dejarse de lado o que vienen a ser sustituidos por otros. Lo correcto es utilizar los evidentes adelantos de las técnicas contables para estar en condiciones de suministrar la información que requieren las nuevas técnicas presupuestarias”.(7)
En el Sector Público, la Rendición de Cuentas, que casi siempre está referida a los bienes aportados por la comunidad, es una consecuencia del mandato conferido por el pueblo por medio de sus representantes al Poder Político. Por ello, tanto el mandato como la Rendición de Cuentas comparten la misma naturaleza política y deben tender a mostrar sin equívocos el manejo de los fondos y el grado de satisfacción de las necesidades logrado, conforme al plan político que se ordena en el Presupuesto, siendo esto último lo fundamental.
El objetivo de la rendición de cuentas:
El objetivo de la Rendición de Cuentas no puede ser otro que mostrar al mandante cómo se cumplió el mandato en sus aspectos fundamentales:
1 Si los gastos y las acciones, cumplieron los objetivos previstos.
2 La transparencia del accionar del agente publico.
3 El costo económico y, si es factible, informar el costo social
4 Un sistema de Control que sea operante.
1Cumplimiento del objetivo:
Un crédito abierto en la Contabilidad del Presupuesto, si bien constituye una autorización para gastar, es una obligación de hacer, de modo que la Rendición de Cuentas debe tender a mostrar que el mandato fue cumplido, y que los medios fueron aplicados a las finalidades dispuestas en el mandato.
2 Transparencia de la acción del agente público como mandatario.
La transparencia en el accionar del agente público, como «ente físico» es indispensable para que el gobierno pueda realizar sus funciones, es el fundamento ético de la rendición de cuentas. El pueblo, en su carácter de titular de su país y de su hacienda, necesita saber la forma en la cual fueron usados sus fondos, y protegidos sus valores y derechos, porque debe ejercer la función de control público, sustituyendo con el Control Público al interés legítimo que el particular tiene con relación a su hacienda.
La falta de transparencia en las operaciones del Estado oculta actos de corrupción, de los cuales es tan responsable el agente público como la empresa privada, que actúa normalmente ejerciendo un ‘tráfico de influencias’.
En un informe especial del diario Clarín, del domingo 1º de octubre de 2000 denuncian los sectores donde ocurren con más frecuencia los actos de corrupción y las fallas de control que los permiten.
La corrupción tiene la misma antigüedad que el hombre, y fue una constante en la historia real de la humanidad. Esta historia difiere, la mayoría de las veces, de la oficial, escrita para proteger intereses que precisamente no son los del pueblo. Es aleccionador leer la Carta del apóstol Santiago (5,1-6): “Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego.
¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los trabajadores en sus campos está clamando, y el clamor ha llegado a los oídos del Señor del universo.
Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.”
Los dichos nacidos de la sabiduría de los pueblos encierran verdades, porque son tomados de la única realidad que es la vida. Allí encontramos aquel que nos dice: “recuerde siempre el hombre que las mortajas no tienen bolsillos y nada te podrás llevar al más allá”.
Decimos que un cuerpo es transparente cuando podemos ver a través del mismo directamente su contenido íntimo, permitiéndonos que esa visión no nos opaque la contemplación del resto del paisaje. De esta forma, el accionar de los administradores de la “cosa pública” debe poder ser conocida por quienes aportan los fondos y son destinatarios de los servicios, porque son los titulares de la hacienda.
La falta de transparencia en el accionar de los mandatarios no es nueva ni es un fenómeno actual, la conocemos a lo largo de la historia de la humanidad. Tenemos aún presente lo que cuenta la historia nacional que hemos estudiado en la escuela primaria: el pueblo, reunido frente del Cabildo de Buenos Aires, reclamaba insistentemente repitiendo una frase de un alto contenido democrático, en una época en la cual ese carácter era prácticamente ignorado por el común de la gente: «El pueblo quiere saber de qué se trata». Ese reclamo del Pueblo al Poder fue muchas veces formulado y muy pocas veces escuchado. Aún no tiene las repuestas categóricas que el reclamo exige, sino que pareciera que los funcionarios que el pueblo designa para que gobiernen y administren los bienes públicos, junto con el cargo adquieren la enfermedad de la sordera o, atrapados en intereses grupales no pueden ver los problemas generales, pasando a la condición de ciegos y sordos (aunque nunca mudos, porque la promesa siempre es fácil).
En la reunión efectuada por Jefes de Estado, denominada Cumbre de las Américas, a fines de 1994, se habló acerca de la democracia y la transparencia de la siguiente forma:
“En una democracia, todos los aspectos de la administración pública deben ser transparentes y estar abiertos al escrutinio público.
Los gobiernos:Promoverán el debate público sobre los problemas más importantes que enfrenta el Gobierno, y establecerán prioridades para efectuar las reformas necesarias que permitan lograr transparencia y rendición efectiva de cuentas de las funciones del Gobierno.Garantizarán la debida supervisión de las funciones gubernamentales, fortaleciendo los mecanismos internos, entre ellos, la capacidad de investigación y cumplimiento de las leyes con respecto a los actos de corrupción y facilitando el acceso del público a la información necesaria para un escrutinio externo significativo”. (8)
Ese es uno de los motivos por los cuales consideramos necesario que, para lograr la transparencia en la gestión pública, debe existir un Sistema de Control Público que pueda dar seguridad al pueblo del uso de sus dineros y de la correcta administración de sus bienes, tangibles e intangibles.
Para lograr ese control, operante en su plenitud es necesario capacitar al agente público: no solamente en el manejo de las tecnologías existentes y de sus avances, sino en el fortalecimiento de su formación integral como hombre, con sólidos fundamentos éticos, porque cualquiera sea el sistema que se implante en busca de la Calidad del Servicio Público, si el servidor del pueblo no posee calidad, no podrá cumplir su función de factor del bien común, y el sistema fracasará, no por incapacidad del mismo, sino por voluntad de los hombres que deben llevarlo adelante. Recordemos una máxima siempre vigente: ”nadie puede dar lo que no posee”, y el único sujeto con libertad y voluntad para poseer calidad y dotar a la Administración de transparencia es el hombre.
3El costo económico y la posibilidad de medir el costo social
Las necesidades públicas deben satisfacerse siguiendo los criterios de eficiencia, eficacia y economía, pero dentro del marco de la justicia y de la moralidad pública. Por eso interesa que la rendición de cuentas no solamente informe el cuánto se gastó, sino el grado de cumplimiento si el objetivo fue logrado o cuánto más hará falta para lograrlo, y si la acción pública realizada es la adecuada para producir el bienestar general, o si, por el contrario, produjo reacciones sociales o impactos en el medio ambiente que pueden llegar a ser irreparables, de forma tal que la autoridad política con facultades de decidir, pueda hacerlo,
La Ley 24.156 (Ley de Administración Financiera), dispone que la cuenta de Inversión contendrá “el grado de cumplimiento de los objetivos y metas previstos en el presupuesto, el comportamiento de los costos y de los indicadores de la eficiencia pública”. Hasta la fecha, el mencionado artículo no fue reglamentado ni las funciones asignadas a ningún órgano del Estado Nacional. Opinamos, conforme a las disposiciones del artículo 100 de la Constitución Nacional, que la autoridad con responsabilidad política y competencia para ello, es el Jefe de Gabinete de Ministros.
Esa Rendición de Cuentas que el Poder Ejecutivo efectúa a los representantes del pueblo, es conveniente que sea efectuada con un grado de claridad tal que pueda ser entendida por el ciudadano común y difundida para el conocimiento de la comunidad.
Merece un párrafo especial el tratamiento que deben brindarse a los Tribunales de Cuentas Provinciales, a los cuales las normas asignan competencias sobre los Municipios en lo que hace a la Rendición de Cuentas. Con los medios que brinda la tecnología actual sería conveniente, estudiar la forma mediante la cual, sin lesionar las autonomías municipales, pueda diseñarse un adecuado Sistema de Rendiciones de Cuentas, y de información contable.
El problema de los costos económicos y sociales, es una materia en la cual las Adminis-traciones Públicas deben avanzar, porque no solamente es importante el gasto que demande la satisfacción, sino también el estudio de las prioridades sociales y el grado de urgencia de las mismas. A este tema en la actualidad nos encontramos abocado a su estudio, analizando las formas de previsión de los créditos presupuestarios, y las clases de resultados que deben brindar para fundamentar la decisión política.
4 Un sistema de Control que sea operante.
En la Administración, tanto en la Publica, como en la Privada, se reconoce la existencia del control, para que sea integral y operante, se debe estructurar en forma vertical, basado en el derecho, que por la responsabilidad de jefatura le corresponde al titular de la Hacienda, y al agente por el deber de obediencia y de advertencia.
La base del control la encontramos en la misma naturaleza biológica, que el hombre imprime a sus creaciones, y que genera denominado Control Jerárquico Descendiente. Basado en la segunda acepción que el Diccionario de la Real Academia asigna al término “avocación” como la capacidad de un superior para traer a sí a un inferior que tiene a su cargo un negocio para verificar como cumplió su cometido. Es la obligación propia de quién por ejercer el mando asume la responsabilidad de lo actuado por el inferior. Y la acción de un Control Jerárquico Ascendente, que se manifiesta por el Deber de Advertencia, al superior cuando lo que pretende que realice o deje de hacer, se encuentra en contravención con las normas o la moral. La avocación es una obligación propia del ejercicio del Poder de parte del Órgano y del funcionario que ocupa el cargo de mayor responsabilidad en la estructura jerárquica,
Don Rafael Bielsa, ya nos enseñaba que “en suma, aunqué parezca paradójico, todo aquel que señale a un gobernante de sentido cívico sus errores jurídicos o políticos es su mejor colaborador. Esto no lo conciben los improvisados, ni los dominados por una especie de lujuria del mando. Que tanto daña a la Administración Pública, a la seguridad jurídica y al buen nombre de la Nación. Mandar es muy distinto de gobernar y administrarse. Y esto es lo único que debe respetarse” (*)
Para que la Administración Pública pueda cumplir el objetivo de informar al pueblo con transparencia (que en el fondo son los principios de veracidad y pertinencia de la información pública). Es necesario el apoyo que debe brindar un Control Público que sea confiable, operante en toda la gestión, de las decisiones públicas y con capacidad de brindar repuestas oportunas en tiempo, forma, y con atribuciones para “prever las situaciones que puedan plantearse antes que ocurra un posible daño.
De este modo, el Pueblo podrá conocer, y la Administración corregir los errores. Esto permitiría dejar de lado el inoperante “control de autopsia”, que solamente puede aclarar las causas de la muerte, pero no devolver la vida, ni impedir la mala calidad de un servicio que ya fue padecido. Es por ello que consideramos que el sistema de Control debe actualizarse, y para ello debemos partir del hombre.
El Control como Sistema Nervioso de la Organización
Según la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española, Sistema “es un conjunto de reglas o principios sobre una materia, racionalmente entrelazados entre sí.- En biología, con el nombre de Sistema se define un grupo de órganos que desempeñan una función común y que poseen una determinada estructura”.
El hombre, como ser vivo, tiene una estructura nerviosa que funciona como un control interno propio de su estructura orgánica, que se manifiesta en las reacciones reflejas. Advertida la anormalidad o el peligro por cualquiera de las células sensitivas, se producen a lo largo de la médula espinal las acciones reflejas destinadas a solucionar el problema mediante la acción reparadora que esté a su alcance. Cuando, luego del alerta, la alarma llega al cerebro, entonces el mismo debe tomar la decisión y ordenar a los órganos que correspondan; efectuar una función que en algunos casos, puede, calificarse de refleja (por ejemplo: frente de un dolor el centro del habla reacciona con un grito, o con una interjección, aún antes de recibida la orden del cerebro) o ser plenamente conciente, como ingerir un calmante, desinfectar una herida, apurar o detener el paso, etc.
Si el dolor persiste, ya sea físico o motivado por el estrés,(9) el hombre no podrá solucionarlo solamente con la decisión de su voluntad. El cerebro le indicará la necesidad de consultar a otra persona (normalmente a un profesional de la salud), el cual procederá a efectuar un examen clínico, que emitirá un diagnóstico y tomará las medidas tendientes a sanear su enfermedad (en ese momento el hombre está frente a un control que ya es externo a él. Si no cumple con lo que indica ese control, puede sufrir una dolencia mayor o llegar a perder la vida.
El sistema nervioso central es una unidad protegida de los traumas externos mediante las formaciones óseas del cráneo y de la columna vertebral (canal raquídeo), encargado de recibir y transmitir impulsos, coordinando de esta forma las actividades del organismo. Está formado por el grupo de células nerviosas de la materia gris, que presiden una determinada función del cuerpo.
Integrando el Sistema Nervioso Central se encuentran, entre otros, los sistemas (*) de la respiración, del dolor, de la contracción, del lenguaje, etc., que se mantienen unidos entre sí por fibras nerviosas, a través de las cuales reciben los impulsos, los transmiten y coordinan funciones. Estos sistemas poseen dos facultades: una receptiva del impulso y otra ejecutiva. Podemos decir que reciben el estímulo y en repuesta transmiten un acto. Los sistemas, en la anatomía humana, se encuentran siempre coordinados entre sí.
Ejemplos característicos de esta unión y complementación vienen dados por los centros del habla y del dolor. El centro del habla está unido con el de la memoria del sonido de las palabras, con la forma gráfica de las mismas y con los movimientos musculares necesarios para la articulación de cada una de ellas.
Dolor es la sensación subjetiva de sufrimiento, caracterizada por una disminución o desorganización de las funciones vitales o psíquicas, que puede ser consideradas, en general, como un medio de defensa, o una señal de alarma de que dispone el individuo para advertir la presencia de un peligro o de una situación anormal para el equilibrio bioquímico o psíquico del organismo, o bien para la actividad física del mismo.
El dolor físico
El sistema del dolor funciona unido al Sistema Nervioso Periférico, que es un complejo de estructuras nerviosas constituido por nervios y ganglios. Los nervios están formados por prolongaciones o «neuritas» de las células nerviosas, que tienen por finalidad unir los distintos centros nerviosos de las diferentes partes del cuerpo. Las células nerviosas, o neuronas, representan la unidad estructural del sistema nervioso; su característica es la presencia de una o más prolongaciones de distintas longitudes (las dendritas) cuya función específica es la recepción y transmisión de los impulsos al Sistema Nervioso Central.
Los seres vivos, tienen en el instinto una tendencia o disposición natural para actuar de una manera biológicamente organizada. Esta cualidad advierte los peligros que le pueden causar agentes externos, y los evita con un acto instintivo o reflejo. A pesar de esa advertencia, el hombre puede tropezar, y ello suele producir dolor, dando lugar al movimiento del sistema nervioso (casi como una regla, el único animal que tropieza más una vez con la misma piedra, es el hombre, porque es el único que goza de libertad para elegir el mal).
Desde el punto de vista fisiológico, el dolor se presenta como una sensación producida por distintos estímulos (táctiles, térmicos, etc.) que sobrepasan una cierta intensidad, llamada umbral del dolor, por debajo del cual estas sensaciones son advertidas como tales, es decir, como simples estímulos táctiles, térmicos etc., y no como fenómenos dolorosos.
La zona del cuerpo donde se manifiesta el dolor representa el punto de partida y el punto de llegada de la compleja función fisiológica de la transmisión del dolor. A fin de que el estímulo doloroso pueda determinar la sensación dolorosa, es necesario que siga la llamada vía del dolor, es decir, que sea captado por las terminaciones nerviosas sensitivas de la zona interesada y desde éstas sea llevado a las raíces posteriores de los nervios espinales, donde encontramos los centros de la médula espinal, que producen los movimientos reflejos que pueden paliar una situación (retirar la mano asentada sobre una superficie caliente o fría, mover los músculos para retirar el elemento que causa dolor, por ejemplo un clavo clavado en el pie). Cuando la alarma alcanza al cerebro, es captada por la corteza cerebral sensitiva, siendo sólo en este punto cuando se hace consciente y aparece el dolor referido a la zona interesada por el estímulo. El cerebro inmediatamente estimula al intelecto para tomar la decisión que sanee la zona dolorosa.
Como vemos en las Ciencias Biológicas, el dolor actúa primero por medio de las células sensitivas, como un centinela ubicado en todos los lugares de la estructura corporal, que produce la alarma cuando el cuerpo es atacado o se pone en peligro.
Los dolores psíquicos
Existe otro tipo de dolor en el sistema biológico del hombre, que no afecta directamente la estructura física, sino que se refiere a la parte psíquica. Si bien los consideramos patrimonio de las criaturas racionales, pueden apreciarse también en algunos animales. A estas dolencias se las conoce genéricamente como neurosis, entendida como una serie de trastornos psíquicos que se manifiestan en ciertos individuos cada vez que les falla la tentativa de superar con éxito situaciones difíciles externas o conflictos interiores.
La neurosis existe siempre en los individuos que viven una vida de contrastes, insatisfacciones y condicionamientos. La mayor parte de las neurosis derivan del conflicto entre aquello que el individuo querría ser y aquello que realmente es; de este contraste nacen las neurosis de insatisfacción, de frustración, de soledad, competitivas, etc. Estos fenómenos afectan en un primer tiempo sólo a la esfera psicoemotiva, para luego afectar a toda la persona, pudiendo acarrear trastornos incluso de naturaleza física. Muchas enfermedades, como el eczema rebelde, la angina péctoris y algunas formas de colitis y de artritis pueden tener un origen neurótico, y difícilmente se pueden curar si no se conoce la causa psicológica que las ha provocado. (11)
Médula espinal - movimientos reflejos
Aplicando este esquema al Control de la Hacienda Pública, el instinto del agente público o el conocimiento del peligro de una situación al margen de las normas de la Administración, lo conducen a evitar o prevenir la presencia de un algo que puede producir un daño. La exclamación: (¡Ha!), es la advertencia de que la norma legal o la conciencia moral del agente público le indican que no debe hacerlo. Si el daño o la violación a la norma se producen, aparece el dolor: (4) «el acto, hecho u omisión, que puede lesionar el patrimonio o que se encuentra en colisión con las normas», el cual es percibido por el agente público interviniente que, al conocerlo y no tener competencia para solucionarlo, debe actuar como umbral del dolor y dar la (A) alarma a la Administración, comunicando a su inmediato superior, que se encuentra formando la corteza de la médula sensitiva, quien pondrá en movimiento las acciones reflejas. Si no son suficientes, debe seguir la vía, hasta que el alarma llegue a quien posee competencia para solucionar el problema, (P) la corteza cerebral, que dispondrá los medios, hemos simbolizado los medios con un par de hermanos tomados de la mano (c) por cuanto la corrección siempre debe ser fraterna, ya que no se trata de una acción de censura sino de colaboración, y con una ambulancia (h) porque el problema debe ser solucionado mediante la acción de los remedios, que son la aplicación correcta de las normas, o si corresponde, su modificación.
Esta situación es normal, por ser el agente público que intervine la célula sensitiva del sistema con la capacidad propia del ser humano de distinguir el bien del mal. Cumpliendo su función de sanear el organismo, observa el acto, hecho u omisión, y asume el papel de colaborador necesario para obrar el bien y evitar el mal. La vía jerárquica es la corteza de la médula espinal. El agente con capacidad de brindar la solución definitiva está en la corteza cerebral, en la cual reside la facultad de sanear el órgano afectado proveyendo los medios internos y solicitando los externos que sean necesarios.
La corteza cerebral de la Administración es el Poder con competencia para tomar una decisión, en el lugar y en el tiempo en que ocurre la situación. La velocidad de respuesta que se brinde a la alarma recibida es fundamental para el buen funcionamiento del sistema de control, tanto para la actividad pública como para la privada si esa reacción de la autoridad es lenta o no existe, estamos ante un síntoma de una grave enfermedad en el Sistema de Ejercicio del Poder, que nos indica que los órganos con capacidad de decidir no están actuando con eficacia y eficiencia, por cuanto permitieron un daño a la hacienda que pudo haberse evitado y que debe repararse, aplicando medidas que normalmente derivan en mayores costos para el administrado o para el cliente.
En el control de la Hacienda esa célula sensitiva, ese centinela, es el ser humano, que debe ser apoyado por la estructura de la organización, permitiéndole accionar en forma inmediata cuando detecta cualquier hecho u omisión que pueda generar un daño a la Hacienda o a la sociedad. La naturaleza humana de esa célula sensitiva hace que, como un primer acto reflejo, diferencie el mal del bien y escoja este último. Si la violación a la norma o el daño se producen, atravesamos el umbral del dolor, y el hombre que obra como el nervio sensitivo de la organización, si no tiene capacidad para eludir o resolver lo planteado, actuando como las dendritas, debe cumplir con su deber de advertencia, y recorrer la médula espinal, que en una Administración, pública o privada, es la escala jerárquica, donde quien tiene la función y capacidad para decidir debe, mediante su accionar, remover la causa. Esta acción es la base del control jerárquico en sus aspectos descendentes y ascendentes. Esto ahora puede hacerse en una Administración que posea sistemas de comunicación actualizados. El aviso y la solución tienen que demorar lo que demora el impulso electromagnético que les confiere movimiento.
Entender así el control, significa resucitar el deber de advertencia como una de las funciones esenciales en la gestión de las haciendas, y nos permite referirnos a las Rendiciones de Cuentas, y a su majestad, el Expediente, desde otro punto de vista. Así, la Rendición de Cuentas no será una montaña de papeles formada para tratar de entender, justificar o penalizar hechos de la Administración, sino el elemento final que cierra el circuito del gasto público, efectuando un control de la administración por las cuentas y no un control repetitivo de las cuentas, y el expediente tendrá que ser el medio apto que brinde agilidad a la decisión administrativa reglada.
Cuando la administración no posee esta alimentación permanente de la función de control, la capacidad y los instrumentos con los cuales dispone carecen de la agilidad necesaria para brindar la información en forma oportuna. La administración, entonces, no es capaz de brindar la repuesta necesaria en forma ágil y eficiente. Esto indica la existencia una falla en la estructura administrativa o política que debe ser subsanada, porque el control solamente puede lograr su cometido cuando posee la capacidad de repuesta necesaria para modificar una conducta, reparar un daño y asignar una responsabilidad. Si no se consiguen estos objetivos, obtenemos como conclusión que la política de control no existe, por fallas que atribuimos al sistema, pero que corresponden, por lo general, a los hombres que lo diseñaron, o lo aplicaron mal.
Así como el dolor es el centinela de la salud del cuerpo, el control es la garantía que posee el pueblo de la transparencia de la gestión del Erario. Para ello es indispensable contar con el comportamiento de los hombres que el Pueblo designó para que deliberen, gobiernen y, en busca de la satisfacción de las necesidades públicas, administren el patrimonio de la comunidad.
Insistimos en la responsabilidad de los agentes públicos en el control de la gestión pública por cuanto el mismo siempre dependerá de la voluntad de los hombres que ejercen el Poder.
Las legislaciones que rigen la Administración Pública Nacional en la República Argentina eliminaron los actos de oposición que existían con relación al manejo de la hacienda y que, por lo general, funcionaban bien, tales como el informe y el dictamen de advertencia para mejor proveer, la ponencia, el reparo administrativo y la observación legal, que producían efectos de saneamiento previos a la decisión, o suspensivos en lo que se refería al control de legalidad. Así se ha pasado de una situación que contemplaba el control jerárquico descendente y ascendente como la características propias del Deber de Advertencia, para regirnos por la Obediencia Debida, que convierte a los agentes públicos (ignorando que son los nervios sensitivos de la administración), en cómplices necesarios de los perjuicios que pueda sufrir la Hacienda Pública y del mal servicio que se brinda a los administrados. Dejó de existir el canal de información y de control que obraba como la médula espinal y como el cerebro, y aparecieron fallas que respondieron a intereses particulares o extraños a los fines de la organización. Dañaron la unidad de dirección y no brindaron la velocidad de repuesta.
El daño en la Administración del Estado muchas veces no es conocido, queda sin solución y casi siempre impune, por cuanto el sistema de la organización política ha excluido del sistema de control al dueño de la hacienda que es parte viva del Estado; el pueblo, para ser sustituido por un proceso de control final por los representantes de los Partidos con representación en el Congreso, que no son los representantes de la mayoría del pueblo, sino de minorías que actúan «corporativamente» formando una casta privilegiada dentro de una sociedad que pregona la igualdad de los hombres frente a las leyes. Teóricamente son admitidos en sus empleos sin la condición idoneidad (artículo 16 de la Constitución Nacional), a pesar de la disposición Constitucional, y de lo declarado en las plataformas partidarias, los hechos nos muestran que tuvieron prioridad los intereses particulares o grupales, relegando los generales, que hacen al logro del bien común.
Vivamos el presente pero de cara al futuro, pongamos toda nuestra energía en impedir que el pueblo por medio de la Administración sea desposeído de su Hacienda, porque es el titular de la misma, motivo por el cual no puede estar ausente del Control Publico.
Maurice Duverger en su libro Instituciones Políticas y Derecho Constitucional , nos habla de lo que es una democracia real, en la cual el pueblo es el que delibera y gobierna, pero ésta democracia se transforma en una democracia tan sólo formal, cuando los legisladores y los jueces son empleados del Poder Ejecutivo, y en una Democracia Corporativa, cuando los hombres que gobiernan no representan al pueblo sino a porciones del mismo denominados Partidos y mal llamados políticos por cuanto no representan a los intereses generales, sino a los intereses particulares o grupales.
Para que el Control sea integral e integrado debe comprender al total de la Administración y contar con institutos de Control operantes en todo el proceso administrativo que sirvan de protección a los intereses del pueblo.
Conclusiones
De lo expuesto extraemos que para la existencia de la Calidad del Servicio Público, es necesario que:
1 La Administración Pública debe estructurarse teniendo en cuenta la finalidad para la los hombres cual han creado el Estado:
La estructura debe asegurar la existencia y protección de los derechos humanos, la igualdad de los hombres frente las leyes y la idoneidad sea requisito indispensable para el ejercicio de la función pública.
La base estructural descansa en la Carta Magna del Pueblo, y las leyes que para hacer realidad los derechos y obligaciones consagrados en la misma.
A esta base la podemos considerar como el “esqueleto” del órgano Estado, y a los hombres que integran en pueblo son las células vivas de la sociedad sus órganos volitivos y los sistemas que le dan vida y le confieren movimiento.
Son los valores y las virtudes de los hombres que obran como “hacedores del bien común” que confieren humanidad a la estructura, los que constituye el “núcleo central” que confiere la identidad de una Nación.
2 La meta a alcanzar por la Administración Pública debe ser la calidad del Servicio Público
Para lograr el Servicio Público con Calidad proponemos un Camino que debe recorrerse con los siguientes vehículos:
ñ La conducta ética, y la capacidad que le sirve de sostén;
Si se respetaron los principios de: igualdad de los ciudadanos frente de las leyes y de idoneidad sea el requisito básico para el ingreso a la función pública.
Si los procesos de contrataciones fueron transparentes, es conveniente que junto con la Rendición de Cuentas General del Ejercicio, se agreguen las cuentas de las Empresas Públicas y los informes de los Entes Reguladores y del accionar de los Servicios encargados de velar por la Ética de los agentes públicos
.
ñ La rendición de cuentas que debe mostrar la transparencia, del servicio.
Hemos señalado que el objetivo de la Rendición de Cuentas no puede ser otro que mostrar al mandante cómo se cumplió el mandato en sus aspectos fundamentales, no solamente debe existir el Sistema Contable que muestre con claridad como se cumplieron los principios contables, sino también el grado de cumplimiento de los Servicios a los cuales se destinaron los recursos.
Para el ciudadano común, que en definitiva es el sostén de la Administración Pública, importa más conocer el grado de cumplimiento de las metas previstas, que los resultados presupuestarios, porque ello le indicará que debe efectuar nuevos aportes para satisfacer esas necesidades. Y las cargas que se traducirán en compromisos para los ejercicios futuros.
ñ La transparencia del accionar del agente publico.
El agente público, en su carácter de ser el “elemento vivo”, del que se vale la Sociedad para lograr el bien común, debe tener normas de cumplimiento obligatorio, pero también asegurada la protección de sus derechos humanos. Él no es sólo el “factor” de la Administración, sino que es la “cara visible de la misma”. Cuando se pierde esta noción se cae indefectiblemente en problemas de “obediencias debidas” que hacen en la Administración de los Estados, que el dicho popular “el hilo se corta siempre por lo más delgado”. La transparencia del accionar del agente público no puede ser otro que la humanidad que brinda al Servicio Público y esta debe encontrarse amparada por las normas laborales.
ñ El costo económico y, si es factible, informar el costo social.
La presentación de costos de los servicios es una problemática en la cual se encuentran trabajando la Administración Nacional, las Provinciales y las Municipales, sin renunciar a mostrar mediante indicadores las posibilidades de medir costos sociales que permitan las opciones de hacer, dejar hacer o no hacer.
ñ El control público integral e integrado.
El control debe comprender todo el accionar de la Administración Pública, no sólo debe impedir los errores y las desviaciones, sino operar como el sistema del dolor, que no solamente permite descubrir los errores y las desviaciones, sino impedir que se produzcan.
Así como la Sindéresis es la chispa de la conciencia de los hombres, que lo ayuda a diferenciar lo bueno, de lo tan bueno y de lo malo, sin coartar la libertad para obrar, pero sin permitirle olvidar. El Control Público es la Sindéresis de la Política, que le ayuda a tomar las decisiones tendientes al bien común en el marco de la justicia del momento, pero no impide el juzgamiento posterior la Historia.
La ausencia de esas bases traerá como consecuencia que la Calidad del Servicio Público y la Transparencia en el obrar del agente público sean siempre un objetivo a lograr.
Prof. Cr. Gustavo E. Wierna - Prof. Nélida María Maero de Ceriani
* Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales Universidad Nacional de Salta
(1) Prospectiva. Conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o predecir el futuro. Disciplina que estudia las causas de los avances de las ciencias, las técnicas y las artes.
(2) MAISTRE. Joseph – Estudio de la Soberanía – Biblioteca Digito vol. 6 pág-13
(3) Designamos como necesidad de medio la que es necesaria para que el ser sea tal, y como la precepto la que nace de las normas de convivencia.
(4) COCCO, Felice – Estado - Un. De Vicenza. – Ed. Paulinas, 1980
(5) El término factor está usado conforme la primera acepción del Diccionario de la Real Academia, es decir “el que hace una cosa por tener capacidad y competencia para ello”.
(6) LETIZIA, Francisco - El problema de la moral profesional- Mendoza –1986,. pág.48
(*) Racionabilidad – Facultad intelectiva de juzgar con razón, discerniendo lo bueno de lo malo y lo verdadero de lo falso.
(7) LICCIARDO, Cayetano – La esencia de la Contabilidad Pública – XVI Simposio Nacional de Profesores Universitarios de Contabilidad Pública – Resistencia 1999
(8) Citado por GOROSTIAGA, Ángel - Transparencia de la Gestión de Gobierno – CITAF – OEA pág. 15
(*) BIELSA, Rafael – Régimen Jurídico de la Contabilidad Pública- Ed. Depalma Bs.As. 1955 pág. 13
(9) estrés, anglicismo aceptado como un dolor psíquico, trauma o cansancio de un órgano
(*) Podemos denominarlos también como “Sistemas Incluidos” o “Subsistemas”.
(11) Gran Enciclopedia Médica SARPE op. cit. Tomo 5 pág. 1.783