LA
AUDITORÍA GUBERNAMENTAL
FRENTE
A LA MODERNIZACION DEL ESTADO
Carlos D.
Zarlenga.
1. Introducción:
El presente trabajo tiene por objeto ordenar algunas ideas
relacionadas con los conceptos contenidos en el título. Al referirnos a
"modernización", a qué nos referimos? A un cambio en los procesos
operativos? A un cambio tecnológico? Se prolonga en el tiempo? No son pocas las
experiencias conocidas de "modernización" que tuvieron objetivos
definidos y en algún momento de su implantación su continuidad quedó trunca.
Qué relación existe entre "modernización" y "reforma del
Estado"? Son equivalentes?.
A los efectos del desarrollo posterior entendemos que
"reforma del Estado" es un concepto que contiene al de
"modernización", consistente en un proceso continuo de
perfeccionamiento de la administración de los negocios públicos - incluyendo
las operaciones, actividades y programas - a fin de obtener una mayor
eficiencia y eficacia en el desempeño del Estado.
Frente a esta visión de Reforma del Estado no se pretende
llevar a cabo la definición de pautas que se debieran seguir para su
implementación, dado que no existe un criterio único en la materia. No
obstante, entendemos necesario expresar algunas ideas que deben estar
contenidas en toda reforma. Cada caso reconoce sus propias particularidades y
deberá llevarse a cabo dentro de las condiciones sociales, económicas y
políticas de cada país, entendiendo que una reforma es, ante todo, un proceso
sociológico.
El plan de reforma se encuentra relacionado con la tarea de
la auditoría gubernamental que obligan a su mayor involucramiento y
profesionalización. En este sentido la tarea de la auditoría gubernamental es un elemento contributivo a toda reforma,
tanto de estructuras como de operaciones, en toda jurisdicción u organismo,
dependiendo su accionar solamente de su capacidad y compromiso con los objetivos
fijados por lo que la Auditoría Gubernamental adquiere un rol de significación.
2. Reforma del
Estado.
A través de una reforma se puede responder a distintos
objetivos manifiestos, ej.: reducción del gasto, mayor eficiencia en los
procesos operativos, evitar superposiciones de funciones, etc., pero en última
instancia ésta debe responder, fuera de razones coyunturales, a un objetivo
fundamental: el fortalecimiento del sistema democrático. Las democracias
modernas se encuentran en un estado de cambio permanente siendo un rasgo
distintivo y común la creciente demanda de participación social.
Se podrá discutir acerca de las políticas que debieran
llevarse a cabo para fortalecer el sistema democrático, pero es posible
convenir que el mismo descansa sobre tres pilares: el rol del Estado, la
participación de la ciudadanía y una economía de mercado que atienda demandas
sociales.
En la medida que se desarrolla y fortalece la democracia, el
Estado se encuentra obligado a cambiar en su accionar, debiéndose ajustar
permanentemente a la evolución de aquélla, resultando que el proceso de reforma
no es una situación estática sino un proceso dinámico que evoluciona junto con
el proceso democrático. Paralelamente, la participación de la ciudadanía tiende
a ser creciente, creándose los mecanismos necesarios para que se materialice.
Tanto el Poder Legislativo como las organizaciones intermedias no
gubernamentales resultan los medios idóneos. El primero porque siendo uno de
los tres poderes del Estado sus integrantes poseen además de la legítima
representación de la ciudadanía, la capacidad de sancionar las leyes y el
control del Ejecutivo; en tanto, los segundos representan grupos de opinión o
interés particulares. Por último, el fortalecimiento de la economía de mercado
y su consecuente creación de riqueza, permitirá una mejor atención por parte
del Estado de las crecientes necesidades sociales de la población.
Hemos señalado que toda reforma conlleva una redefinición
del rol del Estado a la que contribuyen dos criterios. Primero, que el Estado,
refiriéndonos al gobierno central, debe transferir todas aquellas tareas que
puedan realizar otros organismos públicos o privados, u otros niveles del
sector público (provincias o estados y municipios). De esta forma atenderán a
definiciones de política de Estado a través del financiamiento, regulación o
control, dejando que otras organizaciones ejecuten las operaciones. En
particular, al transferir a provincias o estados y municipios, tareas que antes
realizaba el Estado central, se estará acentuando el proceso democrático, dado
que estará acercando las operaciones y servicios a los ciudadanos del
municipio, pudiendo así éstos
participar directamente en la evaluación de los mismos.
El segundo criterio es el del estado de cambio permanente,
un ejemplo cercano: la irrupción de la informática, por la que en general, los
procesos operativos cambiaron y operaciones manuales y engorrosas pasaron a ser
informatizadas ganando en eficiencia, tiempo y utilización de recursos humanos
en tareas de mayor especialización. Lo sucedido en el pasado frente a la
informatización indica que continuará en el futuro. Sobre esta base, en el caso
de la administración de gobierno, debemos entender que tareas u operaciones que
eran válidas en el pasado, no necesariamente lo serán en el presente y menos
aún en el futuro. Por tal motivo, no debiéramos pretender ajustarnos a pautas
permanentes de operación y sí debiéramos evaluar la posibilidad de
modificaciones siguiendo las nuevas tecnologías o conocimientos surgidos. Consecuencia de este proceso de permanente
transformación es entender que los procesos operativos no son fijos, están en
condiciones de ser modificados y que no se debe pensar en términos del pasado.
Por el contrario, debería entenderse
que para todo proceso de reforma el operador debe ubicarse frente al futuro
como si éste fuera el presente dado que el presente ya es pasado. (1)
3. El
Planeamiento Estratégico.
3.1. El
Contexto.
Un Plan de Gobierno responde a necesidades y prioridades
establecidas teniendo en cuenta escenarios futuros construidos sobre el
análisis de variables tanto internas como externas.
El escenario internacional se ha transformado en uno de alta
fluidez en el que las decisiones adoptadas en un país pueden afectar las
condiciones políticas, económicas o financieras de otros países y con mayor
razón aún, dentro de sistemas regionales de integración. En otros casos, las
decisiones adoptadas por los inversores extranjeros podrán ser afectadas por
las condiciones internas de los países receptores afectando su economía real.
En el ámbito interno las variables sociales han pasado a
tener una crítica relevancia dado que las necesidades de la población crecen
paulatinamente y nos encontramos frente a bolsones de pobreza, fuerte desocupación
y necesidades básicas insatisfechas. Una creciente demanda social presiona
sobre una economía que posee bajos índices de crecimiento.
Frente a este panorama el análisis de las variables tanto
internas como externas permitirá la construcción de escenarios posibles ante
los cuales el gobierno deberá diseñar su plan de acción conteniendo las
políticas públicas a desarrollar en cada área. Teniendo en cuenta que el
escenario internacional no es estático, sino dinámico y de alta fluidez, la
evaluación de la situación deberá ser permanente respondiendo al análisis no
sólo de la evolución y seguimiento del cumplimiento de las políticas públicas -
para lo cual resulta imprescindible contar con un adecuado sistema de control
-, sino también de las variables externas que puedan alterar sustancialmente el
escenario internacional. La administración de información estratégica se
transforma así en un elemento indispensable para el proceso de toma de
decisiones gubernamentales.
Es en este contexto en que el decisor político encuentra
restringida su capacidad de decisión atento a que el ámbito internacional
condiciona hoy sus decisiones en determinados aspectos, hecho que no se
evidenciaba décadas atrás y que hoy constituyen referencias obligadas al diseño
e implementación de toda política
pública.
Así, en los aspectos esencialmente políticos no es
concebible un gobierno que no respete un sistema democrático, regido por
autoridades legítimamente constituidas que respeten, a su vez, las
instituciones republicanas y en el que se promueva la transparencia de los
actos de gobierno. Los aspectos económicos de una sociedad no pueden avanzar
sobre la política, situación que, tanto en el pasado como en el presente, se
evidencia en los gobiernos autoritarios. El paradigma en este aspecto es una
economía de mercado que atienda demandas sociales a la que se ha llegado luego
de los ajustes, desregulación, descentralización, privatización y modernización
llevado a cabo durante la década del 90 como consecuencia de la adopción de los
postulados del llamado “Consenso de Washington”. (2)
El resultado ha sido que el decisor político debe hoy
administrar recursos escasos frente a necesidades sociales crecientes. Desde el
análisis social la equidad se ha transformado en el principio rector del diseño
de políticas públicas. También la ecología es hoy un aspecto que debe ser
tenido en cuenta. El principio de la racionalidad resulta el motor de las
decisiones y es reconocido que la necesidad de preservación del medio ambiente
no puede ser encarada aisladamente por un solo Estado sino que debe serlo por
todos los Estados del planeta.
Así, frente al marco restrictivo en las decisiones
políticas, la administración de gobierno necesita cada vez más de equipos
profesionalizados en las materias a administrar, preparados para aceptar y
adoptar nuevas técnicas y repensar procesos. Consecuentemente la volatilidad en
el sistema político resultará de la incapacidad de los decisores en adoptar las
medidas necesarias de gobierno. (3)
3.2. El
Planeamiento Estratégico.
El Planeamiento Estratégico resulta una herramienta adecuada
para el diseño de los planes de gobierno. En principio podemos entender al
Planeamiento Estratégico como "Un esfuerzo disciplinado para producir
decisiones y acciones fundamentales que ajustan y guían respecto de qué es la
organización, qué hace y porqué lo hace" (4). A los fines que perseguimos
en el presente trabajo lo entendemos como "el proceso por el cual los miembros
que guían una organización avizoran el futuro y desarrollan los procedimientos
y operaciones necesarios para lograrlo". (5).
Definir un plan de gobierno siguiendo éstos conceptos
necesitará obligatoriamente de la atención de las variables antes señaladas y
de un análisis pormenorizado tanto de las fortalezas y las debilidades, como
así también de las oportunidades y amenazas de la sociedad ante cada escenario.
El planeamiento estratégico a nivel nacional debiera permitir la definición
incluso de las políticas sectoriales, que deberán implementar cada una de las
organizaciones gubernamentales, permitiendo definir los cursos de acción que
implementarán cada uno de esos departamentos. En dicho plan se definirán no
solo la misión de la jurisdicción u organismo sino también, como a nivel
nacional, las fortalezas y las debilidades y por otro lado, las oportunidades y
amenazas del mismo, estableciendo pautas tanto para el corto como el largo
plazo. (6)
El Plan Estratégico deberá contener tanto los indicadores que
permitan el seguimiento de las acciones planeadas como así también las
responsabilidades y acciones para cada una de las unidades organizacionales o
áreas de la jurisdicción y organismo. El conjunto de indicadores de los
distintos planes de las unidades componentes del sector público nacional deberá
tener un seguimiento que permita evaluar los desvíos y generar cursos de acción
alternativos frente a ellos. Un área de control estratégico diseñada sobre esta
base ofrecerá la ventaja del conocimiento de la situación en la que se
encuentra la ejecución del plan de gobierno.
Por otro lado, en cada organización del sector público, el
Plan Estratégico permitirá la instrumentación del principio de la
responsabilidad del funcionario público que se manifiesta, en última instancia,
en la rendición de cuentas de la gestión, hecho que genera la necesidad de
efectuar la evaluación de la gestión de programas por parte de un organismo
independiente a la unidad operativa de gestión.
Por último, cabe señalar que el Planeamiento Estratégico es
un proceso continuo que se renueva cada año sobre la base de la experiencia
adquirida en años anteriores creando una conciencia estratégica que visualiza
la organización y el Estado en el futuro.
3.3 Ventajas.
Tanto el planeamiento como el control estratégico de
gobierno y el de cada jurisdicción u organismo, son herramientas de conducción
que presentan un conjunto de ventajas. (7)
En efecto, en principio y tal como se expuso
precedentemente, presentan beneficios referidos al contexto externo dado que al
ser éste cambiante, en el que se modifican los escenarios previstos, las
herramientas permiten discernir la información relevante para enfrentar el
nuevo escenario o, previamente, la
posible modificación del escenario, y adoptar así las decisiones necesarias,
favoreciendo una nueva conceptualización de la situación de contexto entendida
por todos los participantes en el proceso. En este último orden de cosas, las
herramientas propuestas proveen a un mayor involucramiento de los actores intervinientes en el proceso
de toma de decisiones dado que permiten llevar a cabo un aprendizaje,
adquisición de conocimiento y mayor comprensión de las situaciones. Ello es
así, atento que cada jurisdicción u organismo es proveedor de información, producto
del control de sus propias variables e indicadores para el control estratégico,
obteniendo los responsables de cada organización una mayor comprensión de la
interrelación de variables y, consecuentemente, de la situación sobre la que se
adoptarán las decisiones.
También resultan evidentes los beneficios con relación al
proceso de toma de decisiones dado que permite su paulatino mejoramiento al
posibilitar la construcción de un conjunto de indicadores e información
coherente, concentrada y relevante para el mismo, distinguiendo la información
necesaria para el control de los planes coyunturales o de corto plazo, de la
necesaria para el control de los planes de largo plazo. Por último, en términos
de decisiones, permite prever o simular la posible contingencia de efectos
futuros no deseados que puedan resultar de decisiones presentes.
Tanto a nivel del conjunto del sector público como de cada
una de las organizaciones que lo componen, las herramientas propuestas originan
beneficios a la organización. En efecto, una de las consecuencias más directas
resulta de distinguir aquellos programas, proyectos u operaciones
interrelacionados que puedan ser tratados conjuntamente, aún perteneciendo a
distintas jurisdicciones, o que tengan un destino geográfico común. Frente a
recursos públicos escasos, permite, por otro lado, direccionar los esfuerzos
financieros hacia aquellos programas que se consideran prioritarios en la
acción de gobierno. Paralelamente, el conjunto de profesionales al frente de la
conducción de las organizaciones gubernamentales perfeccionarán su capacidad de
acción y pensamiento, al llevar a cabo el manejo casi cotidiano de variables e
información estratégica, fortaleciendo el liderazgo de la conducción al
favorecer el esfuerzo común evitando discusiones innecesarias y pérdidas de
tiempo. Finalmente, la organización incrementará la efectividad y eficiencia de
su desempeño frente al contexto cambiante, por un lado, logrando los mismos o
mejores resultados con menos recursos, por el otro.
Por último, es de entender que tanto el planeamiento como el
control estratégico beneficiarán a las comunicaciones y relaciones del sector
público nacional dependiente del Ejecutivo y de cada una de las organizaciones
componentes con un conjunto de actores tanto internos como externos, que son
demandantes de información relacionada con el avance en la implementación de
las políticas públicas, permitiendo una rápida respuesta acerca de las
principales variables indicativas sobre la ejecución de las mismas. La oferta de
información, datos e indicadores que origina el seguimiento de un planeamiento
estratégico permite objetivar las respuestas que satisfagan la demanda. Entre
los actores internos encontramos al Legislativo, los partidos políticos, la
ciudadanía, las organizaciones intermedias, los sindicatos y los medios de
comunicación, entre otros. Entre los actores externos encontramos a los
organismos multilaterales de crédito, inversores, consultores, etc.
4. Evaluación
de programas y el principio de responsabilidad.
4.1. La
evaluación de políticas públicas y ejecución de programas.
Anteriormente nos hemos referido a la necesidad de evaluar
la gestión de cada programa de gobierno. En éste aspecto la tendencia
internacional, especialmente en los países europeos y, particularmente, en
EEUU, demuestra que la evaluación de programas es llevada a cabo por los
organismos de control tanto interno como externo dependientes respectivamente
del Ejecutivo y del Legislativo.
La evaluación llevada a cabo por el órgano de control externo
no es discutida, habida cuenta que al depender del Legislativo la tarea es
llevada a cabo para informarlo teniendo en cuenta su función de control en
representación de la ciudadanía, por un lado, y acentuar la transparencia de
los actos de gobierno por el otro. En el caso del Ejecutivo, la evaluación de
programas se lleva a cabo, en general, no sólo por cuanto se necesita una
evaluación permanente cuyos resultados enriquezcan el proceso de toma de
decisiones, sino también atento a que el Ejecutivo no debiera quedar supeditado
exclusivamente a la evaluación de su accionar por parte del órgano de control
externo. Más aún, la evaluación de programas llevada a cabo por ambos
organismos tiende a definir, con el transcurso del tiempo, criterios comunes de evaluación de gestión,
criterios que por otro lado son incorporados por los operadores en el
seguimiento de su propia administración de programas, creándose de ésta forma
una conciencia de evaluación tanto en los operadores como en los contralores.
(8)
Esta evolución ha sido enriquecida con el aporte de las
investigaciones en ciencias sociales aplicadas que llevan a cabo universidades,
organizaciones no gubernamentales y otros organismos científicos estatales o
privados en aquellos países donde la investigación en ciencias sociales ha
tenido un fuerte impulso y desarrollo, por caso los EEUU. Las publicaciones
derivadas de estas investigaciones son contributivas a la implementación del
concepto de transparencia en la gestión pública, dado que son de dominio público
y fortalecen la existencia de una comunidad comprometida con la evaluación de
programas (burócratas, científicos, ciudadanía), creando un
"conocimiento" que es común y sirve a la formación de profesionales
en administración pública.
Asimismo, la profundización de la evaluación de la gestión
de programas tiende a ubicar en su justa dimensión los aspectos legales de la
gestión. Es conocido el hecho que en muchos países, especialmente los europeos
y aquellos que siguieron la escuela europea, la burocracia se formó básicamente
con profesionales en leyes que visualizaron a éstas perdurables en el tiempo,
resultando así que los aspectos legales tenían primacía y prácticamente
agotaban el control que se ejercía sobre programas y presupuestos. El
desarrollo de la evaluación de programas, que acentúa el enfoque de eficiencia
en la obtención del producto y su impacto en la comunidad, llevó a entender que
los aspectos legales constituyen un capítulo más de la evaluación pero en
absoluto la agotan.
4.2 El principio
de responsabilidad
Anteriormente hemos hecho mención del tema al sostener que
el Plan Estratégico permitirá instrumentar la rendición de cuentas de la
gestión que todo funcionario público debe realizar. Sobre el particular debemos
hacer dos aclaraciones previas.
Primero, que la expresión "funcionario público" se
encuentra relacionada directamente con la función asignada a la persona
independientemente del destinatario de la misma. Teniendo en cuenta que hemos
sostenido que el Estado debe atender a la ciudadanía y demás habitantes, y que
debe existir una participación social creciente, lógico resulta sostener que en
lugar de "funcionario público" debiéramos hablar de "servidor
público" tal como sucede en otros países, en particular los anglosajones.
Segundo, que entendemos la rendición de cuentas dentro del
concepto de "accountability" cuyo primer significado es el de
"responder por la responsabilidad asignada", que origina la
traducción al español de "respondabilidad". En un sentido más amplio,
"accountability" es la relación basada en la obligación de tomar y
demostrar la responsabilidad por el desempeño a la luz de las expectativas
acordadas. (9).
La necesidad de "accountability" se encuentra
directamente relacionada con la de fortalecer la democracia habida cuenta de la
falta de interés y confianza que la ciudadanía posee en el gobierno. El
ejercicio de la "accountability" debe ser hecho tanto por los decisores políticos como por
la sociedad. En éste sentido los miembros del Ejecutivo, así como los primeros
niveles de servidores públicos, deben responder por la responsabilidad asignada
ante la sociedad compuesta por ciudadanos y habitantes que, a través del pago
de impuestos, requieren atención de las demandas sociales y un gobierno al
servicio de la sociedad. El concepto de "accountability" comprende
distintas vertientes dado que se debe evaluar no sólo que la gestión ha sido
realizada dentro de la ley, sino también que los fondos públicos asignados han
sido utilizados eficientemente en el logro de los objetivos y metas previamente
asignados, en el marco de un comportamiento acorde a normas éticas y morales.
(10)
Las aclaraciones resultan necesarias a efectos de ubicar la
"transparencia de la gestión de gobierno" como una consecuencia
directa de las mismas, independientemente de otras medidas de carácter
instrumental que puedan aplicarse. Entre ellas encontramos: a). Publicación en
"Internet" de las licitaciones correspondientes a la adquisición de
bienes y servicios - personales y no personales - y las órdenes de pago
correspondientes, b) Publicidad de la ejecución financiera tanto física como
monetaria, c) Acceso a las declaraciones juradas de los servidores públicos, d)
Acceso a la base de datos que contenga la totalidad del personal dependiente de
los tres poderes del Estado, e) Publicación de cada uno de los préstamos
internacionales obtenidos y su asignación a proyectos, incluyendo el avance en
la utilización del financiamiento y la ejecución del proyecto, entre otras.
Teniendo en cuenta el marco de referencia señalado
precedentemente entendemos que la rendición de cuentas se transforma en una
obligación de todos los decisores políticos y los primeros niveles de
servidores públicos. Esta rendición debe ser efectuada en el Legislativo y ante
las comisiones especializadas, en reuniones en las que puedan participar
representantes de organizaciones no gubernamentales, entre otros.
Para tal fin, ellas podrán contar con el asesoramiento
previo del organismo de control dependiente del Legislativo en cuanto a la
evaluación de la gestión de los programas y la evaluación de los informes
preparados por el organismo, en cuanto éstos representan razonablemente la
gestión. Por otro lado, los miembros del Ejecutivo en su rendición deberán
contar con la opinión previa emitida por el organismo de control del Ejecutivo,
en materia de evaluación de los programas y la gestión.
La rendición de cuentas no sólo deberá atender al estado de
situación del sistema de control interno de cada jurisdicción u organismo, sino
también al cumplimiento de los procedimientos preestablecidos, a los insumos
utilizados en el cumplimiento de los programas y operaciones, como así también
al impacto obtenido en la sociedad y la evaluación de la gestión.
Siguiendo los lineamientos expuestos, la base de evaluación
será el Plan Estratégico de cada jurisdicción u organismo y la rendición
cuentas ante las comisiones especializadas tenderá a obtener: a) un
conocimiento de la gestión de decisores políticos y servidores públicos, b) la
diferenciación de éstos en términos de su desempeño, c) un mayor conocimiento
por parte de legisladores, asesores de los temas relacionados con la gestión
pública y por último, de las complejidades a las que se enfrenta todo aquél que
ejerza una gerencia pública.
Los resultados de la rendición de cuentas que se puedan
obtener a través de su ejercicio estarán directamente relacionados con: a) la
transparencia y publicidad de los actos de gobierno, y b) por la construcción
del consenso acerca de la acción de gobierno y las posibles modificaciones a
implementar. Este consenso se construye sobre la base participativa de los
representantes de la ciudadanía, por un lado, y los decisores políticos y
servidores públicos - gerentes públicos -, por el otro, permitiendo diferenciar
las políticas públicas sobre las que existen acuerdos de aquellos en que
existen desacuerdos. En pocas palabras, construir el consenso y administrar el
disenso, propendiendo a la estabilización de la administración de los negocios
públicos y evitando los vaivenes abruptos, producto de pujas partidarias.
5. La
Auditoría Gubernamental
En esta parte abordaremos aspectos tanto del control interno
como del control externo relacionados con la Reforma del Estado. En particular
nos detendremos en el control interno teniendo en cuenta que, luego de una
rápida mirada a la estructura de control interno en los distintos países de
América Latina en el nivel del Estado Nacional, se observa que existen dos modelos respecto de la Auditoría
Interna Gubernamental. El primero, las ubica dependiendo funcionalmente del
organismo de control interno del Ejecutivo. El segundo, las ubica dependiendo,
funcional y jerárquicamente, del organismo de control externo relacionado
directamente con el Legislativo.
Ambos modelos, si bien diferentes en su forma, poseen un
núcleo común: la Auditoría Interna Gubernamental.
5.1. El
Control Interno y el Plan Estratégico.
No resulta conveniente extendernos respecto a la concepción
del control interno. Al respecto adoptaremos los lineamientos que brinda el
informe del “Committee of Sponsoring Organizations” (COSO), que define las
pautas básicas del control integrado inherente que debe existir en toda
organización. (11)
En ese sentido se define al control interno como un proceso
llevado a cabo por la máxima autoridad, los gerentes y el resto del personal de
una organización, diseñado con el objeto de proporcionar un grado de seguridad
razonable en cuanto al logro de sus objetivos: a) Cumplimiento de la Ley,
entendiendo así a la observancia de la normativa aplicable (leyes, decretos,
reglamentos, estatutos, resoluciones, manuales etc.); b) Preservación del
patrimonio de pérdidas por cualquier causa: error, dolo, fraude u omisión; c)
Ejecución de operaciones eficientes, económicas y eficaces; y d) Generación de
información oportuna, confiable, pertinente y completa.
Al control interno, así concebido, se lo caracteriza
distinguiendo cinco componentes: a) Ambiente de control; b) Evaluación de
riesgos; c) Actividades y procedimientos de control; d) Información y
comunicación; y d) Monitoreo.
La Auditoría Interna Gubernamental (AIG), dentro de esta
concepción, debe operar como sensor del sistema de control interno efectuando
las recomendaciones para su mejor funcionamiento. En este sentido la actividad
que desarrolle la AIG resultará de importancia en la medida que, a través de
las evaluaciones, contribuya al fortalecimiento del concepto de
“accountability”.
En efecto, la fortaleza del sistema de control interno
constituye la base sobre la cual el decisor político y los servidores públicos
podrán llevar a cabo una rendición de cuentas debidamente fundada de la
gestión. Sin la existencia de un adecuado sistema de control interno no se
podrá “proporcionar un grado de seguridad razonable en cuanto al logro de los
objetivos” ni efectuar una razonable evaluación de la gestión de los programas
y operaciones, es decir, de la gestión.
Por otro lado, la AIG con sus evaluaciones, es parte
constitutiva del concepto de “accountability”, dado que a través de sus
informes está respondiendo por la responsabilidad que se le ha conferido. No en
vano se ubica a la AIG dependiendo de la máxima autoridad formando parte de la
organización y de la gestión cuyo control interno monitorea.
Es por demás conocido que la cultura del control interno no
se ha incorporado con la debida fortaleza y consecuentemente la rendición de
cuentas es prácticamente inexistente. La AIG tiene en éste campo una vasta
tarea por desarrollar. En la mayoría de los casos nos encontraremos que,
siguiendo el modelo COSO, tanto el cumplimiento de la Ley como la preservación
del patrimonio son los objetivos de control interno de mayor observancia,
siendo esto una consecuencia de la formación en leyes que han tenido
inicialmente las burocracias.
De la experiencia obtenida a través del ejercicio de las
tareas de auditoría, se observa que la mayoría de las jurisdicciones y
organismos manifiestan falencias sustantivas de control interno que,
paralelamente, imposibilitan de hecho la rendición de cuentas debidamente fundada
de la gestión.
En efecto, dentro de los componentes de menor desarrollo se
encuentran la Evaluación de Riesgos, las Actividades y Procedimientos de
Control y, por último, la Información y Comunicación. Debiéramos señalar, a su
vez, que un análisis pormenorizado de los factores constitutivos del Ambiente
de Control permite concluir que éste no siempre se encuentra debidamente
cumplimentado. Sobre éstos componentes deberá trabajar el auditor colaborando
con la organización para su instalación y perfeccionamiento.
En materia de Evaluación de Riesgos el auditor tiene una
mayor familiaridad con el concepto, en particular al tratarse de evaluación de
riesgos de auditoría, pero en el caso que nos ocupa la metodología del auditor
resulta muy útil para el abordaje de la evaluación de riesgos del negocio que
debe llevar a cabo el operador o gerente. En éste campo el auditor deberá
complementarse con la gerencia pública para que ésta asuma su responsabilidad
en materia, no solo de evaluación, sino en la administración de riesgos.
Entendemos aquí que se trata de un proceso mediante el cual la gerencia pública
toma conocimiento de todos los bienes bajo su custodia y de las amenazas y
debilidades, previsibles o no, que puedan afectarlos e inclusive afectar las
finanzas y la continuidad de los programas, proyectos u operaciones, reduciendo
los riesgos a un mínimo aceptable.
Al referirnos a la administración de riesgos lo hacemos
distinguiéndola del análisis y evaluación de riesgos dado que el primero, de
carácter dinámico y abarcativo de toda la organización, contiene a la segunda
que es de carácter estático y responde más a una determinada metodología y estándares.
Respecto de las Actividades de Control, que entendemos como
los procedimientos establecidos para el cumplimiento de los objetivos
neutralizando y previendo los riesgos, la AIG también se encuentra en
condiciones de efectuar aportes para el mejoramiento de la gestión.
En efecto, de la administración de riesgos y la
identificación particular de éstos se podrá definir cómo enfrentarlos,
obteniéndose de esta forma los objetivos de control que deberán ser compatibles
con los de la organización. El conjunto de los objetivos de control constituirá
la base sobre la cual se determinen pautas de control, definiendo las metas y
objetivos que permitan la asignación de responsabilidades y la delegación de
tareas. A su vez, presenta la ventaja de proveer de un conjunto de criterios de
medición que resultan útiles y necesarios tanto para el gerente público como
para el auditor.
El conjunto de objetivos de control constituirá un Manual
que contendrá los objetivos de mayor relevancia para: a) Cumplir con las leyes,
decretos, reglamentos, normas y procedimientos, y la normativa general; b)
Mejorar la distribución de los fondos públicos asignados en los diferentes
programas, proyectos u operaciones de la organización; c) Mejorar la capacidad
de servicio a los destinatarios
(ciudadanía, habitantes); d) Mejorar el servicio o producto. Este Manual deberá
ser preparado por la gerencia pública y los demás operadores dado que es
responsabilidad de ellos, no sólo administrar la organización en sus distintos
componentes, sino también es su responsabilidad controlar las operaciones, procesos y transacciones que se lleven
a cabo en cumplimiento de los objetivos. En pocas palabras: el que administra,
controla.
De esta forma se pueden incorporar a la gerencia pública los
conceptos de "gerenciamiento por objetivos" y de
"auto-evaluación" de los controles, para lo cual es necesario contar con
las metas de gestión, objetivos y métodos de medición de la eficacia. Los
beneficios resultantes serán: a) la incorporación del control a la
responsabilidad de la línea, dado que es su atributo; b) que la línea piense en
términos de control; c) que existan elementos y pautas que permitan medir el
desempeño y efectuar las correcciones necesarias para alcanzar los objetivos;
d) contar con una fuente permanente de adoctrinamiento en términos de control
para toda la línea operativa incluyendo la gerencia pública; e) reducir la
tarea del auditor, incrementando la calidad de la misma dado que deberá brindar
un valor agregado superior para la mejora continua de los procesos, operaciones
y la evaluación de los programas públicos; f) facilitar el diseño de los planes
de auditoría al transformar los objetivos de control en los de auditoría.
Por último, en materia de control interno debemos
referirnos, brevemente, al componente Información y Comunicación, que
evoluciona rápidamente apoyado en los cambios tecnológicos. Al respecto,
debemos señalar que la AIG se encuentra en condiciones de efectuar aportes
sustantivos más allá de las revisiones de control interno que le correspondan.
En efecto, las normas sobre el particular atenderán en general a sus atributos
- oportuna, apropiada, exacta, actualizada, accesible -, a su representatividad
- de programas, proyectos, operaciones y actividades en los diferentes niveles
de la organización -, y flexibilidad ante los cambios. Sobre esta base la AIG
deberá atender a los fines que persigue la información y los aportes que
efectúe deben dirigirse al continuo
perfeccionamiento de: a) el proceso de toma de decisiones, y b) la rendición de
cuentas fundada de la gestión; aportes que redundarán en la mayor transparencia
de la gestión de la gerencia pública. (12)
La confección del Planeamiento Estratégico por parte de la
conducción de una jurisdicción u organismo público será una tarea del conjunto
directivo del cual forma parte la AIG no debiendo ser excluida de la tarea. Por
el contrario, su inclusión le permitirá tomar conocimiento de: a) del
desarrollo de la confección del plan en las diferentes etapas; b) la
información utilizada para su confección; c) de las discusiones llevadas a
cabo, y participar de ellas; d) de las variables internas y externas tomadas en
cuenta; e) de los cambios que se introducirán en la organización y en los
programas, procesos y operaciones de la organización.
Durante el proceso de confección del plan la AIG podrá no
sólo aportar los conocimientos adquiridos, a través del ejercicio de su tarea,
desde la evaluación del sistema de control interno, sino también aportar los
resultados obtenidos de la evaluación del control interno siguiendo la
metodología de confección del plan estratégico. De esta forma podrá informar de
las debilidades y fortalezas como así también de las oportunidades y amenazas
que posee el control interno en cada uno de los componentes del mismo.
La participación en la confección del Plan le permitirá
llevar a cabo su seguimiento posterior, distinguiendo los desvíos y las
consecuencias que pueden provocar. Ello será posible atento que tendrá dos
herramientas de análisis: a) las mediciones y los indicadores de desempeño, que
surjan del sistema de control interno, y b) los indicadores establecidos en el
Plan para su seguimiento y evaluación. Ambos elementos le permitirán efectuar
un mejor asesoramiento a la conducción con un mayor contenido de valor agregado
en las evaluaciones de la gestión, que permitan concluir sobre la razonabilidad
de la misma con mayor fundamento.
5.2. Rol de la
Auditoría Interna Gubernamental.
Frente a esta tarea, de no poca envergadura, a la AIG se le
presenta un panorama de trabajo que, como mínimo, podríamos calificar de alta
complejidad para el cual deberá adoptar y desarrollar rasgos personales y
operativos particulares.
Tradicionalmente los auditores han hecho de la independencia
de criterio un capital propio de tal importancia que no debiera tener
posibilidad de restricción alguna en su manifestación. Preservar la
independencia de criterio es un objetivo prioritario. Esta visión los llevó a
mantenerse alejados de los auditados, de los programas, procesos y operaciones,
solamente visibles o atendibles durante el período en que se desarrollaba la
auditoría. El auditado veía al auditor como un adversario que se acercaba en el
momento de la auditoría para emitir opinión y recomendaciones muchas veces
alejadas de la realidad o de imposible cumplimiento. Fuera del período de
ejecución de la auditoría, el auditor no participaba de ninguna discusión y
menos aún, de los problemas de los auditados, cualquiera fuese el nivel
jerárquico del mismo. Sus informes, muchas veces largos y tediosos, eran
dejados de lado.
En esta nueva visión, el auditor debe cambiar
sustancialmente su comportamiento, en principio participando activamente con la
línea en general y con los niveles de conducción en particular. Su
participación no debe ser vista, por el auditor, como una restricción a la
independencia de criterio; menos aún como una pérdida de la misma. Para ello
debe cambiar el enfoque de su actuación participando con la línea y la
conducción, no sólo durante el período de la auditoría sino también fuera de
ella.
El cambio lo podrá materializar a través de las reuniones a
las que se lo convoque como así también, a través de las reuniones de trabajo a
las que tendrá que convocar para transmitir sus opiniones objetivas y fundadas.
Esta actitud llevará al auditor a una alianza estratégica de hecho, no sólo con
la conducción, sino también con los diferentes estratos de la línea. De esta
forma la percepción de “adversario”, mutua entre el auditor y el auditado,
tenderá a desaparecer atento que ambos se transformarán en socios de una nueva
concepción de administración y auditoría, y en la que deberá existir un diálogo
abierto sin represalias posibles o probables. Esta sociedad estará estructurada
sobre la base de la tarea de auditoría y la de administración de riesgos,
definición de objetivos de control, la auto-evaluación que deberán hacer los operadores,
la evaluación de los avances en la ejecución del Plan Estratégico y por último,
la evaluación de la gestión de los programas, procesos y operaciones que haga
el auditor.
También deberá cambiar la actitud general del auditor. En el
enfoque tradicional la auditoría lleva a cabo verificaciones sobre hechos
acaecidos en el pasado. Sin perjuicio de ello, el auditor debe operar sobre el
presente y atender el futuro, axioma que es válido también para la conducción y
la línea. Los acontecimientos del pasado sólo sirven como lecciones para el
presente. Operar sobre el presente implica una actitud activa, diferente a la
pasiva de verificación del pasado. Asimismo, el presente es una experiencia
para prevenir hechos similares del futuro, lo que implica una actitud
proactiva, la que tendrá como objetivo adelantarse a los acontecimientos.
Para llevar adelante sus funciones el auditor deberá
desarrollar una fuerte capacidad de liderazgo que se sustentará en el
conocimiento de las nuevas técnicas a
aplicar – para lo cual deberá asumir el estado de permanente aprendizaje y
capacitación -, la capacidad de
transmitir ese conocimiento –docencia en reuniones a las que convoque y
talleres de trabajo en los que participe la línea - y, por último, el compromiso.
En el caso de la AIG se puede observar la necesidad de dos
tipos de compromiso. Por un lado, se encontrará comprometido con la
organización - sus objetivos y metas -, la conducción y la línea operativa. En
el presente no resulta concebible un auditor alejado del conjunto de la
organización, por el contrario debe encontrarse fuertemente involucrado y
comprometido con ella, caso contrario no podrá llevar a cabo la tarea con las
características descriptas anteriormente. En éste caso su compromiso es
funcional a la organización.
Por otro lado, la AIG posee otro tipo de compromiso, de
mayor relevancia dado que se encuentra relacionado con la sociedad en su
conjunto. Este compromiso le es inherente habida cuenta de su carácter de
servidor público que, como cualquier otro,
debe rendir cuentas por la responsabilidad de auditor interno
gubernamental que le ha sido confiada.
La “accountability – respondabilidad” es el núcleo a partir del cual surge
éste nuevo tipo de compromiso. Dado su doble carácter de profesional en auditoría-servidor
público y ciudadano no sólo debe rendir cuentas de su gestión, sino también
deberá procurar que la efectúen los demás servidores públicos integrantes de la
organización a la que pertenece. En éste caso su compromiso trasciende a la
organización al centrarse en la sociedad de la cual forma parte como ciudadano.
Este compromiso dual es el rasgo distintivo de la Auditoría Interna
Gubernamental respecto de las Auditorías Internas en el sector privado, dándole
un sentido de trascendencia a la misma. La falta de adopción de este compromiso
desvirtúa la necesidad de su existencia reduciéndola a una mera expresión
formal.
6. El
Organismo de Control Interno del Ejecutivo.
En esta parte abordaremos algunos aspectos relacionados con
el accionar del organismo que coordine y supervise a las Auditorías Internas
Gubernamentales aclarando, que entendemos que resulta igualmente válido - en
general, exceptuando algunos aspectos operativos - para el caso en que éstas se
encuentren dependiendo del organismo de control externo que responde al
Legislativo (13).
Inicialmente debemos delinear el perfil general del
organismo. Para ello, es necesario si se trata de un organismo de control o de
auditoría. Seguidamente veremos que al organismo se lo puede definir como uno
de control que administra auditorías.
En efecto, tiene como función principal la de ejercer la
auditoría interna del Ejecutivo - dependiendo directamente del mismo -, para
ello el "organismo" sujeto de control es el conjunto del sector
público dependiente del Ejecutivo. En otras palabras, adopta a las distintas
dependencias - jurisdicciones y
organismos - del mismo, como un conjunto único que debe ser controlado. Esto es
así, dado que para cada una de las
jurisdicciones y organismos dependientes del Ejecutivo existe una AIG
constituida a los fines de la auditoría y el control.
Su actuación en el control no debe encontrarse superpuesta
con la tarea de aquellos que realizan auditorías, entendiendo que éstas serán
realizadas por las AIG, - que dependen funcionalmente
del organismo de control del Ejecutivo -, y el organismo de control dependiente
del Legislativo. No resulta conveniente que un mismo departamento del Ejecutivo
reciba en distinto momento, o aún espaciado en el tiempo, al organismo de control
del Ejecutivo, a la AIG que le corresponde y al organismo de control del
Legislativo. De esta forma la "auditoría" se transforma en una carga
para el auditado y no un beneficio, dado que tiene que brindar la misma
información tres veces, en distinto o igual momento. En síntesis, esta
“promiscuidad de control” solo puede ser resuelta, por el organismo del
Ejecutivo, en la medida que ejerza una efectiva administración de las
auditorías que deben realizar las AIG, a las que a su vez supervisa y coordina,
y especialmente si su estrategia se encuentra centrada en el control antes que
en la auditoría. De esta forma resultaría ser un organismo mayorista de control
antes que mayorista de auditoría, a cuyo efecto fue creada la AIG. Bajo esta
estrategia, el control es la función principal y la auditoría es la excepción
que confirma la regla, ejecutándola sólo en circunstancias particulares.
A efectos de definir el perfil funcional del organismo,
utilizaremos el mismo modelo que se siguió respecto de las Auditorías Internas
Gubernamentales es decir, el modelo de control propuesto por el COSO, aplicable
tanto a ellas como al organismo de control del Ejecutivo.
Bajo esta óptica, en materia de “Ambiente de Control” se
deberá llevar a cabo una evaluación periódica de la acción desarrollada por la
conducción de las jurisdicciones y organismos en materia de control interno,
y cómo ésta ha impactado en las
actividades desarrolladas y en los resultados de las mismas. Para efectuar la
evaluación, deberá no sólo basarse en la información y evaluaciones hechas por
las distintas AIG siguiendo los lineamientos que el organismo dicte al efecto,
sino también en evaluaciones propias.
Anteriormente nos hemos referido a la “Evaluación de los
Riesgos”, sosteniendo que de la identificación particular de los riesgos se
pueden obtener los objetivos de control, compatibles con la organización.
Entendiendo que la “organización”, en este caso, es el sector público
dependiente del Ejecutivo, el organismo de control operará sobre los objetivos
de mayor relevancia, de la misma forma que lo hace la AIG en la jurisdicción u
organismo, y fundará la selección sobre los objetivos previamente definidos por
los organismos. De esta forma nos encontraremos con el manual de objetivos de
control de cada organismo y el manual de objetivos de control del sector
público constituido por los principales objetivos de control de cada
jurisdicción u organismo. Esta interrelación, permitirá que el seguimiento de
los objetivos de control preparado por la gerencia pública resulte materia de
seguimiento, no sólo de la AIG sino
también del organismo de control del Ejecutivo.
Consideramos que la “Actividad de Control” resulta la más
importante que debe desarrollar el organismo habida cuenta que tiene la
posibilidad de llevar a cabo un análisis y
evaluación transversal del sector público. En éste sentido, el hecho de
verificar la existencia de los procedimientos necesarios para evitar los
riesgos y cumplir con los objetivos, le permitirá asesorar al Ejecutivo, con
una actitud proactiva, sobre temas en los que ningún otro organismo del Estado
se encuentra en condiciones de hacerlo.
Esta posibilidad hace del organismo de control una experiencia única que, con
el transcurso del tiempo y en la medida que es asumida por sus integrantes, lo
transforma en el depositario del “conocimiento” de las mejores prácticas en
materia de gestión y control público.
Por el contrario, en tanto no asuma su rol dentro del sector
público dependiente del Ejecutivo, perderá su razón de ser y se transformará en
un organismo pasivo, ejecutando el control y la auditoría que le sean asignados
por la máxima autoridad del gobierno nacional.
Entre los diversos temas sobre los cuales se encuentra en
condiciones exclusivas de efectuar,
encontramos los siguientes:
1. Un primer campo de control es el de la estructura del
Estado. Es frecuente que en la administración de gobierno se adopte una
estructura para cada jurisdicción u organismo que posteriormente sufren
modificaciones que aumentan las dependencias originando mayores gastos de
estructura. Si bien estas modificaciones poseen el correspondiente fundamento y
resultan razonables al momento de su creación, es frecuente que no se haya
hecho la evaluación de la posible superposición de funciones, total o parcial, con
otras dependencias de la administración. El organismo de control deberá
analizar y evaluar las situaciones conflictivas formulando las recomendaciones
para la mejor solución de las mismas.
2. Otro campo, es el del personal del sector público. Teniendo
en cuenta que en la práctica no se encuentran integradas las bases de datos
correspondiente a personal de planta permanente financiado con fondos públicos,
con la de personal contratado financiado por préstamos internacionales y
contratado con financiamiento público, resulta que, aprovechando esta
circunstancia nos encontramos con personal que aparece en distintas nóminas
cumpliendo funciones que se superponen entre ellas. Más aún si se analiza
comparando con jurisdicciones ajenas al Ejecutivo.
3. También en el tema de personal la definición de puestos
de trabajo, requisitos de selección, el proceso de selección del personal del
sector público, sistemas de promoción serán materia de análisis y evaluación.
4. Las compras en el sector público es un proceso a
controlar, en este caso teniendo en cuenta dos aspectos. Por un lado, la
existencia de un sistema de información por el cual el organismo de control
posea acceso a la información sobre las diferentes compras y contrataciones de
obras, servicios y de obra pública, en sus diferentes etapas de ejecución. Este
sistema podrá constituir una base de datos de uso del sector público
exclusivamente, o utilizar Internet para una mejor publicidad de las
adquisiciones estatales. Por otra parte, la capacidad que posee el organismo de
control de dirigir el esfuerzo de las AIG a la tarea de la auditoría de gestión
de compras que resulten relevantes por
los montos o productos involucrados.
5. El seguimiento y evaluación de la gestión de proyectos
financiados por préstamos internacionales resulta otro campo de la actividad de
control del organismo.
6. Independientemente de lo expresado, y sin perjuicio de
incluir otras materias a controlar con
una visión de conjunto del sector público nacional dependiente del Ejecutivo,
se deberán incluir temas de informática o, con mayor especificidad, de
tecnología y sistemas, en cuanto a bases de datos que puedan ser utilizadas por
distintos departamentos u organismos del Estado. Es común encontrar que cada
organismo construye una base de datos que requieren insumos comunes, total o
parcialmente, a otros organismos. El esfuerzo se traduce en una utilización de
personal, recursos financieros e informáticos posibles de evitar a través de la
unificación de las bases o la interrelación de las mismas según el caso.
Respecto del sistema de “Información y Comunicación”, el
organismo deberá efectuar las evaluaciones de control interno y de gestión en
materia de sistemas y tecnología de información basada en la efectuada por las AIG, teniendo en cuenta los fines perseguidos por la información y
garantizando razonablemente al Ejecutivo que el proceso de toma de decisiones
se efectúe sobre la base de información que cumpla con los atributos de control
interno. En este orden de cosas, la información necesaria para el seguimiento
del Plan Estratégico de la administración tendrá particular relevancia en esta
evaluación.
Finalmente, respecto del "Monitoreo" o
"Supervisión", el objetivo del organismo se centrará en el accionar
de las AIG. Al respecto, algunas de las acciones que debe desarrollar el
organismo serán: a) efectuar el seguimiento del planeamiento de auditoría
previamente aprobado, b) modificar el
plan en la medida que surjan nuevas necesidades de auditoría, c) asegurar la
calidad de sus informes, d) efectuar el seguimiento del estado de situación en
materia de control interno - seguimiento de las recomendaciones -, e) evaluar
el desempeño de la AIG, f) organizar equipos de trabajo entre el personal de
distintas AIG, especialmente en casos de necesidad de asesoramiento al
Ejecutivo en temas que involucren a distintas jurisdicciones u organismos. Por
otro lado, hará una supervisión de los principales temas de los cuales el
Ejecutivo tenga una particular necesidad de control, como así también deberá
prevenir posibles contingencias futuras.
Fuera de las actividades relacionadas con el modelo de
control adoptado, el organismo de control tendrá otras dos funciones
relevantes, a saber: a) normar el sistema y, b) brindar capacitación y
desarrollo profesional. Respecto de la función normativa deberá normar no sólo
en materia de control interno sino también, en auditoría; tanto en aspectos
generales como particulares. Si bien estas normas constituyen el núcleo sobre
el cual cimentará la función normativa, resultará relevante la definición de
criterios y pautas a utilizar en materia de evaluación de programas, proyectos
y operaciones que permitan efectuar la rendición de cuentas fundada de la
gestión y que deberán tener en cuenta las AIG en su accionar, tarea que
resultará de mayor complejidad en la medida que exista menor experiencia
práctica sobre la materia.
Asimismo, deberá normar acerca de los requisitos necesarios
y la selección del personal de las AIG, la estructura de la misma y el
planeamiento de actividades tanto de auditoría como de evaluación de programas.
La capacitación y el desarrollo profesional constituye otra
función que deberá ejercer el organismo de control del Ejecutivo, liderando el
proceso de perfeccionamiento del conocimiento sobre las materias normadas. En
este sentido su accionar estará dirigido a dos ámbitos. Por un lado el personal
del organismo y el de las AIG en materia de conocimiento de las normas de
control interno y auditoría, y criterios y pautas en materia de evaluación de
programas. En éste ámbito deberá incorporar las nuevas técnicas de control y
auditoría a través de un proceso de capacitación que coloque a los recursos
humanos en condiciones profesionales a nivel internacional. Para ello, y
teniendo en cuenta el proceso de globalización que han seguido universidades y
organizaciones profesionales
especializadas en la materia, deberá relacionarse con similares
extranjeras con el objeto de “internacionalizar” el conocimiento de los
auditores. El funcionamiento del organismo en éste aspecto será el de una
bisagra entre la experiencia extranjera y la práctica interna con el objeto de
llevar a cabo un perfeccionamiento continuo.
Por otro lado, su accionar en materia de capacitación deberá
dirigirse a los “auditados” en todos los niveles, tanto de conducción como de
operación, particularmente en materia de control interno, administración de riesgos, objetivos de
control, “auto-evaluación” y planeamiento estratégico. Este accionar “asistirá”
a las AIG en su tarea de incorporar y sostener la cultura de control interno y
el desarrollo de nuevas técnicas de administración que perfeccionen el proceso
de toma de decisiones sobre bases de una razonable eficiencia y eficacia.
Del perfil funcional del organismo de control del Ejecutivo
presentado surge la pregunta: cómo se relaciona con la AIG y la jurisdicción u
organismo a la que aquélla pertenece? Esta tarea se ejecutará por un lado, a través de los máximos niveles
de autoridad del sector público, y por el otro, a través de Comité de Auditoría
o de Control.
En el primer caso estará en directa relación con las máximas autoridades de las
jurisdicciones u organismos del sector público - en reuniones llevadas al
efecto -, como así también podrá hacerlo con el Ejecutivo a su pedido. En el
segundo caso, a través de la constitución de los Comités de Control compuestos
por representantes del organismo de control, el titular de la AIG y uno de la máxima autoridad de la jurisdicción
u organismo, pudiendo incorporarse representantes de otros organismos acorde a
las necesidades. El Comité de Control tendrá entre sus funciones no sólo el
seguimiento del planeamiento de la auditoría, la discusión de los informes y
tratamiento de sus recomendaciones, sino también el de los principales problemas
de control y de ejecución de programas, proyectos y operaciones del organismo
auditado, como así también de los principales problemas
surgidos del seguimiento del plan estratégico del organismo y de los desvíos
significativos que se hayan producido.
Teniendo en cuenta lo señalado hasta el presente, el
organismo de control del Ejecutivo deberá constituirse con personal altamente
capacitado y especializado, dedicado al análisis y evaluación antes que a la
auditoría, en un proceso permanente de especialización, que permita avizorar
contingencias futuras.
7. Conclusión.
Entendiendo que la Reforma del Estado es un proceso que
tiene continuidad a través de los años y es de carácter sociológico, hemos
presentado al Planeamiento Estratégico como una herramienta indispensable para
llevarla a cabo. Asimismo, hemos sostenido la necesidad concomitante de
instalación de la cultura de control interno y del perfeccionamiento de su
sistema, andamiaje sobre el cual la confección y control del Planeamiento
Estratégico adquiere un mayor grado de confiabilidad. Así, el Planeamiento
Estratégico, por un lado, y el Control Interno, por el otro, y la relación
entre ambos, se transforman en los pilares sobre los cuales descansa una
reforma.
La utilización del Planeamiento Estratégico a nivel de
gobierno central permitirá la definición de las políticas públicas en
cumplimiento de las cuales las distintas jurisdicciones diseñarán su propio
plan, como así también, lo harán los distintos organismos. De esta forma, es
posible entender que la confección de planes estratégicos para cada uno de los
componentes del sector público dependiente del Ejecutivo contiene tres niveles:
a) El estratégico, a nivel del Ejecutivo y cuyo contenido implica el mandato,
en última instancia, la conducción de gobierno. b) El táctico, a nivel de las
jurisdicciones integrantes del Ejecutivo, cuyo contenido estará referido a los
lineamientos que se seguirán para el cumplimiento de las políticas públicas
establecidas por la conducción de gobierno, y c) El operacional, a nivel de
organismos y demás dependencias de las jurisdicciones en las que el rasgo
distintivo son los procedimientos operativos.
Lo expresado nos lleva a sostener que un sistema de
planificación estratégica contendrá, para cada uno de los niveles antes
señalados: a) En el nivel estratégico, el para qué de las políticas públicas,
b) en el nivel táctico, el qué hacer para poder cumplirlas, y c) en el nivel
operacional, el cómo hacer para lograr los objetivos.
La necesidad de instalar y mantener la cultura de control
interno y de utilizar el Planeamiento Estratégico como herramienta de un
sistema de planificación que involucre tanto a decisores políticos como a
servidores públicos con capacidad de decisión - gerencia pública -, torna de
crítica importancia el desempeño de la Auditoría Gubernamental, en general y de
la Auditoría Interna Gubernamental, en particular.
En efecto, con una actitud participativa en la jurisdicción
u organismo que audite, tanto con la conducción como con la línea; proactiva,
con el objeto de adelantarse a los acontecimientos futuros; con una fuerte
capacidad de liderazgo, sustentada en el conocimiento de las nuevas técnicas a
aplicar, la habilidad de transmitir ese conocimiento y, por último, con un
compromiso tanto con la organización como con la sociedad a la que pertenece,
la Auditoría Interna Gubernamental (AIG) tiene un espacio de desarrollo
profesional y personal que trasciende a la organización y a la comunidad. Esta
actitud que transforma su accionar, de un mero auditor a un agente de cambio
que debe motorizar el perfeccionamiento continuo de los procedimientos y de la
ejecución de los programas, proyectos y operaciones públicas. De esta forma,
las AIG del sector público dependiente del Ejecutivo, se transforman en poleas
de una reforma de proceso continuo.
Por último, la "capstone" - palabra inglesa que
significa "piedra final del edificio" -, es el organismo de control
del Ejecutivo. Este organismo de control que administra las auditorías que
ejecutan las AIG, a las que supervisa y coordina, es en sí mismo una
experiencia única dentro del sector público resulta ser, a través del tiempo,
el depositario del "conocimiento" de las mejores prácticas de control
y auditoría.
El edificio construido en base a un sistema de planificación
y control estratégico, un sistema de control interno con un rol destacado de la
actuación de las AIG y, por último, un organismo de control dependiente del
Ejecutivo, permitirá albergar el centro de perfeccionamiento de los negocios
públicos y del proceso continuo de Reforma del Estado.
Este edificio sólo tendrá sentido si y sólo si, es construido de cara a la plaza de la República (la
tan mentada "cosa pública") que contenga a la democracia
participativa, atendiendo a la creciente demanda de participación social que
necesita ser satisfecha. Para ello, el núcleo de atención deberá centrarse en
el principio de responsabilidad que obliga a todos los miembros del Ejecutivo,
como así también, los primeros niveles de servidores públicos, a rendir cuentas
fundadas de la gestión. La implementación de la
"accountability-respondabilidad" ante comisiones especializadas del
Legislativo - que posee la legítima representación de la ciudadanía -, resulta
ser el medio más idóneo, no sólo para llevarla a cabo, sino también para
construir el consenso acerca de la administración de los negocios públicos. En
este orden de cosas, el ejercicio de la evaluación de gestión de programas,
proyectos y operaciones que conforman la gestión pública, conduce a la
instauración de la rendición de cuentas. La trascendencia que adquiere esta
construcción redundará directamente en el fortalecimiento de la democracia en
su permanente proceso de cambio.
De lo contrario, la construcción del edificio de espaldas a
la democracia perderá sentido y resultará en un monumento a otro fracaso.
Referencias.
1.
Abad, Alberto R.; “La
Segunda Reforma del Estado a nivel nacional”, exposición en el X Seminario de
Presupuesto Público, Paraná, Entre Ríos, República Argentina, llevado a cabo entre
los días 11 y 14 de junio de 1996. En Asociación argentina de Presupuesto
Público, ASAP, Seminario Paraná, Junio 1996, pág.: 99.
2.
Ver Bresser Pereira,
Luis Carlos; “La Crisis de América Latina. ¿Consenso de Washington o Crisis
Fiscal?”, en Pensamiento Iberoamericano, Revista de Economía Política, N° 19,
“La Encrucijada de los Noventa - América Latina”, Enero-Junio 1991, Madrid,
págs.: 13-35.
3. Gambarotta, Héctor.; “El
Escenario Internacional”, Conferencia realizada el 9-6-94, en “Políticas
Públicas”, ciclo “Argentina ante el desafío de la competitividad”, Marzo 1995,
págs. 35-40.
4. Bryson, John
M., “Strategic Planning for Public and Nonprofit Organizations”, Jossey-Bass
Publishers, San Francisco, EEUU, 1995, pág.: X.
5. Goodstein,
Leonard; Nolan, Timothy; Pfeiffer, J. William; “Applied Strategic Planning”,
McGraw Hill Inc., EEUU, 1993, pág.: 3.
6.
Sobre los aspectos que se deben tener en cuenta
para la confección de un Plan Estratégico (Misión, Oportunidades, Amenazas, Fortalezas
y Debilidades) ver Bryson, John M., op. cit.
7. Bryson, John
M., idem; y también ver: Bryson, John, M. y Alston, Farnum; “Creating and
implementing your Strategic Plan “, Jossey-Bass Inc. Publishers, San Francisco,
EEUU, 1996.
8.
Derlien, Hans-Ulrich; “Genesis nd Structure of Evaluation Efforts in
Comparative Perspective”, en Rist, Ray C.; (Editor), “program Evaluation and
the Management of Government”, Transaction Publishers, New Brunswick, EEUU,
1999, págs. 147-175.
9.
Oficina del Auditor
General de Ganadá y Secretaría del departamento del Tesoro de Canadá;
“Modernizing Accountability practices in the Public Sector”, Borrador de
Discusión, 6-1-98.
10. Wolf, Adam;
“Accountability in Public Administration: Reconciling Democracy, Efficiency and
Ethics”, conferencia en “First Specialized International Conference”,
Sunningdale (United Kingdom), 12-15 July 1999, organizado por el International
Institute of Administrative Sciences. Copia.
11. Los Nuevos Conceptos del Control Interno (Informe COSO),
Coopers & Lybrand e Instituto de Auditores Internos de España. Ediciones
Díaz de Santos, S. A., Madrid, 1997. Traducción de: Internal Control Integrated Framework,
Commitee of Sponsoring Organizations of the Treadway Commission, con la
autorización de American Institute of Certified Public Accountants, Inc. New
York, N.Y.
12. Ver “Normas de Información y Comunicación” en “Normas
Generales de Control Interno”, Sindicatura General de la Nación, República
Argentina, Buenos Aires, Agosto de 1998, págs.: 81 a 95.
13. Ver: Agustini, Héctor: “Fundamentos del nuevo modelo de
Control Interno en Argentina”, III Encuentro Nacional de Control Interno,
Manizales, Colombia, 12 al 14 de noviembre de 1997, pág.:57 y siguientes en las
que el autor presenta la necesidad de cambiar la óptica operativa de un
organismo de control interno dependiente del Ejecutivo, en este caso de la
Sindicatura General de la Nación de la República Argentina.
El
autor agradece los comentarios críticos de la Lic. María Ester García, como así
también sus consejos para una mejor exposición. Al Lic. Juan de Dios Bel por
sus reflexiones sobre el contenido y a los profesionales de SIGEN, que sin
saberlo, a través de reuniones técnicas, contribuyeron con su experiencia al
presente trabajo, entre ellos los aportes de la Lic. Lía Gens. Por último,
agradece la colaboración de Rosa García y Marian Casaux en la lucha cotidiana
contra el anárquico e irreverente procesador de textos.
Los
defectos de forma y fondo son patrimonio exclusivo del autor.
El Autor.
El Lic. Carlos D. Zarlenga se desempeña en la Sindicatura de la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba, Provincia de Córdoba. Anteriormente se desempeñó en la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) de la República Argentina. Es Vicepresidente 2° del Instituto de Auditores Internos de Argentina y Vicepresidente 1° de la Asociación de Profesionales de Control de la República Argentina. Ha sido Vicepresidente de la 60ª. Conferencia internacional de Auditoría Interna, Buenos Aires Sheraton Hotel & Convention Center, 24 al 27 de junio de 2001, organizada junto a The Institute of Internal Auditors de Estados Unidos de Norteamérica.